Cómo la saga Star Wars aprendió de todos sus errores

Hace casi 40 años que se estrenó el Episodio IV. Hoy, la saga de George Lucas recupera el espíritu que la hizo célebre.

El 4 de mayo, de nuevo, ha inundado la red con referencias, anécdotas y celebraciones de la saga ‘Star Wars’ en conmemoración de la frase “May the Force be with you” y su similitud sonora con la fecha (May the fourth). En un ejercicio de promoción meta-referencial, Disney (la actual dueña de la saga y del mundo entero) ha publicado en Vanity Fair un inmenso reportaje exclusivo que continúa la brillante campaña del Episodio 7. La portada muestra los únicos cuatro personajes que ya hemos visto en los trailers: Han Solo, Finn, Rey y el droide BB8.

En páginas interiores Annie Leibovitz retrata también a Adam Driver (el novio de Lena Dunham en "Girls") como el villano Kylo Ren y a Oscar Isaac como el aventurero Poe Dameron. La exclusiva también ha incluido acceso a imágenes del rodaje, que han confirmado que la ganadora del Oscar por ’12 años de esclavitud’ Lupita ‘Nyongo interpreta a un personaje digital, arrancando una carrera post-Oscar más cercana a la de Mira Sorvino y Jean Dujardin que a la de Jennifer Lawrence y Matthew MaConaughey. Es decir, un papel de prima de Jar Jar Binks que podría hacer cualquiera.

A estas alturas todos damos por hecho que The force awakens será un fenómeno de masas, disfrutará del monopolio de estanterías en las tiendas de juguetes y no bajará de los 1500 millones de recaudación mundial. Si Furious 7 puede, la nueva entrega de ‘Star Wars’ apunta a una recaudación mastodóntica.

Pero las cosas no pintaban tan bien para George Lucas en 1977. Tras invertir 11 millones en la producción (que hoy en día es lo que debe de costar el papel higiénico de Robert Downey Jr), Fox estaba aterrorizada ante el lanzamiento de la primera película comercial de ciencia-ficción de la historia del cine. Cuando tan sólo 70 cines accedieron a proyectarla, decidieron chantajearles amenazando con no permitirles programar El otro lado de la noche, una de las películas más esperadas del año. No, yo tampoco sé lo que es El otro lado de la noche.

La inclusión de la palabra “guerra” en el título había espantado a los espectadores encuestados, que habían salido escaldados de la guerra de Vietnam. Por no hablar de la mitad de los ejecutivos de Fox, que creían que era una película sobre las broncas entre Liz Taylor y Richard Burton. La campaña de promoción se centró en los protagonistas humanos y en la sensualidad de Carrie Fisher, mientras Fox obligaba a George Lucas a renunciar a su sueldo como director a cambio del beneficio TOTAL del merchandising. Sin duda alguna, la decisión empresarial más desastrosa de la historia del cine.

Por aquella época, la comercialización de productos y muñecos relacionados con películas era considerada un suicidio económico. El cine se concebía como un entretenimiento con principio y final dentro de la sala, y la imposibilidad de fabricar muñecos con tiempo suficiente para lanzarlos coincidiendo con el estreno de la película implicaba que para cuando el merchandising llegaba a las tiendas la gente ya había olvidado la película. Paradójicamente, hoy en día se fabrican muñecos cuando el guión de la película ni siquiera está escrito. El aguante de La guerra de las galaxias en salas fue tan implacable que (tras su estreno en mayo) llegó la Navidad y las tiendas vendían cajas vacías con un cupón dentro que decía “vale por muñecos de Star Wars” que no estarían listos hasta marzo. Para entonces, la película seguía proyectándose en los cines.

Tras casi cuatro décadas, no hay absolutamente ningún objeto de la vida cotidiana que se nos pueda ocurrir que no tenga su versión ‘Star Wars’: moldes para cupcakes, cortinas, paraguas, pijamas, sandwicheras, cortauñas, tuppers y rizadores de pestañas.

Cada año vivimos fenómenos culturales que nos hacen sentir parte de una comunidad, pero el de Star Wars en 1977 sigue siendo una fiebre masiva única e incomparable. Del mismo modo que Lo que el viento se llevó revolucionó el arte del cine para contar historias más grandes que la vida a todo color y Avatar devolvió al gran público a las salas de cine en plena crisis de la industria, con Star Wars nació el ahora concepto de “experiencia cinematográfica”. Por aquel entonces la gente se pasaba las horas delante de la televisión, pero ir a ver La guerra de las galaxias se convirtió en algo obligatorio.

Nadie había visto nada parecido antes, todo el mundo quería repetir, y lo que es más importante, llevar a sus amigos y familiares al cine para compartir la aventura de descubrir el apasionante universo de los caballeros Jedi y el Imperio. Del mismo modo, la trilogía gozó de un vínculo emocional que trascendió generaciones y empujó a los adolescentes que vivieron el fenómeno y no hablaron de otra cosa en el verano del 77 a poner a sus hijos delante del televisor para compartir la experiencia con ellos, tuvieran o no uso de razón para entender la vibrante epopeya de Luke Skywalker.

38 años después, el lado emocional de la trilogía ha sido analizado desde todos los puntos de vista, todos acertados y todos incompletos. Quizá sea la simpleza de su conflicto base (el bien absoluto contra el mal corrompido) y su lenguaje universal (caballeros y princesas), enmarcado en un universo exótico y luminoso que fascina a público de todas las edades con su iconografía pastiche de túnicas medievales y velocidad más rápida que la luz.

Sin por supuesto ignorar la revolucionaria propuesta del formato de trilogía: a nivel económico, es una apuesta segura tras el éxito de la primera entrega; a nivel artístico, permite trascender entre los espectadores como un relato portentoso y lleno de ambición. Del mismo modo, invita a utilizar recursos como el cliffhanger, pavimentar los giros sorpresa y construir una evolución de tono y de personajes llena de matices. La saga se tornaba menos ingenua y aventurera hacia la tragedia de familia disfuncional de toda la vida, para acabar en un espectáculo apabullante de luchas, explosiones y humor infantiloide en forma de Ewoks. Vamos, como todo el cine comercial actual.

Si eres fan de La Guerra de las Galaxias, tienes que seguir leyendo.