¿Qué pasa con las mujeres poderosas en América del Sur?

Michelle Bachelet, Cristina Fernández y Dilma Rousseff. ¿Las juzgan con más dureza por ser mujeres?

“Esto no pasaría si el presidente fuera un hombre”, dijo una Dilma Rousseff contrariada en conferencia de prensa a mediados de abril. "Ha habido, mezclada en todo esto, una gran cantidad de prejuicios contra las mujeres”. Tres semanas después, el pasado 12 de mayo, la bajaban temporalmente de su podio por ser requerida en los juzgados. A la mandataria la acusan de maquillar el déficit presupuestal de su país. “Se le olvidó” –dicen–mencionar unos cuantos millones que le debía el gobierno a la banca pública".

Pero no solo está en tela de juicio su culpabilidad, también los métodos con que se ha hecho campaña para que abandone su puesto. Algunos de sus opositores distribuyeron calcomanías para los coches con una imagen de Rousseff con las piernas abiertas alrededor del tapón donde se pone la gasolina. Otros la tildan de “puta” y de “sapo gordo” en sus pancartas. Época, una revista reconocida en Brasil, publicó una columna en la que invitaba a Rousseff a “erotizarse”. Decía entre otras cosas: “no la conozco personalmente, ni tampoco a nadie que la haya visto desnuda, pero es muy probable que su sexualidad haya sido sustraída hace al menos una década“. Meses después, la publicación Istoé puso en su portada una imagen de la mandataria con la boca abierta y expresión de disgusto. El titular: "Las explosiones nerviosas de la presidenta". Muchos, incluyendo la propia Rousseff, consideraron que el artículo reforzaba el estereotipo de mujer histérica y desbalanceada.

El gabinete que se formó para suceder a la brasileña no ayuda a despejar las acusaciones sobre el papel del machismo en la crisis política. Se trata del primero compuesto únicamente por hombres blancos desde los 80’s, encabezado por Michel Temer. En un país en donde más de la mitad del electorado son mujeres, ninguna fue requerida dentro del selecto grupo. Como cereza del pastel, las del género femenino solo representan cerca de 10% de los 594 escaños de las cámaras del congreso. Jean Wyllys, un representante del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) de Brasil, le dijo a BBC Mundo que cuando votaron por el futuro de Rousseff, muchos diputados llamaban a las votantes a favor del juicio “linda”, “princesa”, o “bonita”, mientras que insultaban a las que se oponían a su destitución. Además, tildó de “farsa sexista” el movimiento que bajó a la presidenta de su trono.

Quizás muchos brasileños preferirían ver en su casa presidencial a Marcela Temer, la esposa de Michel Temer y futura primera dama si Rousseff es declarada culpable. La revista local Veja publicó la semana pasada una nota sobre ella titulada “Mujer bella, recatada y del hogar”. En su primer párrafo, el artículo dice que Marcela, exreina de belleza y más de 40 años menor que su esposo, es “una mujer afortunada”. Y cómo no –explica el texto– si después de 13 años de matrimonio su marido le continúa dando muestras de su afecto. Prueba de ello, continúan, es que el político la sacó a cenar a un restaurante “sofisticado, caro y muy frecuentado”.

¿Fenómeno sudamericano?
La sucesora de Lula da Silva no es la única salpicada en escándalos de corrupción. A Michelle Bachelet le quitaron el título de la más popular de su país, Chile, hace poco más de un año. La presidenta pasó de tener una aprobación de más del 80% después de su primer mandato en 2010, a tener apenas a un tercio de la nación de su lado (en marzo de 2015 tenía 31% de aceptación). La razón: la empresa de su nuera, Caval, está siendo investigada por posible uso de información privilegiada y tráfico de influencias tras la compra y venta de un terreno de 44 hectáreas. Cuando el caso se hizo público, la presidenta aplicó el refrán “calladita se ve más bonita” y después dijo que la noticia era una sorpresa para ella también.

La candidata se ha declarado varias veces víctima del machismo desde entonces. En una entrevista que le dio a la BBC, comentó que en un momento tuvo la sensación de que debía quedarse en la ONU –la mandataria antes dirigía ONU Mujeres– pero al final regresó para gobernar al país por su convicción. No tardaron en pasarle factura por el comentario. Sus opositores recordaron que no era la primera vez que Bachelet recurría a la intuición para tomar decisiones importantes y que “genera desconfianza cuando una persona alude a la intuición”. La mandataria salió a responder algo enojada en la radio. "Cuando la gente habla de intuición suena como, perdone que diga, como a mina, como hormonal”, dijo. Y agregó que "hay una cosa como de machismo y prejuicio (...) Yo entonces aprendí que no tengo que usar esa palabra, porque si se permite usarla para denostar a las personas entonces yo no la uso".

Desprestigiar a la mujer para hacer campaña política es una táctica más común de lo que parece en el continente. Como muestra, la portada de la revista argentina Noticias de 2012 ilustraba a la expresidenta del país, Cristina Fernández de Kirchner, en medio de lo que parecía un orgasmo con su cabeza hacia atrás y su boca abierta. “Cada día se ve más segura, sensual y sin vergüenza”. A la exmandataria se le acusa ahora de poner en peligro las finanzas del país.

Si bien las acusaciones a estas tres mujeres sudamericanas, que pasaron de ser el orgullo del feminismo en su región a la vergüenza de sus compatriotas, podrían estar justificadas, el tinte machista en las reacciones de algunos de sus opositores genera dudas sobre el verdadero progreso que vive la región en temas de derechos de la mujer. Un artículo de The Economist decía el año pasado que aunque algunas mujeres daban enormes avances, la cultura se quedaba corta.

En el otro lado de la moneda están las críticas de las votantes sudamericanas feministas a las tres mujeres que hicieron historia en la política de su región. Es probable que Rousseff sea la que más las ha decepcionado. La presidenta introdujo menos leyes en favor de la mujer que sus predecesores. Fernández de Kirchner tampoco hizo mucho al respecto. De hecho, fue criticada por muchas por vender una imagen de sí misma que corresponde con el estereotipo de mujer que tanto afecta al género en Latinoamérica, hablando constantemente de su gusto por la ropa y mostrándose vanidosa ante el público.

Bachelet es la que más se ha esforzado en ese sentido, con la creación de un ministerio de la mujer y una ley que descriminaliza el aborto si se hace en las primeras 12 semanas de gestación. Pero en general, ninguna de las tres parece haber llenado las expectativas de sus compatriotas, agobiadas por el machismo que viven en sus países.

Cuando el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, introdujo su nuevo gabinete en noviembre del año pasado, le preguntaron por qué la mitad estaba compuesto de mujeres. “Porque es 2015”, respondió. Quizás no en América del Sur.