Mis tres días con David Lynch

Hace dos años acompañé a David Lynch en Madrid. Lo llevé al Prado y a un instituto de Coslada. Y desde entonces no veía nada claro eso de volver a hacer "Twin Peaks".

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A lo largo de mi carrera como ayudante de dirección me ha tocado trabajar con directores muy neuróticos, así que cuando acepté trabajar en la producción del festival que trajo a David Lynch a Madrid en 2013 estaba preparado para cualquier cosa.

Poco después estaba en una concesionaria recogiendo un coche que me iba a servir para conducir a uno de los principales inspiradores de mi vocación profesional a lo largo de su estancia en la ciudad, invitado por el festival Rizoma. Fue en ese espacio reducido, aislado del ruido del tráfico madrileño, donde pude conocer su faceta más espiritual. Su visita tenía como objeto su constante divulgación de las virtudes de la Meditación Trascendental (MT), que lleva 30 años practicando.

La imagen de Lynch dando zancadas por los pasillos de un instituto de Coslada, entre murales de cartulina roja con la tabla periódica y rodeado de jóvenes en pants, fue antológica. En una pizarra blanca le habían escrito: “Welcome to our school, Mr. Lynch”.

Recuerdo su llegada a contraluz, tras bajarse de un jet privado procedente de Roma en la terminal ejecutiva de Barajas. Apareció un hombre bastante grande y no me sorprendió verle con el traje negro y la camisa blanca de siempre. Cuando camina tiene ese movimiento típico de un hombre grandote. No gordo, grandote. Es enorme y tiene los ojos muy azules. Sobre su flequillo, inspirado en La Ola de Hokusai, se ha escrito tanto que no tiene sentido que yo diga nada.

David (así se le llama, nada de Mr. Lynch) no recordaba si había estado antes en Madrid. Tenía un ligero recuerdo de que sí, pero tampoco quiso darle muchas vueltas al asunto. Estaba de buen humor y por alguna razón la conversación llegó a algo relacionado con los extraterrestres. Gabriela Martí, directora del festival, le preguntó si estaba interesado en el espacio exterior. Se rió y dijo afable y educadamente: “Nop, I´m just interested in Inner Space". ("No, solo estoy interesado en el interior”). Sus frases son meditadas, certeras. Cualquiera diría que tiene vocación de ser entrecomillado, pero escucharle es descubrir que él no se da la importancia que le damos el resto.

En el trayecto rumbo al hotel Urban le llamó la atención la fachada roja de la Iglesia de las Calatravas. A su llegada le esperaban los representantes en España de la David Lynch Foundation, dedicada al estudio y divulgación de la MT. Uno se los imagina con pinta de santurrones y envueltos en túnicas naranjas, pero la realidad es que tienen pinta de profesores o ajedrecistas. Se dieron unos abrazos, se entregaron flores y se retiraron.

La idea es que David saliera a la rueda de prensa después de que lo presentaran, así que me metí con él hasta la cocina del hotel y esperamos unos minutos hasta que llegara el momento. Usa muy buen calzado y calcetines gruesos. Uno no puede evitar pensar en una madre que le dio la educación durante décadas para que así fuera.

Ahí fue la primera vez que le preguntaron si habría nuevas entregas de Twin Peaks. Y por primera vez, y fueron muchas a lo largo del viaje, confesó que no lo veía claro. Que la consideraba cerrada y que se sentía alejado del proyecto.

Lynch está a otras cosas. Después de Madrid se iba a París a supervisar una edición limitada de unas litografías y a echar un vistazo a Silencio, el club que diseñó. Confesó estar alejado del cine y no digamos de lo pesado de un rodaje. Ahora mismo está absolutamente ilusionado con su proyecto de difundir la MT por el mundo.

También estaba muy interesado en ir al Museo del Prado. Quería contemplar El jardín de las Delicias de cerca. Le recuerdo caminando a grandes zancadas a través de un grupo de escolares mirando el celular. Se paró durante el cuadro un largo rato, mirándolo de cerca. Al girarse, su expresión era de quien ha disfrutado cada milímetro del lienzo. Preguntó si teníamos algo de tiempo libre y le sugerí visitar las pinturas negras de Goya. Jamás lo olvidaré, náufrago en su traje negro, los brazos colgando, rodeado de Saturnos enloquecidos y de españoles matándose a garrotazos.

Comió con muy buen apetito en La Fábrica, rodeado de cineastas como Nacho Vigalondo, Javier Fesser, Carlos Vermut o Rodrigo Cortés, con la expresión del tío abuelo llegado de América que visita a los nietos. Luego se retiró. A ninguno de los presentes le hubiera importado ir a arroparlo.

Se nos unió Luis Miñarro de camino al Reina Sofía. Era uno de los grandes actos de su visita: la masterclass destinada a promover la MT. Se habían abarrotado dos auditorios y en uno de ellos sólo le verían en pantallas. Decidió pasar a saludarles primero y luego esperó su turno. Y salió. Y habló durante largos minutos del proceso de formación de las ideas.

La primera pregunta del público fue maravillosa: "Do you believe in magic?". Tener a Lynch delante y preguntarle eso. Pedro Almodóvar también le hizo una pregunta, pero no era tan bella. Y luego se saludaron y Pedro le besó la mano.

Pero no todo iban a ser encuentros con colegas del cine y del arte. Una profesora de un instituto de Coslada le invitó a que fuera a conocer a sus alumnos. Lynch dijo que sí, que le encantaría, y me pareció que lo dijo tan en serio que subí por las gradas hasta pedirle el teléfono.

Ya por la noche se le honraba a él y a su universo creativo con una cena en el Ramsés que incluía modelos en lencería portando cirios, un cuarto rojo donde una chica le servía vino mientras leía lánguidamente “El Decamerón”, otro cuarto con un sillón tipo Luis XIV, pero tapizado a lo loco, David Delfín, Rossy de Palma... Imposible de resumir.

Se le veía feliz presidiendo la mesa y escapándose a fumar siempre que podía. En una de esas, David Martín de los Santos aprovechó a grabar una parte del documental que le quedaba pendiente. Él hizo la claqueta con la mano y yo me guardo para siempre el haberle dado la acción.

Si quiere leer más sobre este interesante encuentro, sólo debe entrar aquí para no perderse esta historia.

*Julen Robles es cineasta en general y ayudante de dirección en particular. Actualmente trabaja en diferentes proyectos en varios niveles de desarrollo y pasea todo lo que puede.