Las diferencias (y ausencias) que habrá en la Cena de Corresponsales con Donald Trump

Faltan tres meses para esta tradicional velada en Washington y, hasta ahora, pinta para ser una fiesta desangelada.

No hace falta decir que el magnate convertido en presidente —y según varios de sus seguidores en “el salvador de los Estados Unidos” (inserte risas)— se encuentra constantemente en problemas y bajo fuego debido a sus terribles decisiones o comentarios. Por ello, su nivel de popularidad es tan bajo que es imposible convencer a público ajeno a su equipo para que lo acompañe a brindar por cualquiera de sus “triunfos”. Podrá tener el poder, pero definitivamente el de convocatoria no le pertenece. A menos que proponga una ley que obligue a las celebridades y periodistas a asistir a sus festejos, parece que los siguientes en su agenda serán tan desangelados —y ridículos— como lo fue su cena de inauguración.

A diferencia de la cobertura que llevan a cabo los medios sobre el día a día de su gobernante y su administración, la cena de corresponsales es organizada para cumplir con dos principales objetivos: reconocer el trabajo de la prensa y recaudar dinero para otorgar becas a alumnos de periodismo. Donald Trump se ha encargado de atacar y demeritar a dicha profesión y a su gremio, por lo que apostar por una velada agradable entre los participantes sería bastante ingenuo, por no decir que sería un acto de fe lleno repleto de incongruencia. Si él cree que el veto es unidireccional, se equivocó, y el próximo 29 de abril el desprecio se medirá en asientos vacíos.

En el último periodo de Barack Obama, esta cena llegó a ser todo un éxito mediático, sobre todo porque fue cuando Hollywood tuvo el mayor acceso a ella. El reparto de los dramas políticos ‘Scandal’ y ‘House of cards’, así como el de la comedia ‘Veep’ no se la perdían. ¿El imán? Uno de los más esperados shows del año, el standup de su querido presidente. ¡Y vaya que lo hacía muy bien! Obama es todo lo que Trump no: carismático, simpático, sensible y divertido. ¿Quién en su sano juicio iría a una reunión en la que el anfitrión causa repugnancia o cansa al repetir sin cesar el discurso que ha manejado desde que se lanzó como candidato a la presidencia? Ser conductor de ‘The apprentice’ es una cosa, entretener y compartir otra muy diferente y alejada de las posibilidades de este regente.

Pero no solo él debe de amenizar la noche. Es costumbre que un comediante sea quien le ponga el toque chistoso y picosito al evento. Aunque Larry Wilmore (el presentador de esta gala en 2016) aseguró que para el que acepte puede ser una buena oportunidad para llevar a cabo un magnífico roast en territorio trumpista, si siguen las cancelaciones, desafortunadamente no habrá quién lo aprecie, sin contar el riesgo de que le quiten el micrófono después de la primera burla y lo expulsen del lugar. Trump ha sido lastimado en cenas anteriores como invitado (los malvados fueron el mismo Obama y Seth Meyers en 2011), ahora que es la máxima autoridad no aceptará críticas, ni constructivas, ni de broma, ni de cualquier otro tipo. La censura ganándole a la libertad de expresión en un espacio que precisamente debe celebrarla. El único colmo que falta.

Así que este año no se verá a algunos medios como The New Yorker, tampoco a estrellas de la talla de Emma Watson, Hellen Mirren, Kerry Washington, Julia Louis-Dreyfus, Tom Hiddleston, Jared Leto o Will Smith, quienes abiertamente han dicho que no simpatizan con el actual mandatario y que suelen estar entre la exquisita concurrencia.

Si a Trump no le basta tener a Caitlyn Jenner, Clint Eastwood y Antonio Sabato Jr. (que manifestaron abiertamente su apoyo hacia él), bien podría recurrir a varios imitadores profesionales (¿qué tal Elvis? ¿A quién no le gustaría que el rey del rock and roll estuviera en su fiesta?). Bueno, no hay que olvidar que ellos también están en todo su derecho de rechazar la invitación. ¿Alguien se atrevería a culparlos?

La Cena de Corresponsales de la Casa Blanca se celebra cada último sábado de abril desde 1920 en el hotel Hilton de Washington DC, a ella acuden el presidente y el vicepresidente en turno. El primero en hacerlo fue, Calvin Coolidge, en1924, pero suman ya 15 mandatarios que han acudido a estas veladas. Antes solo asistían hombres, pero ahora es una cena que reúne a periodistas (hombre y mujeres) de diversas partes del mundo así como a celebridades.