¿Qué fue de Rosamund Pike?

La actriz nos habla de su repentina fama, de sus obsesiones y de cómo se enamoró del misterioso padre de su hijo.

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Rosamund Pike pasó muchísimo tiempo sin poder hablar del papel que la iba a convertir en estrella de cine a nivel internacional. Aunque millones de personas habían leído Perdida, la novela de descomunal éxito de Gillian Flynn, muchas más iban a acudir a ver la película sin conocer la verdadera personalidad de la heroína del libro, la asombrosa Amy Dunne. Rosamund tuvo que guardar el secreto durante muchos meses.

Al principio del largometraje, lo primero que vemos de Amy Dunne es su nuca, tal como Flynn había imaginado esa escena. (“Cuando pienso en mi mujer, siempre pienso en su cabeza”). Al cabo de 149 minutos, cuando la actriz se da la vuelta para mirarnos directamente al final de la película, vemos su rostro. Pero ya no es únicamente el de Amy Dunne, sino también el de Rosamund Pike. Una estrella de cine.

Nos reunimos en Londres hace unos meses, el fin de semana anterior al día en que se conmemora la Conspiración de la Pólvora de 1605, en el pub Cock & Bottle. Hemos acordado citarnos en dicho establecimiento y después ir a ver los fuegos artificiales que se lanzan en el Támesis. Ataviada con un gorro de lana negra y un abrigo de piel de oveja esquilada con el cuello de astracán subido de tal modo que le enmarca el atractivo rostro, Rosamund, embarazada de nueve meses, avanza animosamente por el Albert Bridge junto a mí. “Esta noche es el motivo por el que me encanta Londres”, comenta mientras seguimos a la muchedumbre que recorre el puente.

Pike nació en una familia británica vinculada al mundo del espectáculo; mientras caminamos, hablamos de la carrera profesional de sus padres y de los muchos años que llevan juntos. Tanto Caroline Friend Pike como Julian Pike son cantantes de ópera. Él interpretó el papel de Don José en la aclamada producción internacional de Carmen que Peter Brook montó en 1982 y es ahora director de estudios vocales y operísticos del Conservatorio de Birmingham. Caroline contribuyó a que la ópera saliera de los teatros clásicos y se representara en otros espacios escénicos, “en los que hay que actuar mejor porque, de pronto, todos están mucho más cerca”, explica una orgullosa Rosamund. “Las giras que hizo ayudaron a que un público nuevo conociera la ópera”.

Para la actriz, parte del atractivo de la interpretación reside en “la energía que ves en alguien que acaba de bajar del escenario. Cuando creces con unos intérpretes, la percibes”. Aunque asistió a un internado de Bristol, la joven acudía a menudo a las funciones de sus padres. Pike recuerda lo que sentía cuando su madre la llevaba en coche al colegio después de trabajar: eran unos momentos en los que la energía que flotaba en el vehículo resultaba palpable. Su madre seguía impregnada de “esa especie de olor a teatro”, que era “sexy y potente”, sobre todo si se comparaba con la estéril cotidianeidad del colegio.

A Rosamund le parecía que los amigos de sus padres también eran “muy interesantes y fascinantes porque, si tienes padres que saben jugar y vivir con imaginación, a un niño no le cuesta nada reaccionar a eso. Yo consideraba que todos eran maravillosos y divertidos y notaba que les gustaba jugar; en realidad, lo que hacían eran ejercicios interpretativos”.

Cuando llegamos a Battersea Park ha empezado a llover con fuerza. El barro que vamos pisando se parece al que describe Dickens al comienzo de Casa desolada. Pero Pike mira hacia arriba, una costumbre muy suya y una de las razones que aduce para explicar por qué decidió terminar su licenciatura en Oxford, donde estudió Literatura Inglesa en el Wadham 
College, después de que la rechazaran tanto la Royal Academy of Dramatic Art, como la London Academy of Music and Dramatic Art. “Decidí acabar en Oxford porque me dediqué a mirar la parte superior de los edificios, las gárgolas y las torres, y resolví quedarme en esa ciudad”, recuerda con una carcajada.

Cuando todavía era adolescente le dieron el papel protagonista en un montaje de Romeo y Julieta del National Youth Theatre. Sin embargo, en 2002, después de que su carrera sufriera un parón, estuvo a punto de entrar a trabajar de dependienta en una librería Waterstone’s de Londres. A última hora le ofrecieron otro papel: el de una chica Bond llamada Miranda Frost, junto a Pierce Brosnan, en Otro día para morir. Y sólo le han hecho falta 25 películas, seis programas de televisión y seis apariciones teatrales antes de triunfar a lo grande, por decirlo de algún modo.

Rosamund se toma con filosofía su repentina fama mundial. Aunque esto no quiere decir que antes hubiera pasado desapercibida. Ganó el British Independent Film Award como mejor actriz de reparto por The Libertine, una película de Johnny Depp de 2004. También la nominaron al galardón London Film Critics Circle Award como mejor actriz de reparto británica del año gracias a su papel de Jane Bennet, la bella pero sosa hermanade Elizabeth Bennet, personaje que encarnaba Keira Knightley, en Orgullo y prejuicio, de 2005.

Recibió asimismo críticas muy elogiosas por sus intervenciones en An Education, de 2009, y La versión de mi vida y Mujeres exitosas, ambas de 2010. Apareció junto a Tom Cruise en Jack Reacher, de 2012, y fue a Cruise a quien recurrió cuando, justo antes de empezar a rodar Perdida, se puso enferma, le subió la fiebre y sintió un miedo muy infrecuente en ella. Él le contestó con un mensaje: “Estás preparada”.

