Nancy Reagan, la primera dama que se negó a ser solo una actriz de reparto

La exesposa de Ronald Reagan dejó de hacer papeles secundarios en el cine para involucrarse, a su modo, en la política.

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La figura de Nancy Reagan fue tan controversial como diferente. Si bien tuvo las dotes de una primera dama superficial y fanática del lujo, también tuvo su faceta humanitaria y se involucró más allá de las tareas ordinarias que podía tener la esposa de un presidente en función.

Su nombre de nacimiento fue Anne Frances Robbins (Nueva York, 6 de julio de 1921), pero al ser adoptada legalmente por el esposo de su madre, Leal Davis, la llevaron a elegir un nuevo mote, se llamaría entonces Nancy Davis. Y aunque en los años 40 y 50 actuó en obras de teatro y musicales en Broadway y fue protagonista de películas de la Metro Goldwyn Meyer Studios (MGM), en realidad no destacó mucho y en ese gremio era más recordada como una actriz de reparto. Sin embargo, conocer a Ronald Reagan, el hombre de su vida, la llevó a ser la protagonista de la Casa Blanca entre 1981 y 1989.

En 1928, Ronald Reagan se mudó a Los Ángeles, California, donde comenzó a trabajar como actor, de ahí dio el salto a ser presidente del Screen Actors Guild (Sindicato de Actores de Pantalla o SAG). Fue en esta etapa histriónica cuando él y Nancy se encontraron en 1951; él era un actor de medio pelo, con trazas de galán antiguo y conocido por sus papeles en películas oeste.

Y aunque ella era vista como una persona “sólida” y “confiable” en la actuación , ella misma declaró que “no era realmente una mujer profesional pero (me convertí en una) solo porque no había encontrado al hombre con el que me quería casar. No podía quedarme sin hacer nada, así que me convertí en una actriz”. Y sí, tras un año de noviazgo, lo Reagan se casaron el 4 de marzo de 1952. Su vida ya podía estar completa al llegar sus hijos Patricia Ann Reagan (octubre de 1952), Ronald Prescott Reagan (mayo de 1958) y los hijos del primer matrimonio Ronald con Jane Wyman, Maureen Reagan (1941-2001) y Michael Reagan (1945), quienes se quejaron de nunca tener un trato igualitario por parte de su madrastra.

Ronald Reagan dejó de lado la actuación para ser el portavoz de la compañía multinacional General Electric (GE) y de ahí dio el brinco a ser el gobernador de California de 1967 hasta 1975, donde Nancy tendría su primer papel como primera dama y justo del estado que los vio unirse.

En esta etapa, la señora Reagan comenzó a colaborar con algo más que "ser la primera dama". Fue nombrada por su esposo como miembro de la Comisión de Arte de California y tanto en esta etapa como en la desempeñada en la Casa Blanca, también visitó a veteranos, ancianos y discapacitados, y trabajó con una serie de organizaciones benéficas. Se involucró mucho con el Programa de Abuelos Adoptivos.

Su popularidad como primera dama fue un factor clave en la candidatura de su esposo, que si bien era demócrata, se cambió a ser republicado y con ese partido ganó las elecciones para dos periodos presidenciales. La presencia de Nancy era un pilar para la confianza de Ronald, quien la escuchaba fielmente y dejaba ver la fuerte influencia que tenía en él, tanto para imagen de la campaña como para despedir o contratar personal. Y ganaron.

Al llegar a la Casa blanca, uno de sus incidentes más comentados fue el cambio innecesario de la vajilla y la redecoración de diversas alas de la residencia oficial, que costaron millones de dólares. También era admirada y criticada por el lujo de sus prendas; si bien no llegaba al glamour de Jacqueline Kennedy, sí se acercaba mucho con esos trajes de diseñadores de alta costura como James Galanos, Bill Blass, Adolfo y Óscar de la Renta. Dentro de ellos destacó un costoso vestido de más de 10,000 dólares que usó para la gala de la investidura presidencial.

Pese a ello, Nancy Reagan ha pasado más a la historia por protagonizar causas sociales, dejar de lado ese papel de la primera dama adorno y tomar las riendas de un trabajo más útil. Abanderó la lucha contra el uso recreativo de drogas y lanzó la campaña de concienciación llamada “Just Say No” (Solo di que no), considerada su mayor iniciativa. De hecho, parte de sus logros como primera dama de California y de EUA quedaron por escrito en su libro ‘Amar a un niño’, publicado en 1982.

Una vez terminado el periodo presidencial, en 1989, los Reagan se fueron a vivir a su residencia de Bel Air, en Los Ángeles. Nancy volcó su vida a cuidar de su marido que fue diagnosticado con Alzheimer en 1994; diez años después, murió.

Tras el fallecimiento de su esposo, siguió activa por medio de la Biblioteca Reagan y en su trabajo relativo al apoyo de la investigación en células madre. Ya en una vida más tranquila, pero también más solitaria, Nancy Reagan falleció este domingo 6 de marzo a los 94 años, una insuficiencia cardíaca fue la que la condujo al mismo mundo donde se encuentra su amado Ronald.