La vida según Sofía Vergara

Desde Sophia Loren, Hollywood no tenía un símbolo sexual tan natural y despreocupado como la actriz colombiana.

Sofía Vergara es la encarnación de una "mamacita". Entra en una habitación y, de buenas a primeras, las cabezas giran y las mandíbulas caen al piso, y de las bocas se desenrollan tantas lenguas como alfombras rojas a su paso. Hay algo escandaloso respecto a su belleza. Algo exagerado, llamativo, descarado, absurdo. Algo que raya en la frontera de lo indecente, incluso. Ese rostro exquisito —esos labios en forma de beso-hinchado y esos ojos aterciopelados, esa piel impecable, brillante como una perla— encima de esa figura temeraria —de caderas delicadamente prominentes, cintura suavemente estrecha, y pechos, muslos y glúteos generosos— es demasiado. Es una exageración. Por no decir algo de mal gusto. Quiero decir, ¿no debería ser un poco menos explícita en cuanto a sus extraordinarios activos físicos? ¿Llevarlos de una manera menos atrevida? ¿Actuar como si fueran una carga en lugar de algo glorioso? ¿O cuando menos, minimizarlos un poco? ¿Reducir, por ejemplo, el uso de prendas que la hacen lucir desnuda? ¿Ciertamente los escotes tendrían que ser tan pronunciados como los tacones? ¿Las telas tan pegadas como depredadores los cortes? (Es que ella no está vestida, está envuelta para regalo). ¿Por qué no hace lo que las actrices que el público preferiría ver en flagrancia, que en Shakespeare tan a menudo hacen, que es convertir su cabello en un velo detrás del cual pueden esconderse, y tratar su belleza como si fuera una desfiguración? O como si fuera un obstáculo, algo que se interpone entre ellas y el verdadero artista? (Charlize Theron no ganó un Oscar hasta que estuvo hecha una bola de sebo y se consiguió unas prótesis dentales y un peinado encrespado). O, como si fuera una broma —¿la opción más popular de todas?—, ¿por qué no se desfigura con tatuajes y piercings y plastas de sombras para ojos? ¿O por qué no degradarse en una película de sexo con valores de producción insignificantes —un encuadre inadecuado, una mala calidad de sonido y una iluminación poco favorecedora?

Tal vez porque ella no es estadounidense de nacimiento y, por lo tanto, la idea descabellada de que todos los hombres son creados de la misma manera nunca ha cruzado por su cabeza. O tal vez porque es católica, educada en un convento, entiende que la necesidad de idealizar o creer en Dios no es indecorosa ni una prueba de debilidad de carácter, sino un impulso humano perfectamente natural, y por tanto es capaz de aceptar la admiración que ella inspira con gracia, naturalidad y una absoluta falta de neurosis. No es extraño que Sophia Loren (nacida en 1934) haya sido su ídolo cuando pequeña. Hasta entonces es necesario remontarse, más o menos, para encontrar otro símbolo sexual en serio.

Cómo Hacer una Entrada

El espacio al que Sofía llega caminando es conocido como “The Living Room” —el acogedor folclorismo del nombre es una señal inequívoca de que va a ser lo máximo en elegancia austera, está en el primer piso del hotel Peninsula Beverly Hills. Sofía quiso que nos reuniéramos ahí a la hora del té vespertino. El té no parece ser muy de su agrado, y ciertamente no lo es para mi tampoco, pero, bueno, puedo encorvar mi meñique cuando las circunstancias lo exigen. Llegué a la 1:30, aunque tenía que hacerlo hasta las 2, debido a que los flujos y reflujos del tráfico en Los Ángeles son un misterio para mí, además de algo intimidante, lo que significa que acostumbro estar media hora, como mínimo, antes de todas mis citas en la ciudad.

