Cómo una ejecutiva de L'Oréal puede convertir a Hillary en presidenta

Kristina Schake demuestra que a veces detrás de una gran mujer hay otra. 

Avisados quedamos: no nos sorprendamos si, en los próximos meses -desde el anuncio de su candidatura al 16 de noviembre de 2016, fecha de las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos- vemos a Hillary Clinton bailar con Jimmy Fallon, comprar ropa en una cadena de moda o posar (una vez más) en la portada de Vogue. Tampoco si la ya oficial candidata demócrata irrumpe en la gala de los premios Oscar o se empeña en mejorar la alimentación de sus conciudadanos.

La ex secretaria de Estado se ha propuesto volver a la Casa Blanca (que conoce bien; fue primera dama entre 1993 y 2001) en la que se antoja su entrada definitiva. Y no va conformarse con una estrategia simplista (a saber, beber whisky barato en un bar de Indiana para transmitir una imagen de heroína proletaria, uno de los hits de su campaña de 2008 por el liderazgo del Partido; su rival no era otro que Barack Obama). Cuenta con la mismísima Kristina Schake para obrar el cambio.

¿Y quién es ella? Schake, californiana de 45 años e hija de una ama de casa y un piloto comercial, es una de las expertas en comunicación más reputadas de Estados Unidos. La misma que pulió la imagen de Michelle Obama hasta hacer de la actual primera dama del país uno de los principales activos del primer presidente afroamericano del país.

Fue Schake quien disuadió a la otrora exitosa abogada para que se dejase ver por Target, la cadena de ropa low cost, cuando las críticas sobre su lujoso fondo de armario arreciaron. O la aconsejó bailar en la tele y abanderar la lucha contra la obesidad infantil. Lo que da una idea de por dónde irán los tiros en el caso de la imagen de Clinton que se dispone a remozar. “A solas, Hillary es una buena chica a quien le gusta reír y tomar una cerveza”, comenta Rob Reiner en el New York Times. Ahora hay que demostrarlo.

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