Solange hace del Guggenheim un templo para las mujeres de color

El performance de la artista, titulado An Ode To, fue una sorprendente extensión visual de su álbum, A Seat at the Table.

Etiquetas:

En las ceremonias suelen formarse círculos para invocar algo sagrado. En diversas religiones y culturas, los participantes se visten de blanco y evitan todo ornamento prescindible. Los zapatos, si no son necesarios, pueden quitarse para alcanzar algo cercano a la pureza.

Solange lo sabe. Y también sabe que A Seat at the Table, el magnífico álbum que lanzó en septiembre pasado, tiene propiedades curativas para quienes lo escuchan, especialmente las mujeres de color. Así que un jueves soleado dirigió un par de performances ceremoniales titulados An Ode To (para la no tan sagrada Academia de Música Red Bull) en el Museo Guggenheim de la ciudad de Nueva York. Éstos constituyeron un revelador tributo a las complejidades de las mujeres de color, en un espacio que generalmente no celebra este tipo de cosas.

Antes del espectáculo, los invitados —que incluían artistas como Björk, Zoë Kravitz, Questlove, y Kelela— se sometieron a las reglas de la ceremonia de Solange: usar ropa blanca y dejar los celulares y las cámaras en la entrada. Se prepararon para sentarse en el piso de la planta baja, o bien quedarse de pie alrededor del atrio circular del Guggenheim, y esperar la llegada de la sacerdotisa. Primero pasó la banda de música, ataviada de amarillo, color vino y arena, y permaneció descalza en una plataforma totalmente blanca con un escultural fondo blanco circular. (En performances anteriores, el fondo de Solange había sido rojo, invocando un sangriento eclipse lunar).

Después surgió una procesión leonina. Las bailarinas de color, vestidas de blanco, llegaron descalzas, caminando alrededor del atrio circular del Guggenheim. Solange se encontraba entre ellas, con un traje de dos piezas color camello. Durante la dramática llegada se aprovechó a la perfección el famoso diseño del recinto, lo que permitió que los invitados se acomodaran en el círculo lleno de simbolismo deseado por Solange. De este modo, el museo se convirtió en un “templo del espíritu”, como fue concebido por Frank Lloyd Wright.

El performance —que comenzó con “Rise”, de carácter introspectivo—, presentó A Seat at the Table de manera casi cronológica, acompañado de una coreografía, disciplina que ha interesado a Solange desde hace años. Junto a cada canción se presentó un arreglo coreográfico: el surgimiento de una mano, el lento estiramiento de un brazo o el doblarse de un torso cada vez más rápido, al ritmo de los tambores, mientras el cabello de Solange se batía en el aire como si fuera un arma. El video del performance “Rise/Weary”, que transmitió The Tonight Show, resulta muy ilustrativo.

El performance fue un flujo de voces y danza pautado por la música de la banda en vivo. “Cranes in the Sky”, la melodía que le valió a Solange su primer Grammy, fue una de las favoritas de los asistentes y terminó con una nota de la artista al estilo de Mariah Carey. Aunque Solange suele ser una cantante de tono medio, puede alcanzar tonos muy altos.

El momento más álgido ocurrió cuando representaron visualmente una catarsis. Durante la ejecución de “Mad” —una canción que exhorta a la gente de color a expresar su ira—, Solange acomodó a las cantantes y a la banda en una línea, y en el coro fueron gritando por turnos, lo que significó una interpretación literal y liberadora del mensaje de la canción.

Durante “F.U.B.U.” (siglas de for us, by us), Solange se metió entre la multitud y le cantó a la cara a algunos asistentes de color con un propósito determinado, pues la canción es una proclamación del derecho a la propiedad de la raza negra. En la letra se menciona repetidamente: “Esto es para nosotros”.

En un momento dado, casi una docena de músicos aparecieron sorpresivamente tocando el corno en diferentes niveles del Guggenheim, lo que añadió un tono grave al ambiente. Existen muy pocos artistas contemporáneos, si los hay, con una capacidad semejante para emplear los instrumentos de viento metal como Solange. Los cornos se usan en A Seat at the Table para añadir una intención de poder, como explicó alguna vez. También son un homenaje a Nueva Orleans, la ciudad donde vive, a la cual también se le rindió tributo cuando una serie de bailarines marcharon alrededor del Guggenheim al ritmo de “Don’t Touch my Hair” seguida de una sección de este instrumento. El resultado fue una fila posterior holística, una especie de desfile al estilo Nuevo Orleans que seguía a los artistas del frente. Después, los bailarines se dividieron en dos filas en la planta baja y ejecutaron una coreografía siguiendo el estrepitoso sonido de los cornos.

Ocasionalmente, Solange abandonaba la coreografía y bailaba libremente, pasando frente a los guardias de seguridad o arrojándose al piso en un efusivo arranque de rock ‘n’ roll. La presentación de A Seat at the Table fue una verdadera obra de arte, una pieza musical que debe ser tanto vista como escuchada. “An Ode to” fue una pieza introspectiva, una extensión de los medios visuales que Solange creó con videos musicales anteriores. “Lo escribí con sus rostros en mente” expresó ante la audiencia, admitiendo que tan sólo dos días antes el ensayo del espectáculo había sido un desastre.

A pesar de su aprecio hacia el Guggenheim, Solange criticó la historia de ese tipo de museos: “No me importan mucho las instituciones”. Sin embargo, las utiliza para mostrar lo que puede ocurrir cuando las mujeres negras están totalmente al mando de los espacios artísticos. Después se refirió a sus tuits del día anterior, los cuales exhortaban a las mujeres de color a asistir a los lugares históricamente exclusivos y “tirar sus malditas paredes”.

En espacios como éstos sólo se permite la participación ocasional de las mujeres de color y se espera que estén agradecidas porque se les conceda una participación mínima. “An Ode to” destruyó esta expectativa y creó un espacio ceremonial en el que las mujeres de color semejaban deidades. “La inclusión no es suficiente”, declaró Solange más tarde. “Las concesiones no son suficientes. Nosotras pertenecemos aquí. Nosotros construimos esto”.

*Texto originalmente publicado en Vanity Fair U.S.