El Península es, como lo sospechaba, una aventura de gran engreimiento, así que, sobreentendida su elegancia, es casi llamativo, con una clientela a la que le gusta aparentar que está en el Ritz aunque se encuentre en hoteles distintos. Hay muchas mujeres impecablemente vestidas; palitos de coctel con cabello rubio cenizo y de edad no identificable, si no es que simplemente son jóvenes, haciendo bulla con teteras y azucareras, y mordisqueando sándwiches del tamaño de grandes migas. Los hombres presentes son, o meseros —todos latinos—, con camisas de botones y chalecos, llevando aquí y allá y a lo lejos, discretamente, bandejas en equilibrio sobre sus palmas extendidas, o embaucadores —blancos, todos—, en trajes oscuros con relojes de aspecto enloquecedoramente caro y/o corbatas y/o maletines, presentando asuntos urgentes en voz baja.

Sofía entra a las dos en punto, ha llegado el momento en que algo sucede con las cabezas y las mandíbulas y las lenguas, aunque la multitud sea de esas sofisticadas que se controlan a sí mismas bastante rápido, pues sus integrantes tienen que mantener una fachada de indiferencia para probar que pertenecen. Las personas empiezan a fingir que bostezaban o se estaban estirando, o que hacían la señal para la cuenta —cualquiera cosa que no sea mirar boquiabiertas, como turistas de pueblo, luego regresan a sus conversaciones o a las pantallas de sus celulares y desde ahí lanzan miradas más discretas. Sofía actúa como si no se diera cuenta del furor que ha causado, no pestañea, ni siquiera parpadea, mientras cruza de un extremo a otro de la habitación, aguantando el acoso de todas aquellas no-miradas sin un dejo de pudor o vergüenza. Mientras espero que Sofía llegue a nuestra mesa, se me ocurre pensar que es un trabajo de estrella —o truco de estrella— el ser observado por ojos humanos y cámaras, y comportarse como si nada estuviera pasando, sin romper el hechizo.

Un camarero le jala la silla, y ella agradece el gesto en español, mientras él, al parecer, piensa: “trágame tierra”, porque la vida no puede ser más dulce. Sofía se ve —-sorpresa, sorpresa— como el personaje que interpreta en la serie ganadora del premio Emmy en la categoría de comedia de ABC, Modern Family, es decir, como Gloria Delgado-Pritchett, la mucho más joven esposa de Jay Pritchett (Ed O’Neill). Viste como ella: jeans que son menos pantalones que una segunda piel, top entallado con un guepardo estampado al frente, y un extraordinario diamante en su dedo anular que pone todos los otros diamantes extraordinarios casi en vergüenza. Además, suena ella misma. (Ese acento, déjenme aclararlo, no es parte del acto).

No perdemos tiempo, entramos en materia. Sofía viene de unas pruebas de vestuario, por lo que trae los senos en la cabeza.

Sofía: “Mi busto es… ¡enorme!”. Y hace una representación de dicha inmensidad con las manos. “Toda mi vida comprar un sostén fue una pesadilla. Cuando me mudé a Los Ángeles me encontré lugares como Frederick de Hollywood, donde hacen los sostenes de las streetwalkers”.

Yo (confundido): ¿“Streetwalkers”? Es decir… ¿prostitutas?

Sofía (sacudiendo la cabeza, riendo): “No, no, no prostitutas. No encuentro la palabra. Usted sabe —haciendo una especie de trepidación hootchy-kootchy con los hombros—, “bailarinas”.

Yo (empezando a comprender): “Ah, ah, ah, te refieres a strippers”.

Sofía: “Sí, strippers. Chicas delgadas con un busto gigantesco”.

Yo: “Un busto falso gigantesco”.

Sofía: “Créeme, me gustaría que mis senos fueran falsos. Me acuesto y los míos se bajan por completo siempre, como aquí”. Otra representación con las manos. “No es divertido”.

