Así me captó el Isis

Ben Taub nos cuenta el insólito viaje de ida y vuelta a la violencia emprendido por Jejoen Bontinck cuando solo tenía 16 años.

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En 2009, un adolescente belga de 14 años llamado Jejoen Bontinck se puso un guante blanco, un blazer negro con lentejuelas y salió a bailar en el concurso de un reality show llamado Move Like Michael Jackson. Se desplazó a Gante desde su casa de Amberes junto a su padre, Dimitri, que llevaba un saco de raya diplomática y unos lentes de sol enormes, y que le dijo al público que él era su agente, entrenador mental y asistente personal. Jejoen (pronunciado “Yeyún”) declaró ante los jueces su fe en el sueño americano. Logró superar la ronda preliminar gracias a su forma de hacer el moonwalker. “¡Es un artista!”, clamó Dimitri ante la presentadora, una antigua miss Bélgica llamada Véronique de Kock, y auguró: “Oirás hablar de él, cielo”.

A Jejoen lo eliminaron, pero cuatro años después ocupó las portadas de la prensa belga por participar en un programa de reclutamiento yihadista que llevó a docenas de jóvenes a emigrar a Siria y a sublevarse contra el Gobierno de Bachar el Asad. La mayoría se integró en lo que poco después pasaría a autodenominarse Estado Islámico de Irak y el Levante, y se unieron así a los más de 20,000 extranjeros que participan en el conflicto de Siria e Irak. En la actualidad, el ISIS controla extensas zonas de ambos países, en las que recauda más de un millón de dólares [unos 17 millones de pesos] cada día mediante la extorsión y los impuestos.

Unos 4,000 yihadistas europeos se han trasladado a Siria desde 2011 y más de 400 procedían de Bélgica. La decisión de jóvenes educados en entornos estables y prósperos de unirse a islamistas radicales ha dejado perplejas a muchas de sus familias, pero también a los gobiernos y fuerzas de seguridad de la Unión Europea. Cientos de documentos de la Policía Federal belga (entre los que se incluyen intervenciones telefónicas e interrogatorios a yihadistas) demuestran que el objetivo principal de muchos europeos, entre los que se encontraba el grupo del protagonista de esta historia, era fundar un califato islámico mediante la violencia y no una acción humanitaria.

Tras ocho meses en Siria, Jejoen volvió a Bélgica, donde lo arrestaron enseguida. Su abogado explicó que las autoridades lo interrogaron más de 200 horas durante las cuales detalló el proceso de reclutamiento de los islamistas radicales y el funcionamiento del ISIS. “Seguramente no nos contó todo, pero no hemos detectado ni un solo elemento incorrecto”, revela un oficial de seguridad.

En 1994, el belga Dimitri Bontinck, un portero de discoteca de 20 años, se casó con Rose, una nigeriana de estrictas creencias católicas a la que había conocido durante unas vacaciones en África. Después de tener a su hijo Jejoen en Nigeria, la familia se mudó a Bélgica. Dimitri obtuvo un puesto de administrativo en el sistema judicial de Amberes. Cuando Jejoen tenía ocho años, sus padres tuvieron a Iris, su segunda hija. “Siempre hubo armonía en la familia”, me asegura Bontinck en el invierno de 2015, en su apartamento de una habitación en Amberes. Ahora, a sus 41 años, lleva la cabeza rapada y luce una complexión atlética que no parece encajar con su consumo de whisky y tabaco.

A Jejoen lo educaron en la fe católica y lo inscribieron en el prestigioso centro jesuita Colegio de Nuestra Señora. “Fue la mejor etapa de su vida”, recuerda Dimitri. Sin embargo, con 15 años empezó a sacar malas calificaciones en matemáticas y tuvieron que cambiarlo a una preparatoria para alumnos con dificultades. Su novia lo dejó y, según Bontinck, “se sumió en un agujero negro”.

Por lo que Jejoen contó a la policía, este fue un período de “búsqueda” en el que “intentó encontrar una alternativa al dolor”. Con 16 años empezó a salir con una marroquí de su nueva preparatoria que lo introdujo en el islam y le dijo que, si quería seguir viéndola, tenía que estudiar su religión. El chico buscó en Internet “¿qué es el islam?”, y el 1 de agosto de 2011, el primer día del Ramadán, se convirtió en la mezquita De Koepel. A su padre le molestó esta conversión. Le parecía que esa decisión se debía a una rebeldía adolescente. “¿Qué podía hacer yo?”, se pregunta.

