Breve guía para entender el ajuste al gasto público

¿Es un pájaro, un avión, un déjà vú? Te explicamos el efecto que tendrá en México esta medida.

Hace unas semanas el gobierno de México anunciaba algo que hemos oído a lo largo de la historia tantas veces, que ya da la impresión de vivir en el Groundhog Day: el ajuste al gasto público. El indicador de que no estábamos experimentando un déjà vu fue que el nombre del secretario de Hacienda que lo anunció es Luis Videgaray: de acuerdo con él, la administración de Enrique Peña Nieto hará un recorte al gasto de 0.7% del Producto Interno Bruto, es decir, unos 132,300 millones de pesos. ¿El objetivo? Mantener de manera preventiva a flote a la economía mexicana en 2017.

Como sabrá o intuirá el lector, el gasto público se refiere al presupuesto de gobierno (cuya fuente de ingresos son desde impuestos hasta ganancias obtenidas por exportaciones, etc.), destinado a mantener en funcionamiento a las instituciones del país. Hasta aquí la abstracción no causa impacto, pero comienza a volverse algo tangible cuando se le pone nombre. Digamos, por ejemplo, Pemex. Apenas este lunes se dio a conocer que los ingresos de la petrolera mexicana han caído al nivel histórico más bajo (sí, histórico, ergo, desde su creación), con pérdidas de alrededor de 30 mil millones de dólares en el año 2015. Esto significa que no sólo Pemex no está produciendo un ingreso, sino que tiene un costo para la economía mexicana.

Este dato desalentador tiene su origen no sólo en los bajos precios del barril de petróleo (en sus niveles también más paupérrimos en décadas), sino también a los elevados costos de su estructura interna (unas 250 mil personas entre empleados y pensionistas), a la caída del peso frente al dólar y a la baja en la producción del crudo. ¿La solución? Un recorte. En el caso de Pemex se busca un ahorro de 100 mil millones de pesos que, inevitablemente, se traducirá en el despido de cerca de 10 mil trabajadores. He aquí uno de los impactos tangibles de los ajustes del gasto.

¿Y el resto del ahorro, de dónde vendrá? De acuerdo con Luis Videgaray, 91% del ajuste se reflejará en el gasto corriente, mientras que el restante se verá en inversión. Sin embargo, “gasto corriente” también suena demasiado vago. Ese gasto representa el costo de mantener en funcionamiento a los principales sectores institucionales. Para dar una pista, en los primeros cinco lugares de las dependencias que se verán afectadas están (en este orden) los sectores de Comunicaciones y Transporte, Medio Ambiente, Educación Pública, Sagarpa y CFE. ¿Eso qué implica? Que se reducirá el presupuesto para la construcción de carreteras, así como la inversión en el mantenimiento y operación de plantas de electricidad (en ambos casos, con su correspondiente recorte de personal), el programa de saneamiento de agua potable es otro que tendrá un impacto en miles de ciudadanos, y por supuesto, la educación se verá muy afectada con una reducción de casi el 50% en el Programa Nacional de Becas.

Lo que se puede decir es que en el contexto de una ralentización de la economía global, no resulta sorprendente la medida del gobierno en busca de mantener a flote al país que además se ha visto golpeado por la pérdida de valor de su divisa y por la desastrosa caída de una de sus principales fuentes de ingreso. El lado quizás más polémico es el de la elección de los sectores a recortar: la educación sale sobrando, y el desarrollo de la infraestructura de carreteras (que tiene una importancia vital en el comercio) se ve paralizado. Lo que muchos ciudadanos se preguntan es si el recorte no podría darse también en el gasto administrativo del gobierno, que ha continuado su ascenso aún en medio de las crisis.

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