Hablar de senos con toda naturalidad fluye en las conversaciones de los bebés. Sofía habló públicamente sobre su decisión de congelar sus óvulos hace dos años. Recientemente aceptó una propuesta de matrimonio de Big Dick Richie, posiblemente el más galán de los galanes de Magic Mike. Bueno, técnicamente, ella aceptó la propuesta de Joe Manganiello, el actor que interpreta a Big Dick Richie. (Al igual que Sofía, Joe es un hermoso capricho de la naturaleza. Las personas no los ven, los comen con los ojos). Dice Sofía: “El día que envié la nota de prensa [anunciando la ruptura con otro novio, Nick Loeb], Joe inmediatamente contactó
a Jesse Tyler Ferguson [Mitchell Pritchett, de Modern Family], para decirle: "Por favor, por favor, por favor, dile a Sofía que quiero su número". Y yo respondí: "Jesse, no, él es demasiado guapo". Luego, dos días después de que Jesse estuvo tratando de convencerme, accedí: "OK, dale mi número". Pienso, estoy en un rodaje en New Orleans, y él está en L. A. Nada va a suceder. Pero empezamos a hablar mucho, y luego se apareció en Nueva Orleans. Desde entonces hemos sido inseparables. No cambiaría nada de él aparte del hecho de que es cuatro años menor que yo [él tiene 38 y ella 42]”. (Otra nota al lector: la vida amorosa de Sofía es, para mí, parte de su condición de símbolo sexual. Es hipervolátil e hiperactiva a la manera del viejo Hollywood de Lana Turner, Ava Gardner, Elizabeth Taylor… Ella estaba, al parecer, siempre enganchándose y desenganchándose del mencionado Nick Loeb, el “Rey de la Cebolla Crujiente”, un empresario tan apasionado de los condimentos crujientes como de las mujeres bellas. Y además de sus vínculos con Loeb y Manganiello, también ha estado relacionada con rompecorazones de la música pop —Craig David y Enrique Iglesias—, de la actuación —Tom Cruise y Tyrese Gibson— y de la delincuencia —Chris Paciello, propietario de un club nocturno en Miami (parecido al exinfante de marina que en los años 50 sostuviera una relación con Lana Turner, Johnny Stompanato) que en su momento fuera delatado por sus vínculos con la familia criminal Bonano, y Andrés López López, un exnarcotraficante colombiano).

Ahora que la felicidad conyugal está a la vuelta de la esquina, parece que Sofía estuviera considerando seriamente la posibilidad de descongelar esos óvulos. “Tengo un hijo, Manolo, de 23 años, y sería muy raro que tuviera otro bebé. Pero, sabes, Joe quiere hijos y, si eso lo va a hacer superfeliz…”, dice, levantando uno de sus encantadores hombros.

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Cómo Hacer que Suceda

Antes del y-vivieron-felices-para-siempre está el érase-una-vez: Sofía tenía 37 años, ya era una veterana de la industria del entretenimiento con 20 años de carrera cuando, de la noche a la mañana, se convirtió en la sensación de Modern Family. Ella tenía apenas 17 años, era estudiante del último año en el Colegio Marymount, fundado por las Religiosas del Sagrado Corazón de María —era una auténtica colegiala católica, ¡una fantasía hecha realidad!—, cuando un fotógrafo le tomó un montón de imágenes en su ciudad natal, Barranquilla, Colombia, y la colocó en un spot para Pepsi. El concepto del comercial era, básicamente así: Sofía en una playa con un minúsculo bikini. Las olas no eran lo único que se levantaba mientras avanzaba a saltos por la arena caliente, con la intención de llegar a donde estaba la fresca bebida carbonatada. El anuncio, transmitido ampliamente en América Latina, fue un éxito, al igual que ella. Y, de repente, las ofertas de modelaje y actuación empezaron a llover.

