Juguetes para jugar, no para “niños” o “niñas”

Poco a poco surgen iniciativas para limpiar a los juguetes de estereotipos y clichés de género. Se abre un amplio sendero por transitar.

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Belén tiene 6 años y lleva toda la tarde jugando sola. No está meciendo un bebé de plástico en sus brazos, tampoco está preparando comida en ollitas diminutas ni vistiendo a una despampanante Barbie. Ella está sentada trabajando en la computadora, sus dedos con uñas bien pintadas no dejan de teclear un minuto. Juega a que está muy ocupada, como su mamá, a que no tiene tiempo para nada más, tiene mucho trabajo por entregar y se siente muy estresada.

Hace veinte años la mayoría de las niñas sólo jugaban a ser mamás, a tomar el té con sus amigas y al reinado de belleza. Ciertamente las cosas han cambiado. Cada día más niños tienen la posibilidad de elegir libremente sus juguetes y no hay duda que en muchas familias los roles de género se han flexibilizado y han perdido nitidez los estereotipos.

Así lo viven niñas que se descubren talentosas para los juegos de fichas de armar y chicos que optan por preparar platillos con hojitas y piedritas del jardín, o que pasean orgullosos a su bebé en la carriola.

Sin embargo, el sexismo de juegos y juguetes sigue dominando el mercado y, por ende, los ratos de esparcimiento de los chicos. Está claro que no se trata de un estigma propio de los juguetes, que son asexuales de por sí, sino de una sociedad que segmenta las alternativas y designa qué te debe gustar o con qué debes jugar si eres niño o niña.

En los juguetes se sigue reproduciendo la sociedad patriarcal y machista que afianza los consabidos roles: la mujer limpia y cuida a los niños, y el hombre construye, inventa y trabaja ajeno al hogar. Mientras los niños ignoran lo que tiene que ver con programación de género, la industria de los juguetes sigue empeñada en asignar un sello distintivo mediante el color, el empaque, las instrucciones de uso, la distribución en las tiendas y sobre todo a través de estrategias publicitarias que terminan convirtiendo fichas, superhéroes, casitas y pistolas en meros elementos sexistas, cuyos mensajes contundentes no dan tregua. Al punto que en las tiendas no hay simplemente juguetes, sino más bien dos pasillos separados: el rosa y el azul. Lo mismo sucede en anuncios publicitarios y catálogos.

Quienes han estudiado acerca de juguetes infantiles y género argumentan que una de las principales razones por las que prevalece este tipo de mercadotecnia es debido a que los fabricantes saben que al segmentar el mercado en grupos, venden más versiones del mismo juguete.

“No parece una estrategia inteligente. Mezclar los productos de formas más creativas invitaría a que todos los niños, independientemente de su sexo, recorrieran la oferta completa de juguetes, como observa la psicóloga especialista en género Pilar García, quien finalmente se pregunta: ¿qué diferencia real puede haber entre unos bloques para armar que usen unos niños y unos que usen unas niñas para construir cosas?

no mas juguetes sexistas

Roles universales

Frente a esta reiterada queja, la industria de juguetes ha optado por hacer versiones de algunos juguetes para el sexo contrario. Por ejemplo Lego, desde siempre dirigido a chicos, hace un par de años creó una línea de productos para niñas: fichas colores pasteles para jugar a decorar casas, ir a la peluquería y arreglar fiestas.

“Esto no ayuda en nada porque no universaliza los roles. La idea es que niños y niñas compartan roles tanto de crianza como de oficios”. como relata Margarita Ortega, psicóloga infantil. Hoy también los juegos de mesa y estrategia son pensados con “universo de chico” y “universo de chica”, lo cual dificultad que jueguen todos juntos.

Asimismo, son muchos más los juguetes “de niños” hoy adaptados para ser usados por niñas. Armas, herramientas y coches color rosa han permitido que ellas sean más libres y exploren otras actividades, incluso que sean aplaudidas por usar cosas de hombres.

Ahora Barbie es médico, bombero, policía, etc. Contrario a esto, según Ortega, los chicos están mucho más restringidos. “Hay cocinitas para hombres, pero con la etiqueta: para grandes chefs. Cuando un hombre cocina es un chef, cuando una mujer cocina es una cocinera o ama de casa. Este tipo de iniciativas devalúan los roles en virtud de quien los efectúe, enaltece lo masculino y subvalora lo femenino”.

Algunos avances progresistas

Como sea, cabe resaltar iniciativas que contribuyen a un mundo menos sexista. Algunas marcas de juguetes infantiles ya han dado el paso hacia una producción y publicidad más neutral. Por ejemplo, la cadena Toys ‘r’ Us en Europa se ha plegado a Let Toys be Toys, una asociación de Reino Unido que trabaja contra los estereotipos de género en la publicidad y los juguetes. En esta misma línea trabajan organizaciones como el Centro de la Mujer en España con su campaña “No limites su juego, no limites su futuro”.

Esta tendencia también es la ruta por la que caminan las jugueterías Dideco e Imaginarium. De igual forma, Toy Planet ha quebrado los roles preestablecidos mediante catálogos que no encasillan los gustos de los pequeños. En ellos aparecen niños cocinando y haciendo mercado, y niñas manipulando futbolitos y componiendo cosas con herramientas. Como la misma compañía lo ha expresado: “Los juguetes no son para niños o para niñas, son para jugar. En Toy Planet nos olvidamos de los estereotipos y clichés y ponemos a jugar a los peques con los juguetes que prefieran, ¡sin distinciones!”.

No se queda atrás la cadena Super U en Francia con el lema que manejan desde 2014: No hay juguetes para chicos o para chicas… sólo juguetes. Esta consigna de venta derivó de un experimento: en una amplia superficie combinaron escenarios de niñas y de niños con juguetes relacionados con cada contexto. Cuando abrieron las puertas a un grupo de chicos sin sus papás, hubo una gran sorpresa. Cada niño eligió libremente con qué quería jugar. Muchas niñas optaron por los trenes y grúas, y una buena cantidad de niños se pusieron a aspirar y jugar a la casita.

Reveladoras iniciativas como ésta marcan el ejemplo. Sin embargo, “también es esencial el ejemplo de los papás y de los mismos pares. Los niños sienten más presión social en el deber ser de género en la sociedad que en la casa”, comenta Ortega.

Los juguetes son las primeras herramientas para explorar, aprender y crear nuestro mundo y sus valores. No en vano, según Myriam Miedzian, autora de "Boys Will Be Boys: Breaking the Link Between Masculinity and Violence", los niños que juegan con muñecas suelen ser más pacientes, compasivos y comprensivos cuando crecen. Queda mucho camino por andar para comprender en dónde se sitúan las profundas transformaciones sociales. Los juguetes no son un juego.