Salto al futuro

Abordamos con los autores del mañana, NORMAN FOSTER y FERNANDO ROMERO los falsos mitos de la arquitectura mexicana y la creación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

En cuanto Fernando Romero aparece en sus oficinas lo hace como un torbellino. En un minuto da instrucciones, supervisa los detalles de las fotos y ultima citas de su agenda. “Él es un rey, así que debe permanecer sentado”, bromea Fernando Romero cuando se acerca a nuestro fotógrafo. Es la única condición que parece dar para anticiparse a la llegada de lord Norman Foster. “Viene, se para aquí, posamos y lo tienes cinco minutos a él solo. Aún nos falta un coctel”, advierte. En menos de 24 horas y a sus 81 años, Foster, el responsable de elevar a poesía monumental la arquitectura high-tech, cumple con una agenda de vértigo: ha desembarcado de Nueva York, se ha encontrado con el presidente de México y gran parte de su gabinete y, junto con Romero, ha recorrido (sin presencia de medios) los terrenos donde se ubicará el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM).

Llevan casi dos años sumergidos en un intercambio de comunicación desde que participaron en el concurso para el desarrollo de la nueva sede aeroportuaria. Deambulan entre Nueva York, Madrid y México. “Somos muy móviles”, dice Foster. En dos años, la dupla ha generado cerca de 10,000 planos. “El documento más grande de este país en la historia de la arquitectura”, añade Romero. La obra lo requiere. Desde que el presidente Enrique Peña Nieto anunció los planes oficialmente en 2014, la avalancha mediática no se ha detenido. Ha sido monumental en todos los sentidos: será el primero fuera de Europa con una huella ambiental neutra, cuadriplicará la capacidad del actual aeropuerto y, según el Segundo Informe de Gobierno de la administración actual, requerirá una inversión cercana a los 120,000 millones de pesos. La primera fase del proyecto (2020-2030) contará con un Edificio Terminal y tres pistas de operación simultánea, que atenderán a cerca de 68 millones de pasajeros al año. En su etapa de máximo desarrollo, tendrá dos Edificios Terminales y seis pistas que darán servicio a 125 millones de viajeros al año. Eso sin considerar las robustas cifras de empleos que generará. “Es el aeropuerto en construcción más grande después del de Estambul. No los hay de esta escala en Estados Unidos”, añade Romero.

Para Foster, la magnificencia rebasa los alcances utilitarios: la obra implica una personalidad artística, un entramado “poético y espiritual” que apela a una experiencia sensorial. “El hecho de que estemos creando espacios que se relacionan con el movimiento es con el fin de levantar el espíritu. Intentamos que sea progresivo, desde que llegas a la terminal hasta que te subes en una aeronave”. Foster, el genio que guarda un Pritzker y un Príncipe de Asturias de las Artes, es capaz de imaginar la ampliación (y creación) de aeropuertos (Hong Kong, Kuwait) y construir y extender museos (Joslyn Art Museum, en Omaha, Nebraska; Gran Patio del Museo Británico y Museo Imperial de la Guerra, ambos en Londres; y, recientemente, el rediseño del Museo del Prado, en Madrid, cuya expansión se anunció en noviembre del año pasado). En todas se manifiesta su maestría de la arquitectura de alta tecnología y la sustentabilidad. Esta última es parte fundamental de la génesis del próximo aeropuerto, que Foster describe como un ser vivo que se mantiene vital gracias a 21 megacolumnas, las cuales no solo sostendrán “una gran membrana”, sino que captarán y filtrarán el agua de lluvia con el propósito de ser reutilizada en los servicios del inmueble. “Lo realmente interesante es que esas columnas también moverán agua y aire para que el edificio respire, atraparán luz y sostendrán una piel continua que sustituye el techo y paredes convencionales. Es una superficie para los usuarios: debe ser una gran experiencia, un espacio similar a una catedral, extenso, generoso, lleno de luz y con facilidad de movimiento”.

*Lee el artículo completo en nuestra edición impresa de mayo 2017.