Sólo que ella no quería modelar o actuar. Quería estar en Barranquilla y tener una vida agradable y sencilla. Y lo consiguió. A los 18 años se casó con su novio de la preparatoria, Joe González, y se inscribió en la universidad para estudiar odontología. A los 20, sin embargo, la vida agradable y sencilla parecía no ser tan agradable y era más difícil que fácil, y le dijo adiós a Joe. Tras empacar sus maletas, se dirigió a Bogotá con su nuevo bebé. A mediados de sus 20 era la anfitriona de un programa de televisión muy popular en América Latina. Dejemos que Sofía describa su trabajo: “Era una especie de programa de política —de temas serios—. Yo era la parte divertida. Me ponían a bromear con la gente, a captar sus verdaderas personalidades”. Incluso se entrevistó con un presidente de Colombia, aunque no puede recordar cuál era. (¿Quién apuesta a que él no se olvidó de ella?) A mediados de los años 90, empacó sus maletas de nuevo, ahora rumbo a Miami. Tomó un trabajo con Univision, como presentadora en un programa de viajes, Fuera de serie, lo que significaba volver a ponerse un bikini tan pequeño que hizo que Eva (la de Adán) viera demasiada ropa en una hoja de parra. Dice Sofía: “Era reconocida por todas las personas latinas que vivían en Estados Unidos, debido a que sólo había dos canales de televisión para esa población. Así que todos te veían, no les importaba lo que hicieras, —si eras bueno o malo, de todas maneras te veían”.

Sofía puso entonces sus ojos en el mercado de habla inglesa; su primera incursión fue como la sirvienta cuyos dedos son succionados por Stanley Tucci en Big Trouble, en 2002. La película no fue exactamente la segunda versión de Ciudadano Kane. Aun así, fue un comienzo. Y las intervenciones se harían más grandes, los proyectos más prestigiosos: robó todas las escenas en que apareció como la novia de Tyrese Gibson en Four Brothers; demostró ser mucha mujer para los niños de Entourage; inyectó sexo y ligereza en un par de películas de Tyler Perry. Había dos comedias, Hot Properties y The Knights of Prosperity. Ninguna fue muy popular. Dirty Sexy Money parecía prometedora hasta que una huelga de guionistas estalló y le dio al traste también.

Y luego vino Modern Family. Christopher Lloyd, co-creador de la serie, recuerda la primera reunión con Sofía: “Entró en la habitación. Y cuando uno ha trabajado en Hollywood durante cualquier período de tiempo, sabe que las personas que lucen así no son divertidas. Pero ella lo era”. (Sin embargo, otra nota para el lector: no cuestionamos la afirmación de Lloyd respecto a que las personas que lucen excelente rara vez se ríen a cada minuto. Yo discutiría, sin embargo, que el automenosprecio es una necesidad para Sofía. Ella tendría que destrozarse un poco a sí misma, sólo para que el hecho de ser tan aterradoramente hermosa sea menos, digamos, escalofriante). Lloyd y su socio, Steve Levitan, tenían una idea vaga del personaje Gloria, pero inmediatamente comenzaron adaptar el papel específicamente para Sofía, dando al papel un trasfondo colombiano y un hijo llamado Manny. Modern Family fue un éxito instantáneo. Y gracias a la serie, Sofía se convirtió en rica y famosa más allá de sus sueños más salvajes, ha sido la actriz mejor pagada de la televisión durante tres años consecutivos, según la revista Forbes, en una estrella cuatro veces nominada al premio Emmy, y en un nombre muy conocido, no sólo en América Latina sino en toda América.

Cómo Hacer que Realmente Suceda

Uno cuenta la historia así y así es como Sofía, más o menos, la dice, y suena fácil. Además, ella hace que parezca fácil. Y no sólo porque luce como luce —como una estrella de cine—, sino porque ella se comporta como se comporta. Es cálida, abierta y generosa. (Dice Ed O’Neill, “En entrevistas, Sofía dirá de mí: ‘Es un tipo atractivo’ y yo siempre pienso que es muy amable de su parte”). Critica, aunque más a menudo se reserva. Es esta cualidad la que la hace ser grandiosa en los programas de Conan, Letterman y Ellen. Ella podría ser la anfitriona con la mayoría, pero como invitada es aún mejor. En Jimmy Kimmel Live!, el año pasado leyó un tuit que alguien había escrito sobre ella —“parece como si Sofía Vergara tuviera un pene en la boca”, y, sin perder el ritmo, replicó, “¿Y qué hay de malo en tener un pene en mi boca?”.  Y después logró poner en marcha todo ese asunto de Gloria, lo cual significa que proyecta a dos personajes igualmente eróticos al mismo tiempo: el de un mujerón en constante ebullición y el de una muñeca que quiere pasar sus días envuelta en una vida de lujo.

