Son modelos, diseñadoras, empresarias, pero ante todo ‘it girls’.

Las nuevas prescriptoras de moda son las hijas de la aristocracia europea, que ya casi superan en popularidad a sus progenitores.

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En el Carrousel du Louvre de París, la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada presenta el Desfile de las Flores, todo fabricado a base de flores naturales que hay que regar constantemente. Una niña de ocho años es la encargada de guiar una maceta teledirigida por el escenario mientras un vestido-regadera la persigue. Es 1998 y la niña se llama Cósima Ramírez (Madrid, 1990), hija del editor Pedro J.
Ramírez y
de la creadora con más color de la pasarela nacional.

Hoy, esa niña capitanea la nueva generación de it girls, de descendientes prometedoras que amenazan con destronar el protagonismo de sus padres. “De pequeña me encantaba impresionar a mis compañeros con el hecho de que mi padre era el director del mundo, ¡pero del mundo mundial! Aunque la verdad es que no fui muy consciente de que mi familia era conocida hasta muy tarde, pues me crié en el exilio —estudió nueve años interna en un colegio en Inglaterra—”, dice. Como muchas adolescentes, Cósima pasó por una etapa en la que solo vestía de negro, en su caso un verdadero acto de rebeldía. “Estaba tratando de negar lo inevitable”, reconoce con humor.

En un ambiente igual de estimulante creció la italiana Madina Visconti di Modrone (Milán, 1991), hija del galerista Giangaleazzo Visconti di Modrone y la diseñadora de joyas Ossana Visconti. Si tu infancia ha transcurrido en una mansión milanesa rodeada de obras de Anish Kapoor o Jeff Koons es muy probable que estés abocada a un destino artístico: Madina acaba de fundar su propia marca de joyería tras estudiar diseño en Milán y Londres. “La primera joya que me regalaron fue mi inicial en plata, con 12 años. Mi madre me animaba a hacerme un piercing, pero yo le contestaba: ‘¡Si ya tengo el pelo teñido de azul!”.

El estilo de Cósima y Madina es muy diferente. Ni siquiera se conocen. Pero tienen en común estar bajo el paraguas de una categoría, la de las it girls. Sus looks son aspiracionales, tienen miles de seguidores en las redes sociales, las marcas las reclaman como imagen y su mayor credencial es su estilo de vida. Frente a la distancia y hieratismo que imponen las modelos profesionales, vemos cómo a las it girls les rompen el corazón, que no siempre llevan el pelo perfecto y a veces no saben qué ponerse. Es fácil identificarse con ellas y los estrategas del marketing lo saben. Su verdadera profesión es la de resultar creíbles mientras potencian ese je ne sais quoi que las convierte en un imán y cuyo secreto pocos pueden descifrar.

 

“Si tuviera que vender algo elegiría antes a una it girl que a una modelo. Su personalidad es más poderosa porque ya no existen las tops carismáticas de los ochenta”, reconoce la DJ Scilla Ruffo
di Calabria (Roma, 1984), hija del príncipe Augusto Ruffo di Calabria y de la princesa Tana von Windisch-Graetz.

Pero ¿qué es una it girl? “La hija de alguien famoso, normalmente muy guapa, con estilo, que vende su imagen a los medios. Son iconos de moda”, señala Scilla. La aristócrata italiana estudió relaciones internacionales en Londres, pero la inauguración de una galería cambió el rumbo de su trayectoria profesional. “Me pidieron que pusiera música y tuvo tanto éxito que mi agenda se llenó de reservas”. Su selección —“más Beatles o Chuck Berry que Lady Gaga”— puso la banda sonora a la boda del príncipe Antonius von Fürstenberg y Matilde Borromeo. “El nuevo poder de influencia está en las redes”, añade Cósima. “Entrar en el mundo de alguien, aunque sea un microcosmos cuidadosamente maquetado y producido, es un modo de diálogo muy fuerte”, concluye.

A Zita d’Hauteville (París, 1996), hija del conde Eric d’Hauteville —fundador de la marca de relojes Oxygen— la descubrieron precisamente a través de Facebook. “Desde pequeña me decían que debía ser modelo, pero no tenía la confianza suficiente para acudir a una agencia. Afortunadamente vinieron a mí”, explica. Su carrera como maniquí la compagina con sus estudios de economía. Y luego está su vida social. En 2011 fue presentada en el Baile de Debutantes del hotel Crillon, en el que hizo entrada vestida con un espectacular traje de alta costura de Vivienne Westwood.

“Ya había acudido a otros eventos similares, tengo unos tres bailes al año”. Un ritmo nada trepidante si se compara con el de Scilla Ruffo di Calabria quien debe hacer frente a “una boda cada fin de semana”. Pero si eres una it girl tu particular periplo social puede empezar mucho antes, como reconoce Clotilde
de Karsauson (Londres, 1982), hija de la modelo Gwendoline Bemberg y del empresario y exmarido de Inès de la Fressange, Luigi d’Urso. Estudió escultura en el Chelsea College of Arts, de Londres y es fundadora de un servicio de catering llamado Empanadale. “Mi abuela materna, Dedra Mele, fue la directora de Givenchy en los años cincuenta”. A Clotilde, como a Cósima, desde niña, la subieron a la pasarela.