Todas las películas de Pixar, ordenadas de peor a mejor

Tras el estreno de Inside Out, homenajeamos a la empresa que nos ha hecho soñar.

Pixar lleva 20 años emocionando a seres humanos (y alienígenas, que si tienen acceso a sus películas deben de creer que nuestro planeta es lo máximo) de 0 a 99 años, con una capacidad para sorprendernos y unos conceptos tan sencillos que nos hacen preguntarnos por qué no se le ocurrió a nadie antes. Cuentan los rumores que las tramas de sus primeras 5 películas salieron de una sola reunión entre sus fundadores, cuya creatividad hace que nos sintamos unos inútiles

Afortunadamente, en Pixar son tan buenas personas que también están ahí para consolarnos cuando nos sintamos desamparados, con aquella preciosa iniciativa que nos demostró que efectivamente la gente de Pixar es mucho mejor que nosotros en todo. Con tanto talento ni siquiera necesitarían ser buenas personas, pero encima lo son.

Pero no podemos odiarles. Les queremos. Aunque dentro de su genialidad hay altibajos: ¿cuáles son las peores películas (o mejor dicho, las menos magistrales) y cuáles son las que hacen del mundo un lugar mejor? Este es nuestro ranking.

14 y 13. Cars y Cars 2 (¿y si los coches tuvieran sentimientos?)

Pixar nos tenía tan malacostumbrados que su primera concesión infantil, sin guiños adultos ni escenas existencialistas, fue percibida como una maniobra facilona y comercial. Hasta que llegó su secuela, y convirtió Cars en Ciudadano Kane. Tratándose de las dos películas que más dinero han hecho en merchandising, no podemos culpar a Pixar de tener ya prevista la tercera parte.

12. Brave (¿y si las pelirrojas tuvieran sentimientos?)

La crisis de Disney coincidió con la cima de Pixar, y estos se vinieron arriba al hacer una película de princesas. Es un poco prepotente que apostaran por un discurso feminista que parecía decir "nosotros somos los hijos modernos y rebeldes de Disney". El problema es que Brave no va de nada: una princesa con gran pelo (despeinado, por eso sabemos que es intrépida) quiere vivir aventuras y no esperar dormida a que la rescaten. Al final le dejan irse a montar a caballo por su reino. El mayor reto al que se enfrenta es que su madre se ha convertido en una osa. Qué fácil es ser aventurera cuando no tienes otra cosa que hacer.

11. Monstruos University (¿y si los monstruos tuvieran carrera y sentimientos?)

Es muy entretenido ver al equipo de esta película contar lo emocionados que están por reunirse con sus queridos personajes. Bonita forma de atracarnos. Tiene sentido, trabajar en una película grandiosa como Monster’s Inc. y no rentabilizar más ese universo es como comprarse un bono de 10 viajes y dejar que se caduque. Pero multiplicado por 700 millones. La película es un homenaje a las comedias ochenteras de universitarios con gorras que llevan latas de cerveza enganchadas, y una oda a la ausencia de alma de John Lasseter, que cuando fue nombrado presidente ejecutivo tras la compra de Pixar por parte de Disney aseguró que paralizaría toda secuela.

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10. Toy Story 2 (¿y si los juguetes tomasen cafeína?)

Esta secuela confirmó a Buzz y a Woody como verdaderos iconos culturales de nuestra generación, como Mickey o Bugs Bunny. Estaba prevista para DVD, y se nota, es una aventura inofensiva que no profundiza en los personajes. Pero es puro carisma, aventura y exaltación de la amistad. Quizá demasiado eufórica, con esa vaquera esquizofrénica que parecía recién salida de Big Brother con tantos sentimientos magnificados. Es tan tierna que criticarla es como apalear un saco de gatitos, y no seremos nosotros quienes se atrevan. Los Globos de Oro tampoco, pues le dieron Mejor Película de Comedia.

9. Bichos (¿y si las hormigas organizasen un sindicato?)

Partiendo de la base de que en Estados Unidos hay dos ramas políticas: de derechas y más de derechas aún, Bichos es la película más comunista que se ha estrenado allí. Una colonia de hormigas (que bien podría ser una colonia del imperio británico en el siglo XVIII) vivía esclavizada por unos saltamontes que son unos vagos. Las hormigas, estadounidenses y por tanto trabajadoras, se rebelan uniendo sus brazos como los manifestantes negros en las revueltas de los 60 (en serio, esta película es tremenda). Al final empujan al saltamontes jefe a un nido de pájaros que se lo comen. Ese nido es Angela Merkel.

8. Los increíbles (¿y si los superhéroes tuviesen hijos?)

Antes de que todas las películas del planeta fueran de superhéroes, el público hasta sabía distinguirlas. Y supo apreciar el encanto y la emoción de una familia que salva el mundo, pero sigue teniendo sus preocupaciones: la hija adolescente que quiere desaparecer (literalmente) y que es guapísima cuando se quita el pelo de la cara, la madre preocupada porque ya no le caben los pantalones de licra y el bebé que quiere prender fuego a todo. Puede que su clímax de 40 minutos sea demasiado ruidoso (como todas las películas de superhéroes al fin y al cabo), pero sus personajes son tan profundamente humanos que resultan entrañables.