“Nunca he estado tan encantada con nadie en toda mi vida”, dice Reese Witherspoon, su co-estrella en la próxima comedia Hot Pursuit, un cruce entre Thelma & Louise y Beavis y Butt-Head Do America, con un poco de It Happened One Night. Y esa es exactamente mi experiencia. Es casi imposible que Sofía no te agrade. Hay una cualidad en ella que recuerda a la fuerza de la naturaleza, eres arrastrado por su belleza, glamour, magnetismo, sentido de la diversión y picardía. Es difícil mantener la cordura, recordar que ella y Gloria no son la misma mujer, aunque parezca que lo son; tener en mente que  no es la esposa trofeo de algún anciano rico; que dedica los años que le quedan a cumplir cada uno de sus deseos, aunque ella fácilmente hubiera podido andar por esa ruta. Que todo lo que ella tiene se lo ha ganado, y que ella puede darse sus propios lujos, muchas gracias. Lo que significa ultra-femenino, elogiosamente carnal, es que Sofía es encantadora en sí misma, de un curvilíneo suave y sonrisas suntuosas con un fuerte lado masculino, aunque no visible. Lo tiene porque superó muchos obstáculos: el divorcio temprano, ser una madre soltera, el secuestro y asesinato de un hermano en Colombia, la deportación de Estados Unidos de otro hermano, después de más de 30 arrestos por cargos relacionados con las drogas, un cáncer de tiroides a los 28, y, por último, su inglés-extraño-en-una-tierra-extraña-como-segundo-idiomalidad.

Esto último solo habría sido suficiente para la mayoría de las personas. Es simplemente un hecho que si uno no es un ciudadano de este país, será tratado de manera diferente. (Sofía no se convirtió en una ciudadana de Estados Unidos hasta 2013.) Y por “diferente”, por supuesto, me refiero a peor. Dice Sofía que “en aquel momento [los 90] no había representantes para personalidades de la televisión en el mercado latino”. De acuerdo con Luis Balaguer, el hombre que se convertiría en su mánager, la falta de representación se debía, en gran parte, a Univision , que tenía un monopolio virtual del talento de habla hispana: “Uno tenía que ser cuidadoso, comportarse, porque si Univision lo echaba, el público no oiría de uno otra vez”. Y Univision hacía más que desalentar la contratación de representantes. También insistía en que el talento firmara un contrato por escrito en inglés, a pesar de que gran parte de los artistas que trabajaban en Univision solamente podían hablar en español —en la habitación y en el momento no había ningún abogado que hiciera ver las letras pequeñas. (Univision, por cierto, no quiso hacer comentarios para este artículo.) Sofía recuerda: “Entrené a una de mis becarias para que realizara llamadas por mí y dijera a la gente lo maravillosa que yo era. Sólo para que no fuera yo quien tuviera que decirlo”.

Y, unos años más tarde, cuando Sofía trató de salir de Univision y ser parte del mainstream, Hollywood, su primera tarea fue eliminar su acento. Sólo que no era tan fácil sacudírselo: “Contraté a un entrenador de la lengua, hay que trabajar mucho. Es agotador. También es aburrido. Y tengo un mal oído, ¿sabes? He estado en este país por veintitantos años y todavía me oigo así. Aún me confundo, y es como, bueno, ¿esta chica está retrasada? Así que iba a las audiciones y en lo único que podía concentrarme era la posición de la lengua. No estaba actuando. Y llegué a pensar, si no puedo conseguir un trabajo con mi acento, esto no es un trabajo para mí”. Ese fue un momento importante para ella. Cambió todo, porque en lugar de seguir tratando de americanizarse, mezclarse, ella, hiperlatinizada, hizo hincapié en lo que la hacía distinta. Y desde entonces así se fue construyendo, con el acento ella es Lucille Ball y Ricky Ricardo en una sola persona. Sin el acento ella está... bien, pero es inimaginable sin el acento, como Marilyn Monroe sin el lunar y Madonna sin el espacio entre los dientes.

