Beyoncé, una de nosotras

Esta es la historia de una mujer que en vez de escribir sobre la infidelidad, capitalizó su éxito en 'limonada'.

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En lugar de hacer doce videos para doce canciones, hay un solo video (‘Formation’, el sencillo lanzado el 6 de febrero) y una película de una hora estrenada en HBO el 23 de abril que reúne las otras 11 canciones del nuevo álbum Lemonade. La belleza del álbum solo se equipara a lo interesante de la película, la cual intercala textos de las canciones con diálogos, así como contribuciones del archivo histórico para contar una narrativa tan evidentemente personal que ha creado un interés público que no se había visto desde los tiempos de 'Thriller' de Michael Jackson.

La narración está estructurada en capítulos titulados Intuition, Denial, Anger, la cual comienza con Fort Macomb, unas ruinas militares de los años 1800, ubicadas en las afueras de Nueva Orleans, lo cual establece de inmediato una conexión con la esclavitud del sur, la cultura afroamericana y el origen del dolor que Beyoncé busca contar. “La deshonestidad se siente/está en tu aliento” es el primer verso de la primera canción, ‘Pray You Catch Me’, y por si hubiera dudas del hecho de que se refiere a Jay Z, se interrumpe la canción con un texto adaptado de la poesía de la somalí Warsan Shire: “Me recuerdas a mi padre, un mago, capaz de existir contemporáneamente en dos lugares diferentes. En la tradición de los hombres de mi estirpe, llegas a casa a las 3 de la mañana y me mientes... ¿Me estás traicionando?”.

La canción termina con ella aventándose al vacío, como si se suicidara. Sin embargo, el asfalto se convierte en agua y ella reemerge sumamente enojada. “Que forma tan malvada de tratar a la mujer que te ama”, canta en ‘Hold Up’ mientras rompe la ventana de unos autos con un bat de baseball. La anterior es una cita de una obra de la videoartista Pipilotti Rist. Todavía más explícita en ‘Don't Hurt Yourself’: “¿Quién $&% crees que soy? / No te casaste con una idiota cualquiera, muchacho [...] Quédate con tu dinero, que yo tengo el mío [...] Llámame Malcolm X”. Mientras se muestran imágenes de desconocidas afroamericanas se escucha el audio de un discurso pronunciado en 1962 por el mítico activista de los derechos civiles que dice: “La persona más aplastada en América es la mujer negra”. “Bésame el culo, muchacho / Esta noche destruyo tus cosas”, dice la canción cuando se ve a un monster truck aplastar una fila de autos. Llega al ultimátum: “Ésta es tu última advertencia / Sabes que por ti daría la vida / Pero si lo intentas de nuevo / perderás a tu esposa”. Termina la escena con ella aventando su anillo de matrimonio.

El descrédito total (consciente) de Jay Z se muestra en ‘Sorry’. Comienza con una voz: “¿Qué dirás en mi funeral ahora que me has matado? Aquí yace el amor de mi vida, a quien le rompí el corazón. Aquí yace la madre de mis hijos. Descansa en paz amor mío, amor que di por sentado. Cenizas a las cenizas, polvo a las prostitutas”. “Dedo medio arriba, mano en alto / Golpéalo en la cara, dile: adiós muchacho”, canta con un aire amenazador, mientras la tenista Serena Williams baila a lado de ella. Después, bella como una diosa entona la última estrofa: “Miro el reloj, debería ya estar en casa / lamento el día que me puse aquel anillo (...) Te dejé una nota en la entrada / Cuando lo leas estaré lejos (...) Yo y mi bebé estaremos bien”. Se escucha en los versos finales lo que desencadenó la búsqueda de “la otra”: “Me quiere solo cuando no estoy / Llama a aquella Becky del cabello lindo”.

La canción ‘6 Inch’, un tema acerca de las mujeres que viven en tacones, es un himno al empoderamiento femenino. ‘Daddy Lessons’ gira alrededor del tema de los modelos familiares (errados): “Mi papá me decía que me alejara de hombres como tú”, se escucha en la canción. Pero la voz –“Querida mamá, quisiera compensarte por todas las veces que él te humilló”– le da una nota de amargura al video que muestra a Beyoncé de bebé con su papá: no es una coincidencia que lo haya “despedido” como representante hace cinco años, unos cuantos meses antes que la madre se separara de él.