7. Up (¿y si los viejos fuesen ágiles?)

¿Pueden 10 minutos justificar la existencia de una película? Tal y como demuestra el baile final de Dirty Dancing, sí, sin duda. El prólogo de Up es la más emotiva crónica de la vida en pareja que el cine ha hecho jamás. Las imágenes de Carl y Ellie siendo compañeros de vida, con una tierna música que logró el Oscar (la película estuvo nominada a Mejor Película, ganando en Película de Animación) y un final devastador que es imposible olvidar cuando la película realmente arranca. Un niño insoportable y un viejo gruñón (todos lo son, pero este tiene motivos) viven una aventura histérica en la que pasan demasiadas cosas a la vez. La madre del niño sigue sin quererle al final (aunque parece que le sigue dando de comer), convirtiendo a Up en una tragedia sin precedentes en el cine de animación.

6. Toy Story (¿y si los juguetes tuviesen sentimientos?)

Toy Story juega con nuestras fantasías infantiles, nuestros deseos de que los juguetes cobrasen vida. Y como además de la factoría de los sueños Disney, es una enorme máquina traga monedas, lo hizo mediante dos muñecos de diseño original. El doble de sonrisas, el doble de merchandising. Buzz y Woody son dos héroes clásicos, incompatibles, pero obligados a trabajar juntos. Como Luke y Han. Como Jack y Sawyer. Una presentación de personajes impecable que juega con el concepto (ahora clásico Pixar) de la comunidad que trabaja unida por el bien común.

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5. Ratatouille (¿y si las ratas tuviesen ambiciones profesionales?)

El mayor mérito de esta película es conseguir que una rata no dé asco. Hay una razón por la que Cenicienta solo esclavizaba a ratones y pajarillos: las ratas ensucian más que limpian. Aun así nos hace mucha gracia que Remy corretee por la cocina y los alimentos, porque es una rata limpia y con sentimientos. Preciosos fondos de París, comedia de enredo y gente buena haciendo cosas por otra gente buena que culminan con el desgarrador flashback del crítico de cocina volviendo a su casa de pequeño para refugiarse en la cocina de su madre. Todos hemos sido un poco Anton Ego, y Pixar lo sabe.

4. Wall-e (¿y si nuestra aspiradora tuviese sentimientos?)

Al igual que muchos dejaron de comer cangrejo tras ver La sirenita (hasta que llegó Navidad), deberíamos plantearnos ser más cariñosos con nuestra tostadora. El cine nos ha enseñado que o bien va a matarnos, o bien tiene alma y sentimientos. El problema de Wall-e es que se nota demasiado la película que querían hacer y la película que Disney les obligó a punta de pistola (con gatillo en forma de Mickey) a hacer finalmente. Wall-e es tan aguerrida en su planteamiento inicial sin diálogos, casi expresionista, que siempre será el Pixar favorito de los cultos.

3. Monster’s Inc. (¿y si los monstruos tuviesen sentimientos?)

La idea es tan buena que hasta DreamWorks habría sacado una gran película de aquí. Mike y Sully trabajan asustando niños, cuyos gritos mantienen la electricidad de su ciudad. Si esto fuera físicamente posible no estaríamos pagando la factura de la luz al precio que la pagamos. El impacto emocional de la amistad entre Sully y la pequeña Boo es tal que la gente lleva 10 años intentando ver a Boo de mayor en todas las películas de Pixar.

2. Buscando a Nemo (¿y si los peces tuviesen memoria, pero un nulo sentido de la orientación?)

¿Quién iba a saber que la solución ante los niños perdidos era un padre valiente (y el protagonista menos carismático de la historia del cine) acompañado por una loca con amnesia? Este remake de Memento abraza el cine de aventuras y superación personal, en el que todo el mundo aprende una lección. Hasta esa niña traumatizada por su dentista porque al parecer nunca ha visto un pez en su vida. Todos hemos tenido peces, y nuestro favorito siempre fue el que nadaba más despacio. Nemo, con su adorable aleta dañada, representa una apología del sí a la vida como no hemos visto antes.

1. Toy story 3 (¿y si los juguetes temiesen quedarse en el paro?)

El puesto más alto es para la propuesta más compleja de Pixar, hurgando en el miedo a que nuestra madre nos tire los juguetes en cuanto nos independicemos. Es más hazaña, más melancólica y más película que todas las demás. La aventura de unos personajes con una química más que consolidada les pone ante el universal temor a dejar de ser relevantes. Dejar de funcionar para el único propósito para el que han sido creados. La desesperación por ser queridos, la lealtad implacable de estar unidos hasta el final (la escena de la fundición es devastadora) y la ilusión de un nuevo comienzo convierten a esta obra maestra en un nuevo nivel de profundidad emocional para el cine de animación. Todos somos Woody, y todos somos Andy. Todos hemos tenido que dejar marchar a alguien que nos resultaba imprescindible. Toy Story 3 es, básicamente, la vida.



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