Cuando David Fincher, director de Perdida, la vio en Jack Reacher, pensó: “Ah, ella es la chica Bond”. Pero “me sorprendió no saber cuál era su edad, podía tener veintidós o treinta y dos años, y eso me pareció muy poco habitual, puesto que parte del trabajo de una actriz consiste en aparentar veintidós o veintitrés años eternamente. Aquello hizo que sintiera una curiosidad aún mayor. Quedé intrigado, así que me puse en contacto con ella y le mandé el libro”.

El director y Pike se vieron para cenar en San Luis, en una velada que duró cinco horas, antes de que intervinieran la Twentieth Century Fox y los agentes de la actriz; fue entonces cuando Fincher se enteró de que ella era hija única, al igual que Amy, quien, aparte de no tener hermanos, es una niña mimada a la que sus padres convierten en una marca al transformarla en heroína de una serie de libros infantiles: La Asombrosa Amy.

“Los niños que crecen así después interactúan con el mundo de forma distinta; no puedes tomar a Rosamund y regañarla por eso”, explica Fincher. “Pensé que le encantaría interpretar a la Amy enloquecida, así como a La Asombrosa Amy. Enseguida entendió el personaje, y empezó a escribirme para contarme lo que veía en él. Supe que tenía que ser lo bastante listo como para no interferir en su labor”.

Para preparar el papel, Fincher le pidió a la intérprete que se fijara en imágenes de Carolyn Bessette Kennedy, que exhibía ese aire distante e inescrutable al que aspiraba el director. “Tenía unas fotografías de Carolyn en las que ésta aparecía con 18 y con 20 años que reflejaban el concepto de persona hecha a sí misma. Ella se transformó, se reinventó y se fabricó un personaje. Ese fue mi punto de partida”, explica el cineasta.

Rosamund encargó ejemplares antiguos del número de 
Vanity Fair en cuya portada salía Bessette. “Busqué en Internet videos de ella o, aún mejor, entrevistas o grabaciones en las que hubiera quedado registrada su voz. Y me di cuenta de que, básicamente, David me había dado un mensaje en clave para que lo estudiara. Hay una infinidad de fotografías de Bessette: preciosas portadas de Vanity Fair, fotografías íntimas en las que Kennedy y ella están en alguna fiesta aunque solo se fijan el uno en el otro, imágenes en las que ella pasea por las calles de Nueva York. Pero no pude encontrar ningún documento en el que hablara de sí misma. Y pensé: ‘Bueno, no pasa nada. A Amy hay que crearla de fuera a adentro, partiendo del modo en que ella quiere que los demás la perciban”.

Rosamund trató de encontrar la manera de “dominar ese lenguaje corporal, esa seducción que es una herramienta de autoprotección, esa forma de bajar la cabeza, de que caiga el cabello... La verdad es que me resultaba imposible interpretar el gesto de la cara de Bessette, así que intenté utilizar ese atributo. Cuando conoces a Amy, ella sonríe, pero siempre te está escudriñando con la mirada, evaluándote, viendo si puedes seguir su juego, sorprendida y encantada cuando te anotas un punto, pues entonces le parece que a lo mejor eres una persona interesante. No es una forma relajada de vivir”.

Ahora los ojos de toda una industria están puestos en Rosamund, quien reconoce que le parece extraño que a 
Hollywood le interese, por ejemplo, la fecha prevista para el nacimiento de su segundo hijo, y cuál va a ser su próximo proyecto cinematográfico.

El estreno de Perdida fue, “sinceramente, el momento más emocionante de mi carrera”. Si no contamos, quizá, la ocasión en que visitó una tienda del Soho londinense para comprar jamón importado. “Entré en una estupenda tienda española —rememora— y la dependienta me preguntó: ‘¿Alguna vez le han dicho que es idéntica a la chica de Perdida?’. Y contesté: ‘Bueno, es que soy yo’. Entonces ella me miró con gran desconfianza. Añadí: ‘Estoy embarazada, así que tengo un aspecto algo distinto; además, soy inglesa’. Ella contestó: ‘Pero ¿qué hace usted aquí?’. Y respondí: ‘Es que soy de aquí’. Y me soltó: ‘¡No debería usted estar comprando carnes frías en el Soho!”.

En cuanto alguien aparece en la gran pantalla y pasa a formar parte de la imaginación del público, da la impresión de que se ha convertido en un ser de otro planeta. La gente no quiere que esa persona sea real. “Fíjate en Kate Moss”, continúa 
Rosamund. “Ella no habla nunca, ¿verdad? Eso ha influido muchísimo en las expectativas de la gente”.

El rodaje de Perdida fue una experiencia especialmente agotadora debido a la tendencia de Fincher a hacer multitud de tomas. “En esa película pasé más tiempo frente a la cámara que en toda mi carrera hasta el momento, porque David filma entre cinco y seis horas de metraje al día, y hay más de cien días de rodaje; al final acaban siendo muchísimas horas”, cuenta Pike. Grabaron 36 veces la escena en la que Rosamund le corta el cuello a Neil Patrick Harris (que encarna a su salvador y captor, Desi Collings). En cada toma había que volver a montar todo el decorado; piensen en las 36 duchas que tuvieron que darse para quitarse la sangre falsa.

“Les pedí que lo ensayaran durante tres días”, explica Fincher, “durante los cuales lanzamos veinte litros de sangre por el cuello de Desi utilizando una bomba de aire”. Perfeccionaron la escena durante una semana, y después la rodaron con “36 sábanas, 1.700 litros de sangre y 36 calzoncillos”.


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