Cuidado con la fiera

Chris Pratt está acostumbrado a sacar las garras, por lo que plantará cara a dinosaurios y aspira a ser el nuevo Indiana Jones.

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Demasiado gordo, demasiado payaso, demasiado formal... A Chris Pratt (Virginia, Minnesota, 1979) le recordaron durante años en las audiciones todo lo que le sobraba, pero nadie supo explicarle lo que le faltaba: eso que distingue a los actores de las estrellas. Por suerte, Pratt, que en 2014 protagonizó Guardianes de la galaxia y puso su voz a La gran aventura Lego, dos de los tres estrenos más taquilleros del año, se fogueó en una escuela más dura que cualquiera de interpretación: la venta a domicilio.

“Aprendí a ser entusiasta delante de desconocidos y a manejar el rechazo”, ha declarado sobre su experiencia. Inaccesible al desaliento, tras ver cómo le quitaban los papeles de héroe Sam Worthington y Chris Pine en Avatar y el remake de Star Trek respectivamente, sacó a la fiera que lleva dentro. Una fiera simpática, eso sí.

Planificador enfermizo  —“hasta las tonterías que digo las preparo durante años”—, trazó una estrategia. Primero, cambio de mentalidad. Si quería un papel, no aceptaría un “no” como respuesta. Aunque eso conllevara —punto segundo—, dieta y ejercicio intensos, como los que hizo para tener la musculatura del marine que cazó a Bin Laden en La noche más oscura. Y por último, no renunciar a su arma secreta: el sentido del humor. No en vano se ha coronado interpretando a Star-Lord, el único superhéroe del universo Marvel que derrota a sus enemigos… ¡bailando!

Estrella y fiera, todo en uno, ahora domina el potencial blockbuster de 2015, Mundo jurásico, nueva entrega de una saga que el intérprete considera “mi Star Wars” y en la que tiene domados a los temibles velociraptores. ¿Quién diría ahora que le falta algo? Ante los rumores de que Steven Spielberg y Disney quieren que sea el nuevo Indiana Jones ha dado un paso adelante: “Pueden llamarme, no me intimida”.