Brie Larson se topó con la mejor fotografía de la gala del Met

La galardonada actriz fue traicionada por un ligero síndrome del impostor de la mano de Kylie Jenner.

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Muchas cosas pueden ocurrir si estás en el lugar preciso en el momento correcto. Un día vas a cierto Dairy Queen en Ohio, en donde casualmente está el agente de casting de Butterfinger Blizzard, y al día siguiente estás modelando para Vogue. Te asignan el asiento 14A en un avión y terminas sentándote junto a tu futuro jefe, el vicepresidente de una firma importante. Pides una ensalada para acompañar tu sándwich de pollo, pero el mesero te lo lleva con papas curly, que es lo que en realidad querías desde el principio. Se puede sentir como el destino, como si todo el universo estuviera confabulado a tu favor sólo por un momento.

En la gala del Met del lunes pasado, Brie Larson, una actriz que comienza su carrera en Hollywood, tropezó con su destino, sino, fortuna, una especie de predestinación o como lo quieran llamar. Tenía que ir al baño, en donde se encontró con los máximos representantes del talento joven, y con Diddy. Ahí está, en la imagen de la noche, un revoltijo en el baño que incluye al artista musical Frank Ocean; las hermanas Jenner; la reina de los realities, Kim Kardashian West; la modelo Lily Aldridge, el rapero A$AP Rocky; Paris Jackson y muchos más. Una fascinante confluencia de famosos captada para la posteridad. “Tenía que ir al baño y terminé siendo famosa”, escribió Larson sobre este momento.

Lo que no se ve es la parte en la que la actriz repartió su tarjeta de presentación e hizo planes para el almuerzo del día siguiente. No se ve cuando le pide a Kardashian West que le pase un rollo de papel de baño por debajo de la puerta, construyendo una amistad que beneficiaría a ambas, hasta que Larson finalmente se volvió más famosa que Kardashian West.

Es broma. Larson es una actriz galardonada. Ella pertenece a esa sala de baño y a otras más también, en las que se encuentran Nicole Kidman, Isabelle Hupert, Meryl Streep y la estatua de tamaño natural del Óscar dorado.

Esto responde a una antiquísima pregunta: ¿Los ganadores del Óscar pueden padecer el síndrome del impostor? Parece que sí. No importa cuántos trajes de diseñador se pongan ni cuántos escenarios atraviesen, es posible que padezcan el síndrome del impostor cuando han bebido demasiada champaña y se dirigen al baño del museo para encontrarse ante la cámara del iPhone de Kylie Jenner. Algunas veces te hallas en el lugar adecuado en el momento adecuado, y de pronto estás en la categoría de mejor fotografía de la noche.

*Texto originalmente publicado en Vanity Fair U.S.