Jorge Pérez: Arrollador de escala global

El “Donald Trump Latino” jamás ha permitido que la hispanidad le limite.

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“Si hoy en día valgo más o un poquito menos, no cambia en nada mi vida ni la persona que soy”, expresa Jorge Pérez cuando se refiere a la aparición de su nombre en 'The Forbes 400', el listado de los estadounidenses más acaudalados. Este año, el magnate del desarrollo inmobiliario de lujo ha ascendido doce puestos. “No me cambia nada. Soy empresario, un hombre de familia, gran amigo, gran socio. Todas estas cosas hacen la totalidad de la persona. Si fuera solamente trabajo tendría una vida muy triste”.

Desde Miami, se ha convertido en uno de los Pérez más poderosos de Latinoamérica y con The Related Group, que fundó en 1979 junto al también magnate del sector inmobiliario Stephen M. Ross (uno de los principales propietarios del equipo Miami Dolphins), ha amasado una fortuna estimada en unos 390,000 millones de dólares, según Forbes y ha erigido más de 50,000 condominios tan solo en Estados Unidos. En un inicio apostó por los complejos de bajo costo. Hoy, renueva paisajes con torres de apartamentos de alta gama en complicidad con personajes como Giorgio Armani, Philippe Starck, Donald Trump y los mexicanos Enrique Norten y Paulina Sierra, CEO de Glika International, representante de The Related Group en México. “Cuando me dicen: ‘Eres el mejor desarrollador hispano’, yo digo: ‘No, soy el mejor desarrollador’”.

Descendiente de cubanos nació en Argentina, donde su padre, Jorge Pérez, era gerente de la farmacéutica Eli Lilly. De ahí pasaron a Colombia y luego a Cuba. Su andar, dice, “me marca muchísimo. Sobre todo por el exilio”. Se refiere a su paso por la isla, donde con el ascenso de Fidel Castro la historia de Pérez adquirió el tinte dramático. “Mi padre perdió todo y enseguida empezó a trabajar otra vez. Primero, en un puesto menos importante y enseguida volvió a subir. Mi mamá (Raquel Riera de Pérez) era una persona que nunca había trabajado, consiguió un empleo. Vi con el esfuerzo de mis padres que las cosas importantes no te las pueden quitar”.

Con 66 años, es uno de los principales personajes de la élite empresarial. Ha sido llamado ‘rey’ de su industria y catalogado como una versión tropical de Trump. Pero rehúye a sobreexplotar su origen. “Siempre he sido muy consciente de no ser un ‘minority’ y por eso he triunfado. No solo en la comunidad hispana, sino en la comunidad mucho mayor… No me siento atrapado por la hispanidad. Soy orgulloso de ella, pero quiero triunfar en el mundo completo”.

Su círculo íntimo lo constata. Es amigo de Bill Gates y Warren Buffet, se involucra en la política estadounidense. Recientemente donó 245,000 dólares a la campaña de Jeb Bush y en 10 años ha donado cerca de 10,000 dólares a las campañas de los Clinton, según el sitio web del organismo The Center for Responsive Politics. A Bill Clinton lo asesoró en 1994 sobre su política hacia Cuba. “Le aconsejé que abriera las relaciones inmediatamente”, recuerda. Apoya a Hillary. “Será una gran presidenta, tiene más experiencia que cualquier republicano”. –Pero en las elecciones está también la figura de Trump… –Mi amigo –afirma de inmediato–. Por eso Estados Unidos es la gran democracia que es: uno puede tener opiniones completamente diferentes y ser muy buenos amigos. Mi socio de toda la vida, mi mejor amigo, Steve Ross es republicano. Está en contra de mis opiniones y seguimos siendo íntimos con mucho respeto. De Trump, quien escribió el prólogo de su libro, 'Powerhouse Principles: The Ultimate Blueprint for Real Estate Success in an Ever-Changing Market', opina: “Dice algunas cosas que son completamente idióticas como ‘vamos a hacer una pared de 30 pies y México la va pagar’. ‘¡Ni él puede creer en eso! Es muy fácil para los demagogos usar esto para crear miedo”.

¿Teme a algo alguien como él? “Todos los días tengo temor. Temo no poder seguir haciendo lo que hago y al nivel que lo hago”.


*Publicado en nuestra edición impresa de enero.