En noviembre de 2011, tres meses después de su conversión, un vecino llamado Azeddine invitó a Jejoen a visitar la sede de Sharia4Belgium. Esta organización pretendía que Bélgica se
gobernara por el mismo régimen que las ciudades de Al Raqa (Siria) y Mosul (Irak). Es decir, abogaba por sustituir el Parlamento por un Consejo de la Shura, cambiar al primer ministro por un califa, lapidar a los adúlteros, ejecutar a los homosexuales, y convertir o expulsar a los no musulmanes, u obligarlos a pagar un impuesto por no profesar su misma fe.

El líder de Sharia4Belgium era el predicador Fouad Belkacem, un hombre menudo, calvo, con lentes y barba negra que nació en Bélgica hace 33 años en el seno de una familia marroquí. Con veintitantos años cumplió condena en la cárcel por robo y falsificación. Al salir, trabajó como vendedor de coches de segunda mano y como voluntario en un centro de jóvenes donde se dedicó a promulgar la homofobia e ideas antidemocráticas, según un trabajador social llamado Peter Calluy.

Cuando Jejoen visitó por primera vez la sede de Sharia4Belgium, Belkacem le preguntó si estaba dispuesto a estudiar el Corán “sin distorsiones”. El líder del grupo organizaba un programa intensivo de adoctrinamiento ideológico de 24 semanas en las que trataba de enfrentar a los musulmanes contra los infieles y ontraponía sharía y democracia. Proyectaban videos de batallas de Afganistán y Chechenia que presentaban a los muyahidines como héroes altruistas que defendían el islam frente a los cruzados corruptos, e incluso llegaron a ver un video de una decapitación. El predicador aseguraba a los hermanos (así se llamaban entre sí) que la mayoría de los imanes no hablaba de yihad ni de martirio para mantener las subvenciones estatales, y les instaba a no contar nada a sus padres sobre el grupo.

Jejoen empezó a pasar su tiempo libre en la sede de Sharia4Belgium. Cuando su familia le preguntaba dónde estaba, él contestaba que jugando videojuegos con amigos. El joven solía llegar tarde a casa y le costaba levantarse por las mañanas. “Poco a poco empezó a descuidar sus obligaciones”, recuerda Dimitri. Algunos miembros de la organización abandonaron la preparatoria y se alejaron de sus amigos. Dimitri descubrió que su hijo era miembro de Sharia4Belgium a finales de 2011, poco después de que Jejoen ingresara en el grupo. Cuenta que pidió a la policía que lo sacaran de esta organización, entre otras cosas porque era menor de edad, pero un juez le dijo que no podían hacer nada.

Belkacem nunca llegó a ordenar explícitamente a sus seguidores que lucharan en Siria, pero sí les enseñó que el martirio en el campo de batalla merecía la mayor recompensa en el paraíso. Stéphanie Djato —una de sus dos esposas, pese a que la poligamia está prohibida en Bélgica— se negó a obedecer la ley que prohíbe cubrirse el rostro completamente en público. Cuando una agente de policía trató de quitarle el niqab, Djato le rompió la nariz de un cabezazo. Al mes siguiente, detuvieron y encarcelaron a su marido por “incitación al odio”.

Tras ser encarcelado, la organización quedó disuelta y en los meses posteriores cerca de 50 miembros de Sharia4Belgium se unieron en Siria a grupos que después fueron absorbidos por Al Qaeda y el ISIS. El 13 de febrero de 2013, poco después de cumplir los 18 años, Jejoen tomó prestada la maleta de su padre con la excusa de un supuesto viaje a Ámsterdam y metió en ella ropa, un saco de dormir, una linterna y unos lentes de visión nocturna (esto último a petición de uno de sus hermanos en Siria). Se marchó de casa sin saber siquiera a qué grupo iba a unirse. Esperaba “convertirse en mártir al cabo de poco tiempo y después ir al paraíso”.

*Descubre la historia completa publicada en nuestra edición impresa de mayo 2016.