Y la fiesta comenzó

En 1982 seis niños debutaban como Timbiriche. Revivimos junto a varios de sus protagonistas aquella época marcada por el éxito, el furor de los fans y la rivalidad entre sus integrantes.

Aún no terminaba 1982 y La Banda Timbiriche acababa de estrenar su sencillo México, en un concierto en Monterrey. Tras un recibimiento desbordante, el grupo sale escoltado por una valla humana formada por el personal de seguridad, quien los intenta proteger de una estampida de fans que les jala el cabello y la ropa, les araña la cara y amenaza con atentar contra su vida. Los chicos se logran colar a la camioneta cuando sus frenéticos seguidores —suponemos que distraídos por disputarse entre ellos algunos de los cabellos rubios que han logrado arrancarle a Paulina—, les dan una tregua. La posterior embestida contra el Timbi-móvil es similar al del ataque de un batallón de zombis contra un tanque de guerra. “Se movía como si fuera un terremoto, las niñas estaban llorando, pero además del miedo, eran lágrimas de emoción porque habían triunfado. Al final logramos huir”, rememora Luis de Llano. El
incidente fue una revelación, ellos no eran personas comunes y corrientes, eran unas pop stars. Mariana Garza ya había experimentado el frenesí de los fans: “Una vez una señora sacó de su bolsa un pañal y me pidió que se lo firmara. Lo hice, pero fue muy extraño. En otra ocasión, una niñita pequeña, desesperada de que no había una pluma para que le firmara un autógrafo, me extendió su manita y me dijo: ‘Entonces escúpeme la mano, por favor’. Fue súper raro”, recuerda Mariana.

Y la fiesta comenzó

“La fama llegó muy rápido, los primeros conciertos fueron en lugares inmensos e inusuales para unos artistas nuevos. En un estadio de beisbol en Mérida, donde fue la primera presentación en la historia de Timbiriche, no llegaron las maletas con el vestuario. Nuestra mánager tuvo que improvisar y nos compró guayaberas de colores a todos para salir a tocar. Todo mundo se acuerda de los trajes especiales de Timbiriche pero no de las guayaberas”, rememora nostálgico Benny Ibarra. Meses antes, había tenido lugar una reunión decisiva. “Urge se presente en la oficina del Sr. Víctor Hugo O’Farrill”, le dijo en tono grave su secretaria a Luis de Llano. El productor estaba ocupado. “Estoy grabando y no puedo”, contestó. “Señor, es que dicen que es muy urgente”, respondió la asistente. Luis de Llano tuvo que plantarse lo antes posible en la oficina de O’Farrill, uno de los directivos más poderosos de Televisa. Del encuentro, De Llano salió asumiendo la dirección creativa de un nuevo concepto infantil que se llamaría Timbiriche. Los elegidos fueron Alix Bauer, Mariana Garza, Sasha Diez Barroso (aún no usaba el apellido Sökol), Paulina Rubio, Benny Ibarra y Diego Schoening; sus edades iban de los 11 a los 13 años. “Eran hijos de artistas y conocidos, los ubicaba porque estudiaban ahí y siempre andaban deambulando por los foros”, recuerda Luis de Llano. “Yo no conocía a los demás, fui el último en llegar. Mi primer recuerdo de Timbiriche fue en una comida familiar donde mi tío Luis me contó que estaba desarrollando un proyecto con niños para hacerle frente a Parchís”, recuerda Benny. Sus estrategas artísticos eran Martha Zavaleta (madrastra de Diego) y Pedro Damián, entre otros.

Y la fiesta comenzó

El 30 de abril del 82 fue el gran día del lanzamiento y, apadrinado por Miguel Bosé, el grupo hizo su presentación oficial en un programa especial de televisión. “Que Miguel los adoptara, los hacía sentirse importantes”, afirma De Llano. Los chicos aparecieron ataviados de angelitos —aunque en cierta parte del video se convierten en pequeños demonios— cantando Don Diablo al lado del divo español, igualmente caracterizado para la ocasión. “Tengo la imagen de Miguel grabando su voz en vivo, fue un gran momento. Él fue muy paciente con nosotros, porque éramos unas babillas”, rememora Benny. Timbiriche, Somos amigos y Hoy tengo que decirte papá fueron los primeros sencillos del disco homónimo. “Ese tema nos afectaba emocionalmente, porque ninguno de nosotros vivía con su papá excepto Diego. Los demás éramos hijos de divorciados sin un padre presente”, me confiesa Mariana Garza. “Paulina era el demonio”, asegura Luis de Llano, “pero ya he comentado que también era la luz de  Timbiriche”. A Sasha y Mariana no les gustaron esas declaraciones y, en su momento, le reprocharon al productor sus palabras. “¿Y nosotros qué éramos entonces?”, recuerda Luis que le preguntó enojadísima Sasha. “¡Pero era la verdad!, Paulina era la más picosa, a la que le valía gorro todo”, asegura el productor. “Lo que sí, es que era insoportable. Una vez no aguanté y le jaloneé el cabello; se fue a quejar con su mamá [Susana Dosamantes]”. En otra ocasión, en un viaje a Estados Unidos, el productor le ofreció dinero a Benny para que le vaciara un refresco con hielo en la cabeza a Paulina para ver si así se le bajaba el aire de superioridad. Benny cumplió y ella les dejó de hablar una semana. “La Chica Dorada que ves ahora es ese motor que nunca se detuvo”, me asegura De Llano.

*Lee el artículo completo en nuestra edición impresa de abril 2017.