Abran paso a la Mujer Maravilla

Todavía sin avión invisible, pero viene con escudo, brazaletes, espada, lazo y un par de buenas lecciones… para todos.

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La heroína que se rumoraba sería la salvadora de DC Comics en el cine por fin llegó para confirmarlo. En efecto, Wonder Woman es la primera entrega de dicho universo en los últimos años que no decepciona. Después de los fracasos -en orden alfabético para que no se hieran sentimientos- de Batman v Superman: Dawn of justice (2016), Green Lantern (2011), Man of steel (2013) y Suicide squad (2016), fue difícil que no tuviera a dichos antecedentes como una sentencia. Todas, con excepción de la protagonizada por Ryan Reynolds, pintaban para ser un rotundo éxito (no solo taquillero), pero terminaron desilusionando y frustrando a millones que pagaron por verlas.

La redención de toda una franquicia recayó entonces en los hombros de una mujer. Bueno, en realidad de dos; la Mujer Maravilla en cuestión, Gal Gadot, y la directora de la cinta, Patty Jenkins. A pesar del gran trabajo de ambas, el resultado dista mucho de ser magnífico. Sin embargo, esos desatinados detalles no llegan a restarle encanto ni importancia por lo que en sí representa y sobre todo, enseña. A diferencia de sus contrapartes masculinas, Diana Prince (Gadot) juega un rol más relevante al impactar a la audiencia por su personalidad; sus ideales, valores, principios, su moral y determinación.

Si bien se tendió a pensar que este proyecto mostraría el máximo exaltamiento de una fémina, la historia plasma de manera efectiva el tan controversial, muchas veces mal entendido feminismo. Nos consta que la princesa amazona es extremadamente fuerte y sabia, pero no por ello sufre de complejo de superioridad. Tampoco su interés romántico se siente menos a su lado. El capitán Steve Trevor (Chris Pine), consciente de que está –literal- con una diosa, sabe además que cada uno tiene mucho que aprender del otro. Con una relación que comienza a construirse con base en experiencias, anécdotas y distintos puntos de vista, la equidad de género fluye sin encasillar a los personajes en roles convencionales.

La naturaleza de Diana deja claro que la sensibilidad y vulnerabilidad no están peleadas con la fuerza (incluso en ellas encuentra su motor). Para sorpresa de muchos, mujer maravilla no es aquella que no sufre o que no llora; es empática (la actriz israelí conmueve con su actuación), la que no puede quedarse con los brazos cruzados cuando la injusticia se atraviesa en su camino. Mientras que su inocencia nos motiva a redescubrir lo que nos rodea, la decepción que sufre de la humanidad nos recuerda que es fundamental seguir luchando por el bien colectivo, no olvidar la compasión y como consecuencia, ayudar a otros (aunque muchas veces no se lo merezcan).

Por ello el proyecto ve la luz en un momento idóneo. En tiempos en los que parece que el principal villano de la historia, Ares (David Thewlis), dios de la guerra, está más presente que nunca, este es un esfuerzo de reflexión que vale la pena recalcar por muy “pequeño” que se considere. El público puede ir con la única intención de entretenerse, pero si todavía su corazón se lo permite, se verá envuelto en un cúmulo de emociones y llamados de vida. Desde el principio, cuando una pequeña Diana manifiesta su interés por entrenar como las otras guerreras con su tía Antiope (Robin Wright) para luego desafiar a su propia madre, Hyppolyta (Connie Nielsen), no se pueden ignorar las irresistibles invitaciones a cumplir con lo que late en tu interior.

Wonder Woman no rompe esquemas ni plantea algo nuevo en la categoría de superhéroes. Las actuaciones en general son formidables, a pesar de la ridícula caracterización de los malos; el general Ludendorff (Danny Huston) y el trillado científico loco, en este caso la doctora Maru/Poison (Elena Anaya). *Por favor, preste atención a las caricaturescas escenas de esta última. Pero hasta ellos son parte del aprendizaje: el mal no habita en un solo ente sino en todos nosotros. La amazona bien podría cortarle la cabeza a Trump (oops, Kathy Griffin ya tuvo esa idea), sin garantizar que lo promulgado por el actual presidente de los Estados Unidos llegue a su fin. Por cierto, para erradicar la maldad no se necesita una espada, el secreto está… poco antes de los últimos minutos de la película. Querido lector, vaya a verla, disfrute e inspírense.