Jennifer Aniston Vs. Angelina Jolie: historia de una infame rivalidad

Una posible nominación al Oscar para ambas parecía renacer la rivalidad entre ellas. Aquí un recuento de su historia.

A todos nos gusta una buena pelea. Hollywood, que vive de mitos, ha estado siempre cuajado de animadversiones, rivalidades enconadas e historias de cuernos cuanto más melodramáticas mejor. Cuando en 2005 Brad Pitt y Angelina Jolie se enamoraron durante el rodaje de El señor y la señora Smith y él rompió su matrimonio con Jennifer Aniston para formar con Jolie una de las parejas más duraderas y poderosas del mundo bajo el nombre de Brangelina, el público enloqueció ante este triángulo de estrellas que heredaba el morbo de otros affaires históricos como el de Debbie Reynolds, Eddie Fisher y Elizabeth Taylor.

La de Pitt y Aniston no fue sólo una ruptura: fue un escándalo mayúsculo que desató las malas lenguas hasta el infinito y en el que poco importa que realmente sepamos si hubo infidelidad de por medio, si las relaciones coincidieron en el tiempo o qué demonios ocurrió. Lo importante es que de allí surgió uno de los memes más sexistas, potentes, absurdos y reveladores de los últimos años: el de team Aniston o team Jolie –en el que el público tomaba partido encarnizado por una u otra como si les fuese la vida en ello– que este año avecina con vivir un nuevo asalto esta vez en el campo profesional.

Angelina estrenó su segunda película como directora, Unbroken, que decepcionado a algunos. El caso Aniston ha sido el inverso: nadie contaba con que su interpretación en Cake llegara más lejos de lo que llegó Una Buena Chica, su otro intento de actriz dramática seria (o sea, a ninguna parte) pero tras ser nominada al Globo de Oro y al SAG (los premios del sindicato de actores) como mejor actriz, su nominación al Oscar en un año flojo en la categoría –como suele ser habitual– parecía ser una realidad.

Poco importa que Jennifer Aniston o Angelina Jolie fuesen realmente cómo las reflejaban los tabloides. Su imagen pública se definió en buena medida por aquel escándalo, y hasta psicólogos y analistas afirmaron que identificarse con una u otra podía deberse a que uno albergase en su interior a una víctima (caso Aniston) o a una mujer fatal (caso Jolie).

Paris Hilton era team Jolie; su hermana Nicky, más formal, era naturalmente team Aniston. El papel de Brad Pitt en este triángulo, aunque fuese su vórtice y causa, no parecía importarle a nadie. En esta oposición en la que se las enfrentó nada tenían que ver sus personalidades, talentos o capacidad para el trabajo, era la promesa de una buena pelea de gatas lo que atrajo de la historia con la fuerza de un huracán.

Angie era la bomba sexual (además de un ícono de la anorexia, pero esa es otra historia), la robaescenas de magnética presencia ganadora de un Oscar, con fama de devora hombres. Jen era televisión, cotidianeidad, un peinado icónico y la estrella de comedias románticas de éxito. Había formado una aparente pareja perfecta con uno de los hombres más deseados de la Tierra hasta que la aparición de Jolie (o no) lo había volado todo por los aires, convirtiéndola en una desgraciada con la que era fácil empatizar porque, ¿quién no ha sufrido por amor? 

¿Fue Aniston una víctima? ¿Fue Jolie una destrozahogares (poco conceptos tan sexistas como éste)? Probablemente ni una cosa ni la otra, pero así quedaron en el imaginario colectivo. Diez años después, las tornas han cambiado. Jennifer Aniston pasó de ser la novia de América con pelo perfecto a la chica que permanece en una pertinaz soltería y se percibe, por tanto, como una amenaza. Más que por sus películas es objeto de comentarios por sus sucesivas rupturas sentimentales y por las dudas acerca de cuándo se decidirá a tener un hijo. Se obvian cosas tan elementales como que una mujer puede tener varias parejas sentimentales o no tener ninguna y vivir una vida plena y feliz, y que tener hijos no es una obligación que va con la condición femenina, sino una elección, cosas que son el primer capítulo de cualquier temario sobre relaciones de género, pero que todavía hay que recordar, y más en una sociedad como la americana que ha hecho un negocio mastodóntico de las bodas, y del acto de prometerse en matrimonio un hito vital.

El hecho de que ahora sí se haya prometido con el actor Justin Theroux no parece suficiente; además la fama del protagonista de The Leftovers apenas comienza a dispararse ahora y nada tiene que hacer al lado de la estrella adorada por todos, Brad Pitt. Angelina Jolie pasó de ser la loca diosa del sexo que se cortaba con cuchillos, insinuaba haber tenido una relación incestuosa con su hermano y llevaba colgantes con sangre coagulada al cuello, a convertirse en una madre de familia numerosa y multirracial y una concienciada activista por los derechos humanos.

Su trayectoria ha experimentado varias vueltas de campana que parecían improbables al principio de su carrera: joven problemática con muchos daddy issues, robamaridos (pocos conceptos tan retrógrados como éste) hace diez años y un ejemplo de humanidad hoy, amén de una de las estrellas de cine más famosas del planeta. Durante el proceso de divorcio Pitt-Aniston, se dijo que Brad deseaba tener hijos y que la negativa de Aniston a procrear le había “empujado” hacia Jolie, que ya había adoptado a Maddox, su primer vástago. En poco tiempo Brangelina se convertían en padres de seis hijos. En agosto de 2014 se casaron y actualmente ella le está dirigiendo a él en un proyecto cinematográfico común.

Pero ha sido su decisión a hablar públicamente de la doble mastectomía a la que se ha sometido voluntariamente para minimizar sus posibilidades de sufrir un cáncer lo que ha acercado definitivamente a Angelina al común de los mortales. De ser una especie de misteriosa supermujer, su sinceridad hablando de un tema tan delicado y doloroso la ha vuelto humana y cercana, ese campo donde Aniston era la reina. Este año el divorcio que dividió al mundo en team Aniston y team Jolie parecía volver a tomar el escenario público por el enfrentamiento de sus protagonistas en un campo directamente público: sus trabajos.

Los tabloides pensaban que ambas conseguirían su objetivo –Unbroken la nominación a Mejor Película y Aniston la nominación a Mejor Actriz– y así el duelo de alfombras rojas y premios podía haber sido una realidad. Lástima que esto no ocurriera.