¿Sabías que Hillary Clinton todavía podría ser presidente?

La posibilidad es remota, pero técnicamente la candidata demócrata todavía podría ocupar la Casa Blanca.

Quizás antes se alineen los planetas, un meteorito arrase con la Tierra, o la teletransportación cuántica se convierta en realidad, pero Hillary Clinton aún puede ocupar el lugar de Donald Trump. Sabemos que esta noticia juega con tus sentimientos justo cuando te empezabas a recuperar de la resaca que dejó la elección del magnate, pero en tiempos de crisis la esperanza es lo último que se pierde.

Resulta que el triunfo de Donald el martes pasado no le garantiza al 100% la presidencia, pero determina que la mayoría de los votantes del Colegio Electoral- los que se reunirán el próximo 19 de diciembre para tomar una decisión- son de su partido. El magnate ganó 306 representantes republicanos y Hillary apenas consiguió que 232 demócratas la representen en la votación. En teoría, los 306 votarán por Trump y los 232 por Clinton, pero no están obligados a hacerlo.

Históricamente, casi todos los votantes del Colegio Electoral han hecho lo esperado y han votado por el candidato del partido que representan, pero también ha habido uno que otro ‘rebelde’. El analista político de The Green Papers, Richard Berg-Andersson, cuenta nueve representantes del Colegio que, o han votado por el candidato del partido opuesto, o se han abstenido de votar. El caso más reciente ocurrió en 2004, cuando un elector de Minnesota se negó a apoyar al demócrata John Kerry y le dio su voto a John Edwards. Ninguno de estos votos ‘sorpresa’ han sido determinantes en el conteo y no han logrado revocar una elección.

La noticia de que el exdueño de Miss Universo dirigirá al país más poderoso del mundo los próximos cuatro años ha dejado a la mayoría de su país inconforme- recordemos que Hillary ganó el voto popular. Miles de ciudadanos se han lanzado a las calles para protestar al grito de “este no es mi presidente” y la polarización está a la orden del día. Si a esto le añadimos que muchos republicanos, incluídos Mitt Romney, John McCain y George W. Bush, le dieron la espalda a Trump durante su campaña, nos quedamos con una pequeñísima esperanza de que algunos votantes republicanos no voten por él.

Seamos sinceros, es casi una misión imposible. La diferencia de representantes en el Colegio Electoral es considerable y no bastaría con que uno o dos votantes traicionaran a su partido: 37 tendrían que abstenerse o darle el voto a Hillary.  Pero si algo nos ha enseñado 2016 es que a la política de hoy no le importan los precedentes, y estas elecciones han sido de todo menos convencionales.

Las consecuencias de un escenario improbable

Según la  Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales, que fue fundada para promover una mejor comprensión de los asuntos estatales que enfrenta Estados Unidos, 30 de los 50 estados del país tienen leyes para castigar a sus electores que no voten por su partido, o para prevenir que lo hagan. Sin embargo, en la mayoría de casos la penalidad es solo una multa moderada, y ni siquiera está claro si se pueden defender estos castigos en un juzgado, ya que nunca se han hecho efectivos. Pero además, en 20 estados ni siquiera hay medidas que intenten impedir el cambio de bando de sus electores.

Una petición de Change.org, que hasta el momento ha conseguido más de 3,500.000 firmas, confía en que se puede convencer a los votantes para que favorezcan a Clinton. “Hillary ganó el voto popular. La única razón por la que Trump “ganó” es por el Colegio Electoral”, dice la petición. “Pero el Colegio Electoral puede darle a la Casa Blanca otro candidato. Así que, ¿por qué no usar nuestra institución más antidemocrática para asegurar un resultado democrático?”.

En cambio, para algunos expertos, el hecho de que los electores “traicionaran” al partido que los escogió, y sobre todo a los votantes de ese partido, golpearía fuertemente al sistema democrático estadounidense. Estaríamos hablando de desafiar unas reglas que llevan cumpliéndose por 180 años.

Pero además, causaría una crisis constitucional, porque no existe un universo en el que Trump y su partido- que además controla el congreso- aceptarían que Clinton gane de esa manera. Un conflicto así generalmente acabaría en una crisis militar y, considerando que Hillary no es muy popular entre los militares, probablemente a los liberales les saldría el tiro por la culata.

Hay esperanza, pero si no crees poder resistir otra decepción, lo mejor es que te hagas a la idea de que tendremos Donald Trump para rato.