Así, a través de una mezcla de determinación, nervios, sagacidad y desesperación, Sofía volvió un pasivo en un activo. Y mantenerse fiel a su acento no era su única jugada. Se tiñó el pelo, que crece de la cabeza de un tono miel oscuro, por lo que parecía más latina, o cuando menos lo que los angloparlantes estadounidenses consideran latina. Y aunque sin duda alguna ella es naturalmente ardiente y picante y con chispa y todos los demás adjetivos que Taco Bell podría utilizar para describir su Crunchy Taco Supremo, es decir, adjetivos tan estereotipados que prácticamente son insultos étnicos cuando se aplican a un individuo de herencia latina, ella también exagera esos aspectos de su personalidad.

Su decisión de ir más allá, sin embargo, tiene sus consecuencias. Por ejemplo, ha tenido que lidiar con la crítica de que perpetúa un estereotipo. “Si Gloria es un estereotipo, ¿qué importa? ¿Quién no querría ser Gloria?”. Así que se defiende del cargo, pero no lo niega, como se puede ver. Y se podría argumentar que en Modern Family ella no interpreta tanto a una mujer colombiana como a la caricatura de una mujer colombiana; que esa Gloria es la rubia tonta sólo que morena, con un toque racista; que Sofía se ha hecho rica al explotar a su propia gente. Y alguien podría tener razón —una razón que no es la mía y una razón desfasada, pero razón. Y no es que sirva de algo; razón o no, uno podría equivocarse.

A continuación, cómo es que Sofía se hizo rica: mediante la explotación de las personas que explotan a su gente. Primero, sin embargo, dos engaños. El número uno, a manos de la revista Forbes, porque llamar a Sofía la “actriz de televisión mejor 
pagada” es un fraseo astuto, pues implica que ella obtiene la mayor parte de sus ingresos a partir de su programa de televisión, lo que no es así. Ella gana 325,000 dólares declarados por episodio, lo cual es dinero en serio, pero no tanto como para llegar a 37 millones, que, de nuevo según la revista Forbes, es lo que recaudó el año pasado. El engaño número dos fue perpetrado por mí, porque líneas atrás describí a Luis Balaguer como representante de Sofía, y lo es, pero eso es sólo la mitad de la historia. Él es su socio en los negocios también. Juntos fundaron Latin World Entertainment (LatinWE) a mediados de los años 90 como una empresa de representaciones artísticas. Dice Balaguer, exmanager de la industria musical cuya voz es sedosa y sus modales encantadores, “¿Sabes cuánta gente dice que empezó de cero? Nosotros, literalmente, empezamos de cero”.

LatinWE tuvo un comienzo difícil. Su primer cliente, Fernando Fiore, co-anfitrión de Sofía en Fuera de Serie, fue despedido por Univision cuando se filtró que había adquirido una representación, es decir, no le renovaron su contrato. “Fue un momento de miedo”, recuerda Balaguer. “Acampábamos en el estacionamiento y firmábamos a todos los que entraban y salían por la puerta”. Negarnos a dar marcha atrás o cerrar, funcionó. Dice Fiore, “Univision no quería tratar con nosotros, pero ahora tenía que hacerlo. LatinWE cambió las cosas. Hemos allanado el camino para los más jóvenes. Lo que [Charlie] Chaplin y [Douglas] Fairbanks hicieron por el talento en general en los años 20 o cuando haya sido, lo hicimos para el talento de habla española en los años 90. Fuimos pioneros”.

