¿A quién le queda el saco del 'Corrupcionario Mexicano'?

Diego Luna presentó este libro en un lugar que resulta más que irónico.

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Es ironía pura, pero así en México. El libro titulado ‘Corrupcionario Mexicano’ fue presentado por el autor Alejandro Legorreta y el actor Diego Luna (quien hizo el prólogo) en… redobles… el Senado de la República. Invitados por el perredista Zoé Robledo, ambos hablaron sobre este nuevo ejemplar.

Legorreta dijo que “vivimos, entendemos, fomentamos y padecemos la corrupción a diario […] La corrupción empieza por nosotros, pero ojo, nuestros legisladores tienen una responsabilidad mayor. Algunas personas nos dicen que la corrupción es un problema cultural, como si lo lleváramos en la sangre, por fortuna no es así”.


En la presentación, Diego Luna explicó que “la corrupción es un problema sistemático que nos atañe a todos” y no “como nos lo han querido decir, un problema cultural, como nos lo dijo el presidente (Enrique Peña Nieto)”. Anteriormente, en entrevista con Vanity Fair México, el actor había dicho que este trabajo le parecía ideal porque es sátira, comedia: “y así soy yo. Me costó trabajo pero me quedó bien”.

Analizamos un poco a este ejemplar que además de llevar un arduo trabajo de investigación, le da un toque de humor con los cartones políticos y, aunque resulta muy divertido, al final es un reflejo de esa cruel realidad que se vive en México.

En México, la transa es una suerte de programa televisado de humor con aplausos grabados, donde uno adivina el chiste que viene, pero igual se ríe. Y es que tranquiliza saber que se conservan las certezas de siglos. Por ejemplo, ¿qué pasaría si un día los políticos se volvieran honestos? ¿Si no mintieran más ni se enriquecieran a nuestras costillas? ¿Y si todos los mexicanos un día sacáramos al sueco que llevamos dentro y no diéramos mordidas ni defendiéramos con la vida la certeza de que “con dinero baila el perro”? Qué miedo, ¿no?

Acaba de aparecer el libro 'Corrupcionario mexicano' que, con prólogo de Diego Luna, define palabras fundamentales en el vocabulario cotidiano tanto de nosotros, ciudadanos de a pie, como de los políticos. Por ejemplo, están: moche, coyote, piratería, dedazo, cuatitud y mirrey, además de frases como "se lo dejo a su criterio" o "hacerse de la vista gorda". Ilustrado por moneros mexicanos, en cada una de sus páginas causa risa nerviosa o, si uno anda sensible, llanto desaforado.

Pero como es mejor reír que llorar, aquí va un juego a propósito: abajo hay seis palabras incluidas en el Corrupcionario con todo y su definición y, más abajo, los nombres de ocho gobernadores mexicanos. El juego consiste en relacionar cada palabra con el nombre del personaje que mejor corresponda. Obvio, se pueden repetir términos y al final vienen las respuestas. (Nota: tengo un acordeón con los resultados. Si a alguien le interesa nos podemos arreglar…).

TÉRMINOS

DESVÍO DE RECURSOS. ¿Te acuerdas de cuando tu jefa te mandaba a la tienda y en vez de regresarle el cambio te lo gastabas en las maquinitas? Bueno, pues algo así, solo que se hace desde el gobierno, con lana de todos nosotros, y quien se queda con los cambios son los gobernantes corruptos que en lugar de jugar maquinitas pagan campañas políticas, asignan contratos a sus cuates o simplemente usan nuestro dinero en cosas que nada tienen que ver con la tarea de gobernar.

DEUDA PÚBLICA. Tarjeta de crédito de la clase política que acabamos pagando todos, aunque no hayamos visto ni un triste bache reparado con esa lana.

“EL AÑO DE HIDALGO, CHINGUE A SU MADRE EL QUE DEJE ALGO”. Frase burocrática que se repite cada seis años y que es la señal de salida para robar de manera descarada antes de que termine el sexenio.

IMPUNIDAD. Tierra donde florece la planta carnívora de la corrupción, la de “ellos” y la de “nosotros”. Si puedo saltarme las reglas una vez sin que haya castigo alguno, bien puedo hacer de ello un modo de vida, al grito de #MeLaPelas.

“NO QUIERO QUE ME DEN, SINO QUE ME PONGAN DONDE HAY”. Si la corrupción fuera un ligue, digamos que este dicho que suena a albur sería una de las primeras frases de cachondeo.

