¿Qué pudo ocurrir en la cabeza del piloto del Airbus 320?

La neurociencia despeja esas incógnitas y sus hipótesis son más piadosas de lo que pudiera parecer.

El vuelo cubría la ruta Barcelona-Dusseldorf. Estaba operado por la compañía low cost Germanwings, propiedad de Lufthansa. Se estrelló en los Alpes sin dejar sobrevivientes. A bordo viajaban 150 personas.

Hoy todos los indicios apuntan a que Andreas Lubitz, el copiloto del Airbus A320, estrelló el avión de Germanwings voluntariamente. Tenía 28 años y, de confirmarse las teorías, pasará a la historia como el hombre que arrebató la vida a 150 personas.
 
Trabajaba para Germanwings desde septiembre de 2013. Acumulaba 630 horas de vuelo. Había nacido en Montabaur (Renania-Palatinado) y vivía entre Dusseldorf y su pueblo natal, donde se alojaba en casa de sus padres.

En estos momentos casi avergüenza no pensar en él como en un loco inválido para la empatía. Pero si fuésemos capaces de reenfocar el objetivo podríamos sacar algunas hipótesis sobre qué pasó por su mente para dar al botón de descenso.

Hasta ahora, psicólogos y psiquiatras categorizaban como fruto de la enfermedad mental las conductas alejadas de lo que entendemos por "normales", en particular las agresivas. Pero los avances neurocientíficos proponen superar la idea de enfermedad y hablar de “bloqueos emocionales”. Y según los expertos, algo que suena tan familiar, incluso menor, como un bloqueo emocional estaría detrás de este terrible acontecimiento.

La Doctora Carme Timoneda es experta en procesos cognitivos, emocionales, neurología y aprendizaje de la Universitat de Girona, España. Cuando le preguntamos si Andreas Lubitz estaba loco contesta, rotunda, que no.

“Evidentemente lo que ha hecho es aberrante y no tiene sentido común. Pero la locura es una expresión demasiado superficial. Lo que sabemos a través de la neurociencia es que cuando una persona está bajo las órdenes del cerebro emocional más primario, se produce lo que llamamos un bloqueo o secuestro de la racionalidad que nos incapacita para pensar en las consecuencias de nuestros actos. Estamos ante una mente absolutamente dominada por una serie de emociones primarias y casi podríamos decir que salvajes, y de origen eminentemente emocional”, afirma.

¿Quiere saber qué pudo pasar por la mente del copiloto y si percibió Andreas lo que estaba pasando? Continúe leyendo la nota aquí.