El primer patrocinio de Sofía fue de Bally Total Fitness, en 1998. El comercial, con Sofía, era en español, y, después de que salió al aire, un eufórico ejecutivo de Bally, informó a Sofía y a Balaguer que, de repente, la gente de habla hispana estaba haciendo filas afuera de los gimnasios en todo el país, para bajar los kilos de más en las caderas. Al par les zumbaron los oídos. Habían estado desaprovechando una oportunidad. Bueno, aquí estaba. Dice Balaguer: “Estaba claro que las marcas no tenían ni idea de cómo llegar a los hispanos. Por mucho tiempo, sólo se transmitieron comerciales en inglés doblados al español”. Básicamente, Sofía y Balaguer reconocieron
que los latinos en este país pasaban desapercibidos, por no decir que vivían marginados, y que había mucho dinero por hacer partiendo de este error, aunque ni siquiera imaginaban cuánto.

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LatinWE se convertiría en un gigante de licencias, comercialización, producción y nuevos medios. Y cuando Sofía se sacó, como ella dice, “el premio mayor”, con Modern Family en 2009, su valor como promotora de celebridades se fue hasta las nubes. “Soy la candidata perfecta para cualquier representación”. Y explica por qué: “Al contratarme, impactan ambos mercados a la vez, en español y en inglés”. Y es a través de estas promociones —ella es la cara de Diet Pepsi, Head & Shoulders, CoverGirl, y AT&T— como gran parte de su fortuna llega. Debo mencionar, también, la fragancia que lanzó para HSN y su línea en asociación con Kay Jewelers y —de hecho llegaré hasta aquí, porque la lista sigue y sigue y no tenemos todo el día.

¿Cómo Hacer para que Parezca Simple?

Sofía tiene un justificado orgullo de su comprensión del negocio. Acerca de sus talentos teatrales, sin embargo, es mucho más modesta. “Nunca quise ser actriz”, dice. “Tomo la actuación como un regalo, porque no es nada de lo que alguna vez soñé que sería cuando fuera grande”. Que ella sea tratada con cierta indiferencia tiene cierto sentido. Ella no ha tenido, después de todo, un entrenamiento formal, y hacer reír es fácil para ella, su sentido cómico es igual de superabundante y don divino como sus senos talla 32F. Ella no tiene que hacer grandes pruebas o ensayos —como Dustin Hoffman antes de actuar en Marathon Man— para encarnar de manera creíble a Gloria. Y en Hot Pursuit, descrita por Witherspoon como “una comedia de choque de culturas” se ve divertida, pero sin exagerar. Sofía interpretará otro tamal caliente con una orden de inglés imperfecto. Y se entiende. Ella se queda en el mismo papel por la misma razón que usa la misma ropa: porque a través de la pura fuerza de voluntad se ha convertido en una marca, y los personajes que retrata y la ropa que usa son parte de esa marca. (“A veces se leen en la prensa cosas como, Ay, Sofía lleva de nuevo el mismo corte de vestido, y quisiera contestar y decirles: “¿Qué rayos quieres que se ponga? Es obvio
que hay una razón”). Interpretar a una latina sexy funciona para Sofía tanto como a Marilyn Monroe lo hizo el representar a una rubia, mimosa y tonta, o como caracterizar a una chica que parecía chico de clase alta funcionó para Audrey Hepburn. ¿Por qué meterse con algo que funciona?

Ella, sin embargo, casi lo hace: en The Paperboy, de 2012 , un noir sensacionalista situado en el sur durante el verano del 69, con un clima tan sensual que prácticamente se podían ver las gotas de sudor salpicando la lente de la cámara, dirigida por Lee Daniels (Precious). Sofía fue considerada originalmente para el papel de Charlotte Bless, una rubia teñida ardiente con las pestañas postizas tan largas y gruesas y oscuras que parecía como si una araña viuda tuviera sus patas colgando al final de cada párpado. El papel es abundante en secreciones: transpiración, masturbación, y, más notablemente, orina. Charlotte se quita la parte inferior de su bikini y orina el pecho y la cara de Zac Efron después de que él es atacado por medusas. (“Si alguien va a mear sobre él, seré yo”, gruñe ella ante un trío de jóvenes y entusiastas ​​conejitas de playa). Un problema de planificación obligó a Sofía a abandonar la película. Nicole Kidman tomó su lugar. Kidman nunca ha sido más ruin —ni mejor. Aun así, sin embargo, me hubiera encantado ver a Sofía en el papel, a Miss Universo —parece, pero con la personalidad de Miss Simpatía, a esta chica con un nivel de popularidad  fuera de serie, a la saludablemente sexy Gloria, reproduciendo la pieza más asquerosa de su trabajo bajo la línea Mason-Dixon (que divide culturalmente el norte y el sur de Estados Unidos), una groupie de presidiarios y pequeña basura con un lascivo rizo sobre su labio —pornográfico puro.

