El cambio que se avecina en Venezuela

¿Es la victoria reciente del MUD el principio del fin del socialismo chavista?

Latinoamérica se ha convertido en las últimas semanas en la metáfora viviente que solía predicar la mamá de Forrest Gump: una caja de bombones, “nunca sabes lo que te va a tocar”. Se ha visto en las recientes elecciones presidenciales de Argentina y ahora, mucho más sorprendente y atinado aún, en las legislativas de Venezuela. Son tantas las novedades alrededor de éstas, que sus posibles causas y consecuencias se multiplican hasta marear a cualquier analista político, no sólo al amateur. He aquí algunas razones:

El resultado parecía una posibilidad remota
Han pasado más de 16 años desde que el partido (y modelo de gobierno) instaurado por el ex presidente Hugo Chávez se enfrenta a una oposición. No es un dato menor cuando se trata de algo que parecía impensable hasta pocos meses atrás, donde reinaba un aparente status quo entre la población y el gobierno, tanto por las buenas como por las malas. Sin embargo, la suma de todos los partidos de oposición, un verdadero coctel impredecible de izquierdas, centroderechas y derechas, concentrados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha logrado 112 escaños sobre 51 del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), con el voto de más del 70% de los electores, algo que augura un cambio de gobierno y tendencia política en las próximas elecciones presidenciales.

Dada la combinación explosiva de partidos de oposición, habrá que ver a qué conduce el cambio, mismo que salvo que las voluntades de cada facción cedan lo suyo por un bien mayor, podría causar no sólo la predecible lucha de poder con el gobierno de Nicolás Maduro, sino también un conflicto interno por el dominio de una determinada corriente de gobierno sobre las demás.

El miedo al cambio y el miedo a no cambiar
Uno de los factores determinantes de los resultados de los comicios del domingo ha sido el miedo, en todas sus facetas y ángulos. Se ha hablado mucho sobre cómo el temor ha sido una de las herramientas más poderosas para producir no sólo esa larga permanencia en el poder, sino también para movilizar al cambio: De acuerdo con encuestas realizadas por la firma Delphos, en Venezuela el 50% de la población está convencida de las elecciones en su país están vigiladas, es decir, que el voto no es secreto. Quienes se oponen no al modelo completo, pero sí a algunos aspectos, o quieren que haya un contrapeso en el poder, aún siendo chavistas, no se sienten (o sentían) con libertad de expresar su opinión sin recibir a cambio algún tipo de reprimenda por parte del estado.

Por otro lado, está el temor a la pérdida: nada aterra más al humano que el cambio, porque implica poner el pie en la incertidumbre de un futuro que puede ser —y sí, es pesimista, pero también real— peor. Este es uno de los más extendidos entre buena parte de la población de Venezuela, para quienes el estado ha asumido un rol de proveedor casi único de toda fuente de supervivencia: tanto como empleador (la burocracia es una de las principales fuentes de empleo, en forma directa e indirecta), como a través de los subsidios que mantienen a la población venezolana a flote en medio de una crisis en la que sobrevuela constantemente el coco de la inflación infinita.

Pero ese temor a la pérdida de las fuentes de trabajo y de apoyos gubernamentales, al parecer, ha sido superado en los últimos tiempos por el miedo a que todo siga igual: aunque Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, su economía atraviesa desde hace algunos años una caída libre que a su vez produce efectos colaterales como el incremento de la violencia, la falta de algunos suministros (y su consecuente racionalización controlada), etc.

Qué se puede esperar
Los analistas coinciden en que el poder que tendrá la oposición en el Congreso hará a contrarrestar algunas medidas que provengan del ejecutivo, dado que aunque el presidente Nicolás Maduro mantenga la autoridad ejecutiva en todas sus formas, la MUD podrá tener incidencia sobre decisiones alrededor del gasto público, la elección de ministros (y su remoción), así como también sobre el futuro de los presos políticos, otro de los temas álgidos de la política de Maduro en los últimos años. Y si bien esto es sólo el inicio de un proceso de cambio con final inesperado, es un hecho que lo que sigue no será miel sobre hojuelas para ninguno de los bandos. Los siguientes meses nos revelarán qué bombón salió de la caja.