¿A dónde llevaríamos de paseo a los reyes de España?

Imaginamos el itinerario ficticio, pero increíble, de don Felipe y doña Letizia ahora que están en México.

Aunque estamos seguros de que ser miembro de la realeza debe ser un gran privilegio, la realidad es que un título de esa magnitud también conlleva grandes responsabilidades, como el manejo de un rígido protocolo y constantes viajes oficiales en los que la diplomacia y las buenas costumbres siempre van por delante.

Los reyes de España, Felipe VI y Letizia, comienzan su visita a México este lunes como parte de su agenda de trabajo, y la Casa Real reveló el itinerario oficial de sus majestades, el cual incluye encuentros con el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto y el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera; la asistencia del Rey Felipe en el Foro Empresarial Méxic-España; una sesión solemne en el Senado de la República; una comida organizada por la Embajada de España en México y una visita a Zacatecas, entre otros. Sin embargo, si nos dieran a elegir, nosotros propondríamos un calendario mucho más folclórico, divertido y MUY mexicano.

 

Así vestirían diseñadores mexicanos a la reina Letizia

Para comenzar el día los llevaríamos a Coyoacán para desayunar en el mítico Castillo de los Hotcakes (por aquello de la temática de la realeza). Una vez dentro del lugar, que se caracteriza por crear hotcakes con formas divertidas, pediríamos un par para sus Altezas Reales y luego unos cuantos más para las infantas Leonor y Sofía, quienes seguramente estarán fascinadas de comer un pancake mexicano con cara de Bob Esponja o Elsa, de Frozen.

Después de abandonar el castillo (de los Hotcakes, por supuesto) nos dirigiríamos a Chapultepec, para bajar la comida haciendo un poco de ejercicio en las lanchas de pedales del lago. Por supuesto, al tratarse de invitados de honor, a don Felipe y a doña Letizia les permitiríamos quedarse con los botes V.I.P. O sea, las que tienen forma de cisne.

Posteriormente, y aprovechando la cercanía, los llevaríamos a visitar el Acuario Inbursa, pues, además de ser el más grande de México y el único subterráneo de Latinoamérica, siempre hemos querido ir y hay que hacer una fila enorme para entrar, pero con los reyes de España de nuestro lado seguramente obtendríamos acceso directo.

Una vez que hayamos terminado de maravillarnos con las especies del mundo submarino nos dirigiríamos al centro de la Ciudad para comer en la cantina La Ópera, misma que frecuentaron Porfirio Díaz, José Ivés Limantour y Emiliano Zapata en su época, y donde Pancho Villa dejó huella de su visita con un balazo que, hasta la fecha, se puede apreciar incrustrado en el techo. Después caminaríamos por el Zócalo para que los reyes pudieran observar a los danzantes aztecas y comprar algunos inciensos de copal y pachuli para aromatizar el Palacio de la Zarzuela.

Sonrisas, amistad y complicidad, de una reina a otra

Cuando caiga la tarde será el momento perfecto para hacer un recorrido en bicileta por Reforma y, si los reyes tienen suerte, observar a las quinceañeras que estacionan sus limusinas hummer color rosa alrededor del Ángel de la Independencia para bajarse a posar. Ése sería también el lugar ideal para tomarse la selfie del recuerdo. Después haríamos una visita rápida a Masaryk, en Polanco, para que la reina Letizia, quien es una ávida compradora, pueda elegir algunos regalos para sus hijas y su suegra, doña Sofía, en algunas de las boutiques de la zona. Una vez que termine el shopping nos iríamos a cenar unos merecidos tacos al pastor, con todo y chapulines, y pondríamos a prueba la tolerancia al picante de los reyes españoles: habanero, jalapeño, chile de árbol, morita y chile güero. ¡Olé!

Ya bien entrada la noche, y tras degustar tequila, mezcal y pulque, les daríamos una clase exprés sobre albures mexicanos y después haríamos una visita obligada a Garibaldi, porque, honestamente, nada nos daría más gusto que ver al Rey Felipe echando un ‘palomazo’ y entonando “Pero sigo siendo el reeeeeey”.