Todo sea por el mezcal

Después de una larga ausencia musical, The Radio Dept pisa de nuevo tierras mexicanas.

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Con más de veinte años sobre los esce­narios, la banda sueca ha transitado por varios géneros en el indie, desde el rock alternativo hasta el dream pop. En su visita a México, aprovechamos para saber lo último de la agrupación The Radio Dept.

Tras un silencio musical de seis años y una batalla legal con su compañía disquera, estos músicos originarios de Malmo, Suecia, lanzaron en octubre pasado su cuarto álbum: ‘Running Out of Love’. Este 2017 comenzarán una gira mundial en cuya agenda México está incluido.

VANITY FAIR: ¿Cómo han cambiado las cosas para ustedes como banda, desde su último disco en 2011?

THE RADIO DEPT: A nivel personal hemos hecho cosas diferentes pero, en términos de la banda, seguimos haciendo lo mismo de siem­pre; grabamos en casa para poder tener mejor control de todo y buscamos seguir nuestras mismas rutinas de trabajo. Sin duda tenemos nuevas influencias musicales, pero usamos instrumentos sencillos, incluso de juguete, para crear sonidos originales.

VF: El público mexicano los conoce mejor ahora que cuando los visitaron por primera vez hace seis años. ¿Cuáles son sus expectativas?

TRD: Nunca pretendimos ser masivos, nos gus­ta más tocar en espacios pequeños porque sentimos que es menos intimidante y menos atemorizante. Sabemos que tenemos fans en México y estamos muy contentos de volver. Aunque nuestra visita será corta, seguro encontraremos un es­pacio para tomar mezcal.

VF: Han declarado que la inspiración para este nuevo disco viene del sentimiento de frustración generado por los eventos que nos rodean como humanidad. Ahora, en la era Trump, ¿sienten que ese sentimiento se reafirmó?

TRD: Ya teníamos ese sentimiento desde hace años. El crecimien­to de las extremas ultraderechas en Europa es preocupante y lo ocurrido en Estados Unidos con Trump no es muy diferente a la situación en Suecia. Hay un enorme incremento de violencia y racismo que se está replicando en muchos lugares del mundo. Si bien es cierto que somos un país avanzado en muchos aspectos, en ese sentido no creemos que estemos caminando en la dirección correcta.

VF: Su sonido tiene un toque nostálgico muy fuerte y caracterís­tico que no es una excepción en este último disco. ¿Componen así a propósito?

TRD: ¡No! (risas), la realidad es que no, pero quizá simplemente se deba a que somos nostálgicos. Tal vez es una especie de maldi­ción con la que tenemos que cargar. Para nosotros no se trata de hacer música triste, sino de componer, aunque involuntariamente la melancolía se haga presente en muchas ocasiones.

VF: ¿Qué papel juegan las redes sociales en su música?

TRD: Las usamos para encontrar música nueva y ver qué están ha­ciendo otras bandas, pero jamás nos verán subiendo una foto de nuestra comida. Preferimos mostrar nuestro trabajo o incluso lan­zar un mensaje político. Creemos que es para lo que mejor sirven, y el hecho de que alguien en el otro lado del mundo pueda escucharnos gracias a una plataforma digital es genial.

VF: Hoy día estamos permanentemente co­nectados pero, al mismo tiempo, más des­conectados que nunca los unos de los otros. ¿Cómo ha influido esta nueva realidad su música?

TRD: Es una pregunta difícil. No creo que podamos establecer un límite de hasta dónde nos ha influido, porque sentimos cosas todo el tiempo, aunque lo que nos mueva provenga de un aparato. Es complejo, si no tuviera acceso a internet, no podría tener al alcan­ce de mi mano todo un catálogo musical de forma instantánea. En cuanto a la manera de componer y crear música, la verdad es que seguimos trabajando de la misma forma que hace diez años. De hecho, tenemos muchos años tratando de hacer una página web de la banda y simplemente no la podemos terminar, quizá porque tampoco nos interesa mucho.