Sí, Donald Trump es presidente, comienza el reality que no queríamos ver

¿Cómo llegó al máximo poder un millonario que conducía un programa de tv? Aquí las razones de su triunfo y qué hacer para no morir en depresión.

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El 9 de noviembre empezó el sueño americano de un magnate con credenciales de racista, xenófobo, misógino, que no cree que existe el cambio climático, y con ello la pesadilla americana para muchos habitantes del mundo. Ayer en la noche, la búsqueda “Move to Mexico” en Google se disparó exponencialmente, la revista Time avisó que el sitio de migración de Canadá estaba caído por tanto tráfico que recibió; era claro, los estadounidenses que no votaron por Donald Trump, no quieren estar ahí.

Sin embargo, la aplastante victoria del Partido Republicano no se debió a un fraude en las urnas o a un error del sistema de conteo, hubo millones de ciudadanos que le dieron voto electoral (que no el popular, porque según proyecciones de The New York Times, Hillary obtuvo 1.3% más que Donald Trump). Los que le votaron, lo querían ver ahí para hacer “su América grande otra vez”. A horas de haberse dado el resultado final, las estadísticas demográficas comenzaron a desglosar los perfiles de los que lo eligieron. Algunos resultan increíbles.

El voto certero

Este provino de los hombres blancos mayores, sin estudios superiores, que piensan que hace 50 años las personas como ellos estaban mejor. Los que ven que los inmigrantes no son una solución, sino un problema; viven con el miedo de que el terrorismo los alcance, tiene coraje por sentirse desplazados por la globalización de su país. Según CNN, un 69% de los votantes han sido blancos, y de estos un 58% apostó por el republicano. A pesar de ello, un 1% menos de este colectivo apoyó a Trump, con respecto a las elecciones pasadas.

A este perfil se suman aquellos que habitan en zonas rurales y otros están marcados por las religiones predominantes: por él votaron un 58% de los protestantes y un 52% de los católicos, frente al 39% y el 45% que eligieron a Clinton.

El voto ‘no blanco’

Los votantes que no son de raza blanca representaron el 30% y, aunque un 74% de ellos se fue por los demócratas, no fue suficiente para ganar. Con los años, Estados Unidos ha visto disminuido el porcentaje de ciudadanos de raza blanca, pero siguen siendo mayoría y siguen siendo lo que más asisten a las urnas. No así las minorías conquistadas por los demócratas. En la comunidad afroamericana, Clinton logró el 88% del voto negro, frente al 8% de Trump.

El voto latino

Desde 1976, los latinos que viven en Estados Unidos prefieren a los demócratas. Obama llegó al poder con un fuerte empujón de esta comunidad. Este año tampoco hubo sorpresas. El voto hispano le favoreció, pero perdió popularidad si se le compara con otros años: En 2012, los demócratas consiguieron el 71% del voto latino, frente al 27% de los republicanos. Ahora, Clinton logró 65%, frente al 29% de Trump.

Hay 27.3 millones de hispanos que pueden votar. Las mujeres latinas apoyaron a la demócrata, pero los de origen cubano se polarizaon y marcaron la diferencia entre uno y otro bando: 50% para Clinton y 48% para Trump, a ellos se sumaron los venezolanos, a quienes el magnate les prometió que serían protegidos de sus gobiernos opresores. El que se haya llevado el estado de Florida (de los más poblados por latinos) es un ejemplo de cómo efectuaron el sufragio los cubanos con ciudadanía estadounidense. Hay una comunidad de hispanos que se siente ya tan afincada en su nueva tierra que ya piensan que los nuevos en llegar les quitarán sus privilegios.

El voto femenino

Y si alguien pensaba que después de escuchar las grabaciones donde Donald Trump admite haber abusado de varias mujeres, el voto femenino lo tendría vetado, no fue así. Según datos de la CBS, Clinton obtuvo el apoyo del 54% de las mujeres, mientras que Trump obtuvo un 42% del respaldo. Si bien ella resultó con mayoría, no fue tan abrumadora como se esperaba (y no porque Hillary sea mujer, sino por vetar a un hombre que ha demostrado ser machista).

Las mujeres que más votaron a Clinton fueron las afroamericanas, seguidas de las latinas, pero un 53% de las blancas prefirieron al exconductor de televisión.

El voto millennial

Era claro que este sector de la población entre los 18 y los 29 años estaba más inclinado al bando demócrata, pero no todos preferían a Hillary, sino a Bernie Sanders. Así, entre los millennials de raza blanca, ganó Trump (48%), cinco puntos abajo quedó Clinton y un 9% lo hizo por alguien más. Los de raza negra y latina sí fueron por la candidata. ¿Será que algunos quedaron tan molestos con el triunfo de Hillary vs. Bernie que decidieron votar en su contra?

¿Qué hacer en caso de tener a un Trump al frente de Estados Unidos?

La cuenta en Facebook de gente que apoya a Bernie Sanders colocó esto en su muro: “Sabemos que todos estamos en un lugar oscuro. No será fácil, pero lograremos salir de esto juntos. Lo hicimos después de Bush y el 9/11. Muchos de nuestros seguidores no vivió esa era, pero aquellos que sí, pueden contarles que sobrevivimos y crecimos. Permanezcan unidos. Ámense unos a otros”.

Ante la derrota inminente de Hillary Clinton, ese bando que se vio perdedor cuando ella fue elegida la candidata oficial para el Partido Demócrata envía un mensaje de conciliación no con Trump, sino con la humanidad misma, que es la única que puede hacer frente a los Brexit, a no querer la paz el Colombia, a votar a la ultraderecha en diversas partes del mundo.

Ya lo dijo Hillary Clinton en su discurso de este miércoles 9 de noviembre, ahora que Donald Trump será su presidente, lo único que queda es “aceptar este resultado y mirar hacia el futuro”. Casi con lágrimas en los ojos, explicó que la “responsabilidad es continuar con nuestro papel y construir un país más fuerte”.

En cuanto a México, es inevitable que haya cambios que nos afecten, porque según reza esa frase atribuida a Porfirio Díaz, “estamos tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Así, es muy probable que los tratados comerciales que existen con el vecino del norte se desvanezcan, por lo que habría que buscar otro tipo de alianzas, estar más cerca de los países de Latinoamérica pese a la lejanía geográfica; es probable que haya más indocumentados que regresen aquí o a otros países (si con Obama hubo cerca de 3 millones, con Trump, que lo dijo él mismo, puede haber más) y entonces habrá que readoptarlos y crecer con ellos; es palpable que el dólar se encarecerá y será más difícil acceder a ciertos productos y hasta viajar, entonces tendremos que buscar otros destinos, tal vez en nuestro propio territorio; por último, pero lo más importante, queda pensar muy bien quién queremos que sea la persona que negocie —con toda la dignidad que merecemos los mexicanos— con ese magnate que en enero ocupará la Casa Blanca.