La inspiración visual africana de ‘Love Drought’ con el maquillaje tribal de Yoruba es resultado de la colaboración con el artista nigeriano Laolu Senbanjo. Los versos personales de arrepentimiento siguientes acerca del amor que termina dicen: “Tú y yo podíamos mover montañas.” La voz promete una cura (“La reconciliación es posible”) la cual se mantiene durante la siguiente canción, Sandcastles: “Platos rotos de nuestro último encuentro / Fotos arrancadas de sus marcos / Idiota, arañé tu nombre y tu rostro / Pero, ¿qué cosa de ti no puedo borrar? [...] Tu corazón se rompió cuando me fui / Muéstrame tus cicatrices y no me iré / Sé que prometí irme / Pero las promesas no siempre se mantienen”, canta Beyoncé mientras en el video se muestra a Jay Z.

La canción del renacimiento, ‘Forward’, va acompañada de la imagen de la madre de Trayvon Martin, asesinado a los 17 años por un oficial en Florida, y la imagen de los familiares de los jóvenes negros asesinados por la policía. El tema social regresa en 'Freedom', canción en la que colabora el rapero políticamente activo Kendrick Lamar. Al centro de todo se encuentra la discriminación contra las mujeres y los afroamericanos. No es casualidad que aparezca Winnie Harlow, modelo negra famosa por las manchas blancas en su rostro a causa del vitiligo, las cuales dan un ejemplo de los prejuicios relacionados con el color de la piel. Se escucha una voz, la receta de la limonada. Otra voz da un homenaje a la abuela: “Has transformado en oro tu vida, y en belleza las cosas abandonadas; has encontrado la cura donde no había, encontrado el antídoto en tu cocina, has roto el encanto con tus manos; has pasado las instrucciones a tu hija, y ella a la suya”.

En un video se escucha el discurso de los noventa años de Hattie White, abuela de Jay Z, el cual da el nombre al álbum: “He tenido mis altas y mis bajas, pero siempre he encontrado la fuerza para levantarme. Me dieron limones, e hice limonada”. “Cada lágrima ha traído consigo redención / Y mi tortura se ha convertido en mi cura”, canta Beyoncé en ‘All Night’, la canción que confirma el perdón, la cual va ilustrada con recuerdos del matrimonio, el embarazo, y su hija, Blue Ivy.

La película termina ahí. Falta solo el video de Formation, el cual no por casualidad está ambientado sobre el toldo de una patrulla del Departamento de Policía de Nueva Orleans. Este video fue lanzado dos meses y medio antes del álbum, en la fecha correspondiente al cumpleaños número 21 de Trayvon Martin. De inmediato, el video se convirtió en el himno de Black Lives Matter, el movimiento social de protesta por la violencia de la policía contra jóvenes afroamericanos. Como respuesta, los sindicatos de los policías anunciaron su intención de no contribuir al aparato de seguridad del tour de la artista, y lanzaron un boicot, el cual se reforzó cuando salió el álbum con las fotos de los jóvenes muertos. Ella misma lidió (y neutralizó) el boicot sacando a la venta camisetas con la leyenda “Boycott Beyoncé”. El ingenio no se escurre como el agua, ni como limonada.

Pero entonces, ¿Beyoncé es humana? Es una hipótesis aventurada, pero parece ser la preferida del público en general. Apenas tenía pocas horas de haber sido lanzado Lemonade cuando la decisión colectiva ya se había tomado: este es el álbum con el cual Beyoncé (rockstar, millonaria, mujer de portadas: muy por arriba de todos) nos confesaba que, en realidad, es justo como el resto. Alguien a quien le han puesto el cuerno; solo que, en lugar de hacer comentarios contra el infiel en su estatus de Facebook lo que hace ella es crear una obra de arte.

En otras palabras, lo que significa el dicho americano que citó la abuela de Jay Z es: “en lugar de lamentarte por lo que el destino te dio, úsalo lo mejor que puedas. Si la vida te da la reputación de mujer engañada, haz de eso un negocio multimillonario”.