‘Lo peor de la moda ahora son las mujeres que salen casi desnudas’

Carolina Herrera, engalana junto a sus hijas, Carolina y Patricia, nuestra portada de mayo.

Blanco o beige, ¿qué te parece? La pregunta me toma desprevenida. Carolina Herrera me frena en un pasillo de su oficina camino a la producción de fotos. Está vestida con una camisa blanca muy almidonada emblemática de su look, pero con pequeños calados que le dan giro inesperadamente sexy a la vez que perfectamente apropiado para la cabeza de un imperio. Pero no sabe qué hacer respecto al color del cinto, y me lo está consultando. “You look fantastic, Mrs. Herrera”, por suerte escucho que alguien le grita por detrás de mí con un fuerte acento francés. Es Francois Kress, el nuevo CEO de la empresa. Asiento como si efectivamente hubiera meditado las opciones de accesorios y el tema queda cerrado. El delgado cinto de charol beige con un moño que ya tiene puesto es el elegido, y Herrera corre a enfrentar la cámara.

Enfrentar en realidad no es el verbo correcto. “La señora H”, como escucho que también la llaman en el trabajo. Es absolutamente firme (“foto sí, pero sin el brazo”, me dice, por ejemplo, que les alerta a los fans que la detienen en sus ejercicios vespertinos por Central Park y quieren una selfie tomándola de la cintura), pero habla tan sonriente que nada parece una confrontación. Y tampoco corre. Se desplaza como un rayo, tanto en el parque como en su oficina, sin jamás perder la compostura y el aire ciertamente regal.

El estilo distinguido tanto de Herrera como de sus creaciones sobresale en tiempos donde lo agresivamente informal es la norma. “Lo peor de la moda ahora son las mujeres que salen casi desnudas —dice en referencia a varias celebridades pulposas que pudieron verse en la última alfombra roja de la gala del Met, y cotidianamente en Instagram—. Después de Eva, estar desnuda no le queda bien a nadie, pero lo peor es que las mujeres que no se pueden poner solo una hoja de parra, son justamente las que insisten en usarla”.

La entrevista es en las oficinas corporativas de Carolina Herrera. Es un universo classy, con pisos blancos luminosos, flores perfumadas y fotos de eventos familiares que le sacan la rigidez institucional. Están en un último piso donde no llega el ruido, y por las ventanas y el patio que la circula se ven las puntas de los edificios cercanos que en lo alto mantienen su esplendor bien Old New York.

No es que Herrera, cuya firma este año cumple 35 años en el mercado, se haya quedado atrasada en el tiempo. “Tuvimos 900 mil visitantes en dos años, que no está mal, creo”, dice con orgullo respecto a la cuenta de Instagram @Houseofherrera. Pero insiste en que, aún en la era de los medios digitales, nunca hay que mostrarlo todo. “La clave siempre es el misterio. ¿Quién quiere estar con un libro abierto? ¿Por qué quieres que tus amigas sepan qué comes? ¡Cada vez que voy a un restaurante hay más gente sacándoles fotos con sus teléfonos a los platos que conversando! Un poquitito de misterio. Mentira, bastante misterio. En todo lo que haces es fundamental. Y en la ropa también. Algunas niñas piensan que la palabra elegancia está pasada de moda. Yo creo que no importa cuánto cambie el mundo, es eso y no toda la piel que ellas muestren lo que las va a hacer diferentes y atractivas”.

Para probar el punto, a pocos metros están sus hijas Carolina y Patricia, cuidando que no esté exageradamente abierto el escote de sus vestidos para las fotos. Cuando llega el fotógrafo, les pide que miren a la cámara como si tuvieran un secreto que no quieren compartir con nadie. De más está decir que no hay que repetir la toma: criadas en el arte del misterio, a ambas les sale a la perfección.

Carolina y Patricia, hijas menores de las cuatro que tiene la diseñadora y las únicas que trabajan con ella, son la extensión natural de ambos extremos en un delicado equilibrio que logró tanto la madre como la firma: ser un emblema de la high society neoyorquina sin perder su costado latino.


*Descubre el reportaje completo en la edición impresa de Vanity Fair mayo 2016, a la venta a partir del 26 de abril.