Una película sobre el Holocausto a cambio de una con dinosaurios

Hace 22 años se estrenó el blockbuster veraniego que lo cambió todo: 'Jurassic Park'.

Durante el verano de 1993 no se hablaba de otra cosa. Partiendo de la base de que las películas-evento son imposibles de planear, ya que es el público el que las hará suyas y las convertirá en un acontecimiento, Parque Jurásico sigue siendo la campaña promocional más perfecta de la historia del cine. Conscientes de que tenían un gran espectáculo único entre manos, Universal invirtió 65 millones de dólares en publicidad, que era lo mismo que había costado la producción de la película. Los acuerdos con 100 empresas para lanzar más de 1000 productos de merchandising consiguieron que la denominada "dinomanía" arrasase en todo el mundo, pues los espectadores no podían salir a la calle sin ver el ya icónico logo de la película impreso en camisetas, tupperwares, bollería industrial y gorras, miles de gorras.

El fenómeno repentino y revolucionario (en aquella época nadie veía tráilers, y así se nos quedaba la cara cuando veíamos espectáculos de este calibre) convirtió a Parque Jurásico en "la película que hay que ver", y los 900 millones de recaudación mundial (que hoy serían el doble, superando a Los Vengadores y Furious 7) empujaron a Spielberg a batir por tercera vez en su carrera el récord de película más taquillera de la historia (tras Tiburón y ET El extraterrestre). Y lo más curioso es que la película existe porque Universal le exigió a Spielberg un blockbuster a cambio de financiarle un drama sobre los judíos en la Segunda Guerra Mundial en blanco y negro, una propuesta considerada suicidio económico por aquel entonces. La lista de Schindler recaudó 320 millones y ganó 7 Oscars, convirtiendo 1993 en el mejor año de la vida de Steven, y por extensión, de la nuestra.

Desde entonces, cada verano buscamos el mismo asombro, cada vez que se apagan las luces del cine recordamos esos nervios, inútil pero inevitablemente comparando cualquier blockbuster con Parque Jurásico.
 

Por mucho que la campaña de promoción fuese impecable, es imposible crear un fenómeno histórico si no hay una buena película detrás. Steven Spielberg tiene como práctica habitual leer la versión final de sus guiones subrayando con rotuladores de colores cada emoción (verde para la tristeza, amarillo para el miedo, rojo para la ira, etc), si tras colorear el guión lo hojea y considera que hay demasiada presencia de un color, elimina escenas para equilibrar las emociones. Esta peculiar costumbre explica que Parque Jurásico abarque todos los géneros posibles, y tenga personajes que no solo representan cada mensaje de la película, sino que ayudan a que cada tipo de espectador tenga su propio héroe al que vitorear.

John Hammond (Richard Attenborough) es el personaje más viejo de la película, y paradójicamente es el más inocente e ingenuo. Hammond supone un evidente alter ego de Spielberg e incluso Walt Disney, en su ilusión por llegar donde nadie ha llegado antes y compartirlo con el público. Y de paso, forrarse con el producto de su inabarcable imaginación. Ian Malcolm (Jeff Goldblum) era un aventurero socarrón clásico, heredero de Han Solo e Indiana Jones. Ellie Sattler (Laura Dern) tiene una romántica e instintiva relación con los dinosaurios, como demuestra la tierna escena en la que no duda en escarbar esa montaña de heces de la triceratops enferma. Allan Grant, por el contrario, recibe su visita al parque con el mismo escepticismo con el que trata a los dos nietos de Hammond. La presencia de Lex y Timmy es una herencia directa del gran cine espectáculo de los años 80, en el que los niños (habitualmente traumatizados por un divorcio) podían ser los héroes de la aventura, y garantizaban que Parque Jurásico era una película para todos los públicos.

Parque Jurásico era por tanto un colosal entretenimiento para toda la familia, a pesar de que incluía escenas de absoluto terror psicológico, y una subtrama (la de Nedry, más conocido como “el gordo de Parque Jurásico”) que alternaba sin pudor el thriller político con la comedia física más chorra. Sabemos que estamos en los 90 porque la trama abarca una de las preocupaciones más emblemáticas del cine de aquella década: la apocalíptica amenaza (representada por Samuel L Jackson, sí, yo tampoco me acuerdo nunca de que salía en la película) de que el ser humano podría conducir a su propia extinción si sigue jugando a ser Dios.

Y aquí no hay más Dios que Steven Spielberg. Su control implacable del ritmo narrativo y emocional, combinado con una mastodóntica post-producción (supervisada por George Lucas y el propio Spielberg desde Polonia, donde rodaba La lista de Schindler con sus entrañas, pues asegura que su cerebro seguía inmerso en Parque Jurásico) que tuvo lista la película solo 11 días antes de su estreno, son lo que convierte la aventura jurásica en el más inmenso y mejor blockbuster de la historia del cine.

 

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