“PLENITUD DEL PINCHE PODER”. Frase de un ilustre exgóber de Veracruz con la que describió su capacidad de “mando” en las elecciones locales de 2010. Por desgracia para ese estado, la delincuencia organizada es la que al parecer se jacta de ejercer a plenitud el pinche poder allá en tierra jarocha.

PERSONAJES

Andrés Granier. Gobernó Tabasco entre 2007 y 2012 y luego fue acusado por el desvío de más de 2,600 millones de pesos. Además se le abrieron otros procesos, uno de ellos por operaciones con recursos ilícitos por 35 millones de pesos y otro, por el lavado de 53 millones de pesos; recibió amparos por ambos. Aunque está preso, es un prócer de la exquisitez.

César Duarte. El exgobernador de Chihuahua, quien asumió el cargo en 2010, tejió una red de corrupción y enriquecimiento ilícito que lo llevó a adquirir a nombre del estado una deuda personal de casi 4,500 millones de pesos, misma que pretendía pagar con recursos públicos.

Fidel Herrera. Se sentó en la silla del ejecutivo de Veracruz de 2004 a 2010. Durante la campaña para elegir sucesor, alguien intervino su teléfono justo cuando Herrera prometía recursos torcidos bajo el argumento incontrovertible de “estoy en la plenitud del pinche poder”. Recibió un premio justo: es nuestro actual cónsul en Barcelona.

Guillermo Padrés. Se sacó la lotería al gobernar Sonora de 2009 a 2015: dejó al estado con una deuda de 32 mil millones de pesos. Además es acusado de lavado de dinero por casi 9 millones de dólares. Ha tramitado más de 28 amparos y dicen que está prófugo, que ni sus abogados saben dónde juega a las escondidillas. Su partido, el PAN, le acaba de suspender sus derechos partidarios.

Humberto Moreira. Estuvo al frente de Coahuila de 2005 a 2011 y aprovechó sus escasos ratos de ocio para dejar al estado con una deuda de casi 37 mil millones de pesos. Luego fue presidente del PRI, pero en enero de 2016 fue detenido en España por sospecha de lavado de dinero. Él, tan intachable.

Javier Duarte. En 2010 ganó la elección (es un decir) como gobernador de Veracruz. Hoy es acusado de enriquecimiento ilícito, malversación de fondos y el desvío de un monto que podría ascender a casi 950 millones de pesos entregados a empresas fantasmas, propiedad de gente cercana a él. El PRI lo castigó con todo el peso de la ley: le suspendió sus derechos partidarios. Y a días de dejar su cargo en manos del gobierno entrante, pidió licencia para enfrentar las acusaciones.

Roberto Borge. Fue dueño, perdón, gobernador de Quintana Roo desde 2011, estado al que dejó con una deuda pública de 21 mil millones de pesos. Dicen que el SAT lo está auditando. Él, pudibundo, baja la vista.

Tomás Yarrington. Gobernó Tamaulipas de 1999 a 2004. En 2012, el FBI lo acusó de estar involucrado en el tráfico de grandes cantidades de cocaína al país del norte. Está prófugo, el muy endócrino.

RESPUESTAS

Cada uno de los términos le queda a todos de lo más coqueto, o sea, los dignatarios son de veras gente muy fina. Sin embargo, haciendo un esfuerzo estos son los que mejor le van a cada uno:

Andrés Granier: desvío de recursos, deuda pública, “El año de Hidalgo…”, “No quiero que me den…”.

César Duarte: deuda pública, “El año de Hidalgo…”, impunidad, “No quiero que me den…”.

Fidel Herrera: desvío de recursos, “El año de Hidalgo…”, impunidad, “No quiero que me den…”, “Plenitud del pinche poder”.

Guillermo Padrés: desvío de recursos, deuda pública, impunidad, “Plenitud del pinche poder”.

Humberto Moreira: deuda pública, “No quiero que me den…”, “Plenitud del pinche poder”.

Javier Duarte: desvío de recursos, “El año de Hidalgo…”, impunidad, “No quiero que me den…”.

Roberto Borge: deuda pública, “El año de Hidalgo…”, “No quiero que me den…”.

Tomás Yarrington: “El año de Hidalgo…”, impunidad, “No quiero que me den…”.