¿Cómo se confunde a un grupo de turistas con uno de terroristas?

La cacería de extremistas en contra del gobierno en Egipto ha dejado una huella profunda en la economía y la sociedad.

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En una noticia que ha dado la vuelta al mundo y se ha resentido de manera especial en nuestro país, el domingo 13 de septiembre un grupo de turistas mexicanos que se dirigía desde el Cairo (Egipto) hacia el oasis Bahariya, en camionetas de una empresa local de turismo, fue atacado por fuerzas militares egipcias al ser confundido con un conjunto de terroristas islámicos.

La Secretaría de Relaciones Exteriores de México confirmó dos muertos y seis heridos como consecuencia del ataque y el Ministro de Relaciones Exteriores de ese país, Sameh Shoukry, no demoró en llamar a su contraparte mexicana para externar una disculpa pública y explicar la situación de la siguiente manera: en la zona —y momento— en la que se encontraban los desafortunados turistas se había lanzado un operativo militar para destruir un convoy de presuntos terroristas quienes, de acuerdo con Shoukry, utilizan camionetas similares a las de la empresa turística. El gobierno egipcio, como suelen hacer los gobiernos en casos de errores épicos, prometió una exhaustiva investigación, insistiendo, claro está, en la culpabilidad de la compañía turística Windows of Egypt, la cual, según detalló el Ministro de Relaciones Exteriores no estaba operando en forma regular (es decir, no tendría los permisos correspondientes) y además el transporte se encontraba en una zona restringida para la población civil, lo que explicaría cómo el gobierno lanzó un ataque a presuntos terroristas de una manera tan violenta.

Y mientras que algunas fuentes rebaten la versión oficial señalando que, además de contar con los permisos correspondientes, la empresa turística no tenía forma de saber que se encontraba en un área restringida (dado que no había indicaciones ni señal alguna de que se preparara un operativo), el hecho que realmente desconcierta es: ¿Cómo es posible que la milicia egipcia se tome la libertad de confundir a un grupo de turistas con un convoy terrorista y no corroborar dicha información?

El periodista mexicano Témoris Grecko, experto en temas de política en Medio Oriente, explica que desde agosto de este año entró en vigor una ley “antiterrorista” en Egipto que, entre otras cosas, establece que tanto los militares como la policía local no pueden ser acusados ni juzgados por actos cometidos durante operaciones antiterroristas, aún cuando sus errores de cálculo cuesten vidas inocentes –de turistas o locales–.

Muchas son las voces que se han alzado para denunciar cómo el régimen de Abdel Fattah al-Sisi (quien derrocó al islamista Mohamed Mursi en 2013), muestra señales de estar cada vez más cerca de una dictadura que de una democracia provocando que los islamistas, incluso aquellos que alguna vez fueron moderados, se vuelvan extremistas. En otras palabras: no solo hay un retroceso en cuanto a los derechos humanos (tras la que pareció ser una prometedora revolución civil), sino que también lo hay en cuanto al método utilizado por el gobierno que, bajo la bandera de la lucha contra el terrorismo, pasa sin mayores consecuencias por las Cortes Internacionales.

Por lo pronto, la cacería de terroristas ha dejado una huella profunda en la economía egipcia. De 2010 a 2014 el número de turistas que visitaron las ruinas antiguas pasó de 15 millones a 10 millones y resulta bastante obvio que, después del último bombardeo, ese número se verá aún más afectado.