¿Quiénes están detrás de la violencia en Venezuela?

Conoce a los responsables de los asesinatos que vive el país sudamericano en su día a día.

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Cuando el expresidente Hugo Chávez lanzó su famosa revolución bolivariana en 1999, uno de los argumentos con los que se la vendió al país fue que disminuiría exponencialmente la violencia. Una y otra vez se lo repitió a sus compatriotas con la convicción que lo mantuvo en el poder hasta el día de su muerte: una mayor igualdad social resultaría en menos crímenes. Claro ejemplo —decía— era Cuba, que hoy presume una tasa de homicidios similar a la de Estados Unidos.

Pero la ecuación que parecía evidente se quedó enterrada junto a los discursos del exmandatario. “Venezuela se desangra”, titulan los medios internacionales con tanta frecuencia que se ha vuelto un cliché, mientras que las cifras oficializan el clima de violencia que encarna el país. En febrero el gobierno de Nicolás Maduro publicó su primer reporte de criminalidad en años. Reportó 17,778 asesinatos en 2015, es decir, 58 homicidios por cada 100,000 habitantes, mientras que en Estados Unidos esta cifra es cuatro. Esos son los números más optimistas. El Observatorio Venezolano de Violencia publicó datos de criminalidad históricos en su informe del año pasado, con un total de 27,875 asesinatos, 90 por cada 100,000 ciudadanos.

La situación, que ha escalado rápidamente en las últimas semanas, tiene preocupadas a entidades como la Unasur y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que intentan impulsar un diálogo global. Un proceso que busca bajar al chavismo del podio legalmente y a través de un referendo tiene al país en jaque, con encuentros violentos a la orden del día. Uno de ellos ocurrió el jueves, cuando un grupo de diputados opositores tocó puertas en el Consejo Nacional Electoral (CNE) para exigir la validación de firmas para tramitar el referendo revocatorio. Los militares los sacaron a la fuerza, y después fueron agredidos por supuestos oficialistas. Son muchos los episodios violentos que agobian al país en su cotidianidad, pero ¿quiénes son los perpetuadores del crimen?

Bandas de narcotraficantes
Como si la escasez de alimentos, medicamentos, la pobreza y la polarización del país no tuvieran a los venezolanos lo suficientemente abatidos, se suma otro problema a las calles del país: el narcotráfico. Sus barrios más pobres son sede de un número cada vez mayor de bandas criminales que se dedican a la compra y venta de droga. A diferencia de los grandes carteles en México, se trata de pequeños grupos de decenas de personas que controlan un número limitado de cuadras. Pero tienen a sus hombros granadas defensivas, fusiles de asalto y otras armas potentes con las que cometen robos y acaban con rivales.

Venezuela no produce cantidades importantes de cocaína, pero ha sido escogida como escala para la venta de droga desde Colombia a Europa y Estados Unidos. El negocio de la droga también tiene implicadas a varios oficialistas. En febrero el mayor del ejército Juan José Sorja fue sorprendido y detenido con las manos en la masa junto a seis civiles y 503 kilos de cocaína ocultos en un vehículo. Y para acabar de rematar, el sobrino y el ahijado de Maduro fueron arrestados en Haití en noviembre pasado por supuestos vínculos con el narcotráfico.

Colectivos chavistas
Si alguien ha sido fiel a las órdenes del difunto presidente Chávez estos son los colectivos, que han cumplido a cabalidad la misión de ser “el brazo armado de la revolución bolivariana”. Se trata de grupos armados que se toman la justicia en sus propias manos, abogando que la policía no cumple con su labor de garantizar el orden. Con esa justificación, se toman la libertad de matar a quienes —a su juicio— son criminales, ya sea por asesinato, robos y demás. Pero también son acusados por la oposición de amenazar a quienes manifiesten su inconformismo con el chavismo.

Cuando los seguidores de Chávez empezaron a conformar los grupos armados conocidos como colectivos, el gobierno socialista no hizo mucho para detenerlos, y rara vez les confiscó armas o les pidió que rindieran cuentas por sus actos. Hoy no hay cifras oficiales que indiquen cuántos son, pero algunos proclaman que rondan los 8,000, la mayoría concentrados en la capital.

Los analistas apuntan que el caso de los colectivos armados es la consecuencia de la renuncia del Estado a controlar algunos sectores del país, donde el poder lo ejercen a plenitud las organizaciones criminales.
La policía

Los encargados de imponer orden en el país no solamente son criticados por no cumplir con su labor. Muchos se han visto involucrados en crímenes de alto impacto. Según el estudio del Observatorio Venezolano de Violencia, las autoridades asesinaron a 3,800 personas el año pasado, convirtiéndolos en una de las fuerzas policiacas más salvajes del mundo, además de figurar constantemente en casos de corrupción. Pero los uniformados también son víctimas de la violencia. Según conteos de organizaciones defensores de los derechos humanos, más de 330 oficiales de la policía fueron asesinados el año pasado. El oficialismo tiene un historial conflictivo con la policía que data desde que Chávez asumió el poder. El ministro venezolano del Interior, Tarek El Aissami, afirmó en 2009 que entre 15 y 20% de los crímenes más violentos registrados en el país los cometían los agentes policiales.

A estos actores se suma la criminalidad común, que cada vez es más numerosa, motivada por la escasez de productos y la profunda crisis económica que vive el país. Con el intento de revocación del gobierno en marcha, se espera que Venezuela, convertida en un campo de batalla, se recrudezca. Mientras el gobierno verifica las firmas que recogió la oposición con huellas dactilares, la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, lanzó una advertencia. “Cualquier agresión, alteración, o generación de violencia conllevará la suspensión inmediata del proceso hasta que se restablezca el orden”. A juzgar por los episodios recientes, los próximos meses darán mucho de qué hablar.