¿Es José Antonio Meade un salvador para Peña Nieto?

Salió de Luis Videgaray, el presidente se quedó sin su mano derecha, ¿qué rol jugará el nuevo secretario de Hacienda?

Un rostro conocido vuelve a los mandos más altos del gabinete presidencial; José Antonio Meade es el hombre del que todos hablan hoy, y no es para menos, llegó a suplir a Luis Videgaray —conocido como la mano derecha del presidente— quien tuvo que dejar su puesto tras varios escándalos, todo apunta a que el más reciente provocado por la visita de Donald Trump fue la gotota que derramó el vaso y lo llevó a la renuncia.

A dos años de que Enrique Peña Nieto deje la presidencia, un cambio en el gabinete como el que ocurrió ayer se avista caótico y, precisamente por eso, parece que el mandatario eligió como titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público a un hombre que conoce los manejos gubernamentales de México.

Meade, de 47 años, es un actor político que ha brincado de puesto en puesto en los últimos dos sexenios. Con Felipe Calderón estuvo al frente de la Secretaría de Energía (7 de enero al 9 de septiembre de 2011) y de la de Hacienda (9 de septiembre de 2011 al 30 de noviembre de 2012); con Peña Nieto comenzó como secretario de Relaciones Exteriores (1 de diciembre de 2012 al 27 de agosto de 2015) y de Desarrollo Social (28 de agosto de 2015-6 de septiembre de 2016), con el actual cargo, el abogado habrá ocupado la titularidad de cinco secretarías de Estado en los últimos cinco años.

Aunque es catalogado como un político sin partido, su cercanía al Partido Acción Nacional es clara, así como ahora lo es con el Partido Revolucionario Institucional. El periodista Carlos Loret de Mola califica a Meade como un hombre estratégico que servirá como una alianza del PRI con el PAN en las elecciones del 2018 por si Andrés Manuel López Obrador “se les vuelve inalcanzable”.
 

Los retos de Meade y Peña
Llegar a ser titular de la Secretaría de Hacienda no es precisamente un paraíso, para muestra, falta ver el pelo que perdió Videgaray en sus cuatro años de gestión. Tal vez el primer obstáculo de Meade es cargar con la imagen del villano que suele tener este puesto, ya que de ser quien veía asuntos de pobreza y desarrollo social en México, ahora tendrá la bonita tarea de la recaudación de impuestos. Sin embargo, es nuevamente la tercera persona en importancia en el poder ejecutivo.

Otro reto será negociar con el poder legislativo el paquete económico para el 2017, el cual se presentará este jueves 8 de septiembre y, como “regalo”, este incluye un recorte de 300 mil millones de pesos al gasto público del gobierno federal.

Por su lado, Enrique Peña Nieto, lejos de lidiar con las acusaciones de su tesis de licenciatura, de cargar con las críticas por realizar ese talk show, perdón, informe presidencial, tendrá que arreglar ese “desastre diplomático” del que habló Hillary Clinton. Por aceptar que viniera el enemigo público número uno, Donald Trump, ahora, el mandatario mexicano —asegura el diario El Universal— tiene molesta a la candidata demócrata. De ganar ella las elecciones presidenciales en Estados Unidos, le tocará hacer una ardua labor de sanación.

En el estado anímico, es de dominio público que Luis Videgaray era un apoyo para Peña Nieto, un amigo dentro y fuera del gabinete. Una vez que se supo que el exsecretario de Hacienda fue el artífice de la invitación a Trump y Clinton, su renuncia obedecería a limpiar la imagen del gobierno, aun dejando ir al hombre que planeó las reformas más polémicas (o exitosas, depende como se vea) de Peña Nieto, al que estuvo detrás de esa imagen de “Saving Mexico” que le dio la revista Time en su arranque como gobernante. Para fortuna o desgracia, Meade no se avista como un personaje que pueda lograr algo similar.

Ahora queda la incógnita de ¿qué hará Luis Videgaray fuera del poder? ¿Acaso buscar —desde su trinchera— una candidatura en algunas elecciones (las que sean) o aprovechará su “destierro” para ahora sí disfrutar de esos jugosos contratos con las constructoras?

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