Mandatarios de altos vuelos

O el extraño caso de cómo los países con economías en desarrollo poseen los aviones presidenciales más lujosos.

Nuestro querido mundo está un poco de cabeza, nadie puede ignorarlo a esta altura. Una de las pruebas de esto es que algunos países con economías en desarrollo (o en franca caída) están entre los que poseen los aviones presidenciales más lujosos y caros del orbe.

En México el avión presidencial, que realizó su primer vuelo tripulado por el presidente Enrique Peña Nieto el día de ayer, es un sueño de nuevo rico hecho realidad. En medio de una economía global en vilo (hace apenas unas semanas, el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, advirtió sobre una posible crisis mundial), con un dólar históricamente caro (ya a más de 19 pesos), un petróleo a precio irrisorio y muchas complicaciones más, el costo del avión presidencial no deja de despertar suspiros de indignación. Sin embargo, hay que recordar que su adquisición no fue producto de la actual administración.

En 2012, durante el mandato del ex presidente Felipe Calderón, la Secretaría de Defensa solicitó renovar la flota presidencial.
El avión entonces utilizado por los mandatarios (y hasta el día de hoy por Peña Nieto), cumplía más de dos décadas de vida útil, con gastos de mantenimiento elevados debido a su senectud.

Claro, eso no significaba ir a por el avión más costoso del planeta, pero así ocurrió. Apenas en diciembre de 2015, el periódico español 'El Economista', enlistaba los 20 aviones presidenciales más caros y, sorpresa, el de México quedó en el lugar número uno. ¿Por encima de Estados Unidos? Si se suma la flota completa de ese país, por supuesto que no, pero individualmente, sí. Otros países cuyas aspiraciones superan con creces su realidad económica interna incluidos en la lista fueron Zimbabwe, Bangladesh, Túnez, Brasil, Ghana, entremezclados con potencias como Japón, Alemania y Francia, entre otras. Pero, ¿quiénes somos para juzgar? Al fin y al cabo, la imagen es lo que cuenta.

Lo bueno es que el avión tendrá una vida útil de unos 25 años, suficiente para unos cinco mandatarios puedan realizar negocios y giras de trabajo fructíferas en los destinos más lejanos: y es que el Boeing Dreamliner 787-8 (o el 'José María Morelos y Pavón', para los amigos) puede recorrer distancias superiores a los 15 mil km sin escalas (es decir, hasta Oriente medio, por lo menos).

Claro, el costo es un poco elevado, más allá de los aproximadamente 900 millones de pesos que ha costado remodelar el hangar para hospedarlo, y los costos de adaptación interior (dispositivos de seguridad, decoración, etc.), así como del presupuesto que se debe considerar para su mantenimiento y uso (se calcula en unos 153 mil pesos la hora de uso, aunque el costo total anual podría subir a más 50 millones de pesos). Lo bueno es que los más de seis mil 94 millones 689 mil 887 pesos que ha costado el nuevo transporte podrán ser liquidados hacia el año 2027, en módicas anualidades de 451 millones de pesos.

Hace apenas unas semanas, el presidente argentino Mauricio Macri anunció que su gobierno prescindirá del famoso Tango 1, avión presidencial adquirido por el gobierno de Carlos Menem en la década de los años 90, y que fuera utilizado hasta hace unos meses por la saliente Cristina Fernández de Kirchner. ¿La razón? El costo de mantenimiento del aparato ascendería a 20 millones de dólares, cifra que el gobierno no está dispuesto a desembolsar. Aunque, ojo, el hecho de utilizar aviones privados rentados o pertenecientes a la flota de alguna empresa aeronáutica, no es garantía de austeridad.

En Colombia causó asombro y molestia el viaje que realizó su mandatario, Juan Manuel Santos, en días recientes a Estados Unidos. El motivo era celebrar los 15 años de la implementación del Plan Colombia. Pero lo que causó indignación no fue que celebrara este acontecimiento que ha generado tanta discusión en ese país, ni el hecho de que el presidente de la austeridad haya decidido viajar en un avión de la compañía Avianca (por la que viaja todo mundo), sino que lo haya hecho en compañía de unos 200 invitados, entre ministros, amigos y familiares. Por supuesto, el avión que ocupaba el mandatario no fue suficiente para toda la comitiva, por lo que debieron rentar dos. ¿Habría costado menos la celebración de haber poseído un modesto avión presidencial? El problema es, quizá, que la modestia no es bien vista en el mundo de la presidencia.