De Iman a Mrs. Jones

Con ella, David Bowie dejó los excesos para llevar una vida tranquila. Ahora, la modelo afronta una nueva etapa.

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“La única manera de tener una vida normal es separar lo público de lo privado. Mi hogar es privado”. Este ha sido el lema de Iman Mohamed Abdulmajid (Mogadiscio, Somalia, 1955) durante los 23 años que duró su matrimonio con David Bowie. Una filosofía que mantuvo hasta que Ziggy Stardust dejó nuestro planeta, el pasado 10 de enero, y que permitió a la pareja, una de las más mediáticas y magnéticas del show business, llevar una existencia discreta y apacible en Nueva York durante más de dos décadas.

“Iman está bien, recuperándose”
, ha comentado su íntima amiga, la exmodelo y activista Bethan Hardison. “Ha sido una enorme pérdida, no solo artística sino humana”. Como la maniquí somalí aclaró en su día, ella no se había casado con David Bowie, “sino con David Jones”.

Precisamente como los Jones se les conocía en Woodstock, la localidad al norte del Estado de Nueva York donde veraneaban, y donde los vecinos habían sellado un acuerdo tácito. “Es como si todos pretendiéramos que no eran ellos” cuenta el artista plástico Richard Segalman, uno de sus ilustres vecinos. “Los encontrabas en el gimnasio o en el supermercado y nadie hacía aspavientos. Eran simplemente los Jones”, añade.

En Manhattan, donde se instalaron en 1992, tras su boda en Florencia, todos sabíamos donde encontrarlos: junto al Puck Building, en la frontera entre Soho y NoLiTa. David frecuentaba las librerías y las pocas tiendas de discos que quedan en el vecindario —su apartamento se encuentra en el 285 de la Avenida Laffayette—: Book Strand, Bleecker Street Records... “Soy un neoyorquino”, clamó el artista en 2003. Como tal frecuentaba el Lincoln Center o los locales del barrio, léase Dean and DeLuca u Olive’s, donde solía ordenar su sándwich favorito: el de pollo, tomates y berros.

A veces, Bowie llevaba a su hija, Alexandra Zahra, Lexi, al colegio. Los fines de semana Iman le preparaba un desayuno a la inglesa en el que las tradicionales mashed potatoes fueron sustituidas por puré de coliflor a raíz de sus problemas cardíacos.

Y aunque eran inseparables, los Jones manejaron sus carreras de forma distinta. Mientras él alimentaba su imagen de artista iconoclasta, ella ofrecía su marca de ropa y accesorios en el más banal de los medios, la web Home Shopping Network. El desapego de Bowie por lo comercial estaba equilibrado con la destreza de su mujer para los negocios. La exmodelo posee además una firma cosmética que factura unos 420 millones de pesos al año. Y en 2013 auspició junto a Hardison y Naomi Campbell la Diversity Coalition, una plataforma para combatir el racismo en la moda. “También lo he hecho por mi hija. No quiero que sienta que no es suficientemente guapa porque esta industria ha decidido que no entra en el canon”, comentó entonces.

Hija de un diplomático somalí, Iman sufrió las consecuencias de la revolución de 1969 y pasó de ir con chofer al colegio a vivir en un campo de refugiados antes de triunfar en las pasarelas. “Cuando miro atrás, me digo que tal vez existe una fuerza superior que me ha ido señalando el buen camino”, dijo en 2013. Quizá mientras lee estas líneas camine hasta Washington Square o pida un double macchiato en La Colombe como habría hecho David. David Jones.

*Artículo publicado en nuestra edición impresa de marzo 2016.