Hablamos de The Paperboy bastante temprano en la conversación, y los únicos pesares expresados son míos. “Tuve la suerte de, al menos, aparecer en la lista”, dice Sofía. “Si funciona, funciona. Si no funciona, no funciona. El tener que demostrar que también puedo hacer cosas serias no es algo en lo que esté pensando”. Caso cerrado.

Pero no. Volvemos a lo mismo de una manera indirecta, mientras nos preparamos para concluir. Pregunto a Sofía sobre su trabajo detrás de cámaras en Hot Pursuit (ella y Witherspoon no sólo son coprotagonistas, sino también coproductoras), si se trata de un hecho aislado o es el primero de muchos de estos trabajos, y su respuesta indica que sus palabras anteriores acerca de la oportunidad perdida de The Paperboy eran más informales que sus sentimientos. “Yo estoy limitada por mi acento y la forma en que me veo. Y si quiero hacer cosas más serias creo que tendría que terminar produciéndolas yo misma. “Hace una pausa, como dándole vueltas a una idea, y luego dice: “Hay una cosa que quiero hacer un día, y mi hijo es el que me ha animado. Él dice que debería hacer una película sobre una mujer loca. Abusiva o bipolar, una persona escalofriante”.

No sé muy bien lo que Sofía o su hijo tienen en mente, pero me da la sensación de que la próxima vez que Zac Efron —o cualquier otro actor joven y sexy que venga al caso— se enrede con una bola de medusas, Sofía estará lista para responder al llamado del deber, respondiendo al llamado de la naturaleza.

Cómo Hacer una Salida

Conclusión: la entrevista ha terminado. Sofía salió cinco minutos antes, su partida ha causado aún más revuelo que su entrada, ya que la habitación está semillena ahora. He pagado la cuenta, pero todavía estoy sentado en la mesa. Estoy ocupado jugueteando con mis dos grabadoras, asegurándome de que no hubo interrupciones del diálogo o cortes de batería. Una mano toca mi hombro. Sorprendido, miro hacia arriba. Es Sofía. Dice, sonando un poco avergonzada, “No quería dejarte. ¿Traes suficiente dinero?”. Me remonto a la conversación con Luis Balaguer, él hablándome de los primeros días de LatinWE, de cómo él y Sofía arreglarían comidas de negocios y luego, cuando ya habían comido y el cliente ya se iba, de inmediato comenzaban a luchar para pagar la factura, volteándose los bolsillos, excavando monedas sueltas en el fondo de sus carteras. Ella debe haberse preocupado de que eso fuera lo que me estaba pasando ahora. Sonriendo, le prometo que he cubierto la cuenta.

Esperaba que se alejara de nuevo, pero no, simplemente se queda ahí. Está esperándome, me doy cuenta después de unos segundos con la boca abierta. Al recoger mis grabadoras, mi cuaderno, una pluma y un teléfono celular, me pongo de pie. Entonces hurgo para taparme los ojos con gafas de sol, porque sé que no tengo lo que se necesita, que voy a agrietarme bajo la presión de todas esas miradas, que me ruborizaré o reiré nerviosamente o empezaré a trotar o, peor aún, a viajar. Por fin las gafas de sol están en su lugar, mi bolsa encima de mi hombro. Sofía y yo intercambiamos una inclinación de cabeza, y luego, juntos, salimos de la habitación.

Entrevista hecha para el tercer número de Vanity Fair México.