Destino Hillary

Hillary Clinton tiene un papel histórico: el de convertirse en la mujer que frenó a Donald Trump.

Una cena de 20 personas en la que los invitados de honor eran Sarah Jessica Parker y Matthew Broderick. El anfitrión, un embajador y su marido. Entre los asistentes, un famosísimo financiero, una actriz, una diseñadora, el director de un importante periódico, el dueño de una marca de artesanías. Los países de origen: México, Estados Unidos, Bulgaria, España... A mi izquierda, un ejecutivo que trabaja en banca de inversión. A mi derecha, un empresario dedicado al mundo del diseño.

Difícil imaginar más diversidad en un grupo tan pequeño. La conversación de la noche fue si Hillary conseguiría llegar a la presidencia de Estados Unidos. O, por decirlo de forma más concreta, si Hillary Clinton conseguiría impedir que Donald Trump llegara a la presidencia de Estados Unidos.

Sarah Jessica Parker y su marido han apoyado a los Clinton desde hace años. Sarah, de manera firme e inequívoca, sin la duda de algunos de sus compañeros de Hollywood que pivotaron en algún momento en la dirección de Bernie Sanders. La vimos hace unos meses en una cena para recaudar fondos a la que se sumaron desde George Clooney a Jennifer Lopez, pasando por Leonardo DiCaprio. Hace tres años y cuando la exsecretaria de Estado aún no había anunciado su intención de pelear en la carrera por la Casa Blanca, ya dijo públicamente que la consideraba preparada para gobernar. Así que a nadie podría sorprendernos que en esa mesa mantuviera su apoyo con la misma firmeza relajada y sonriente con que Carrie Bradshaw defiende la propiedad de su departamento de renta antigua en el Upper East Side.

Hillary ha vivido en estas semanas el vértigo de una posibilidad real: la de convertirse en la primera mujer que llega a la presidencia del país más poderoso de la Tierra. Se ha escrito, se ha hablado mucho de la ruptura del techo de cristal, del paso gigantesco que esa posibilidad supone para el poder de las mujeres. Ha tenido la inteligencia de acompañarse en este camino del hispanoparlante Tim Kaine y pelea el voto femenino pero también por el voto latino. Estos días hemos visto a la candidata demócrata rentabilizando la presencia de niñas en los mítines y envolviendo sus discursos en un tono inspirador para las mujeres.

Más allá de lo complicado que le va a resultar ser vista como la presidenta de quienes van a votarla pero también de quienes la despedazaron por ser la esposa dispuesta a perdonarlo todo en su matrimonio con tal de mantener el poder. Más allá de su papel, sean cuales sean las circunstancias, es histórico porque efectivamente nunca una mujer tuvo tan cerca tanto poder y de una manera tan global. Más allá de que la mesa de la que les hablaba no es más que un pequeñísimo microcosmos, me voy a permitir extrapolar una inquietante conclusión. Hillary es la mujer que puede hacer historia, sobre todo, porque habrá sido capaz de frenar un terrible fantasma que sobrevuela Estados Unidos, que amenaza Europa: el del extremismo, el populismo, la violencia que genera la ignorancia y la irracionalidad. Hillary tiene un papel histórico, el de convertirse en la mujer que frenó a Trump.