¿Están los peruanos dispuestos a votar por la hija de su exdictador?

Se llama Keiko Fujimori y su padre fue a prisión por haber ordenado asesinatos durante su gobierno.

Con un blazer blanco y una cruz adornando su cuello, Keiko Fujimori apareció una vez más en los televisores de los peruanos hace menos de tres semanas. Por esta época de elecciones presidenciales, la candidata está muy presente en la programación de sus compatriotas, pero esta vez su aparición fue distinta. En pantalla, la aspirante del partido Fuerza Popular llegó a un acuerdo con todos los espectadores: el de no cometer los mismos errores de su padre, Alberto Fujimori. “Sé mirar la historia de mi país. Sé qué capítulos se deben repetir y tengo muy claro cuáles no”, dijo. Y firmó un compromiso de honor para que no quedara la menor duda.

A unos cuantos kilómetros su padre peleaba otra batalla, la de la prisión, en el penal Barbadillo de Lima. Ahí cumple una condena de 25 años por delitos de asesinato y secuestro. Y aunque sus críticos dicen que a la cárcel solo le faltan rejas doradas –tiene 800 metros cuadrados, taller de pintura y cocina– también celebran que esté pagando por sus crímenes.

Después de ocupar la silla presidencial de Perú durante diez años, Alberto Fujimori tenía cuentas por rendir. Además de haber ordenado matar a personas inocentes por su supuesta relación con el grupo guerrillero Sendero Luminoso, el expresidente fue condenado otros siete años por apropiación de fondos públicos y en 2004, la ONG Transparency International estimó en unos 600 millones de dólares la fortuna que se echó al bolsillo ilegalmente cuando estaba en el poder.

Pero lo verdaderamente controversial por estos días es que mientras el hombre envejece tras las rejas, su hija se abre camino hacia la presidencia peruana. El pasado 11 de abril, también vestida de blanco, Keiko celebraba su victoria en la primera ronda electoral del país. 39,85% de los votantes le dieron el sí a la candidata de ascendencia japonesa, quien tuvo una clara ventaja sobre su rival más cercano. Y mientras se acerca la fecha en que la candidata se enfrentará al centroderechista Pedro Pablo Kuczynsky en las urnas, es inevitable cuestionarse por qué los peruanos quieren una mandataria que es hija de su exdictador.

1. El fujimorismo tiene su público
Como cada moneda tiene dos caras, hay quienes sí alaban el gobierno de Alberto Fujimori. Entre ellos están los que agradecen la construcción de escuelas y de carreteras en los asentamientos humanos de Lima y en el centro del país. También la donación de útiles escolares y alimentos a los ciudadanos más pobres. No hay que olvidar que el expresidente, en su afán de ganar popularidad, calmó el hambre de una población que fue desplazada de los Andes por el conflicto armado que vivía el país en la época. Hoy, los frutos de esos actos los cosecha Keiko a través de votos e incluso varios asentamientos llevan su nombre completo: Keiko Sofía.

El fujimorismo también crea pasiones entre quienes están convencidos de que el expresidente fue el único capaz de erradicar al grupo guerrillero Sendero Luminoso y la violencia que arrastraba consigo. “Nosotros como Fujimoristas de este tiempo tenemos que estar preparados para hacer frente a los mitos con fechas nombres y lugares”, se lee en un comentario de la página de Facebook ‘Jóvenes con Keiko’. Y es que entre los que defienden la doctrina del exmandatario también hay miembros de las nuevas generaciones.

2. Su legado la hace más responsable
El famoso y controvertido periodista peruano Jaime Bayly es uno de los seguidores más fieles de la candidata. Desde su programa en la cadena Mega TV de Miami, Bayly le respondió a los televidentes por qué piensa que la hija de un criminal podría ser una buena mandataria. Según el periodista, justo por ese legado Keiko “tendría que ser especialmente respetuosa de la convivencia democrática, del Estado de Derecho". Si el pueblo le da a Keiko una segunda oportunidad "ella tendría que presidir un gobierno muy escrupuloso, muy honrado, muy decente, con manos limpias y muy democrática”, dijo. Es un punto que comparten algunos de los votantes, convencidos de que, de ser presidenta, todos los ojos estarían sobre ella y sería juzgada con menos piedad, obligándola a hacer las cosas bien.

3. Es hábil para la política

Keiko no es una novata en temas de política. La candidata ya había perseguido la presidencia en 2011, cuando perdió en segunda vuelta y por escaso margen ante el que hoy es presidente, Ollanta Humala. En su blog de política independiente, la periodista Rosa María Palacios dice que una de las cosas que le gustan de ella es que ha sido activa y consecuente en su trabajo. No postula una alianza con las fuerzas armadas y movimientos electorales cambiantes para cada elección, dice. Al contrario, ha caminado todo el país montando bases de apoyo y seleccionando personalmente comités, y sobretodo oyendo a la gente. Keiko tiene propuestas enfocadas a la anticorrupción y a la seguridad que han gustado. Pero aunque en este debate electoral su carrera política debería primar, ser la hija de un exdictador es lo que la seguirá definiendo. Para bien y para mal.