Casey Affleck y las dos caras de Hollywood

El menor de los hermanos Affleck se llevó el Oscar a Mejor Actor, y con argumentos de sobra; pero también fue protagonista de un polémico caso de índole sexual.

A Casey Affleck no le gusta mucho hablar. De hecho, tampoco le gusta ver las películas que ha hecho. Y lo confiesa sin dudar. Sistemáticamente huye de cualquier posición en la que pueda ser el centro de atención y donde él o lo que hace sea el tema de conversación.

“La mayor parte del tiempo no veo las películas en las que estoy. Me gusta hacer escenas, trabajar con el director y con otros actores, pero verlas al final no es algo que me interese o me atraiga”, comparte el actor de 41 años a Vanity Fair en una suite del hotel Fairmont durante el pasado Festival Internacional de Cine de Toronto.

Desde la premiere y función de prensa de Manchester by the sea, un par de días antes de la entrevista, los rumores y comentarios sobre una actuación merecedora de una nominación a un premio Oscar comenzaron a circular en medios especializados de todo el mundo. Resultó que todos esos comentarios tenían razón.

Cuando la idea se la comenté, y señalé que quizás en unos meses tendría que estar haciendo más entrevistas y asistiendo a eventos como parte de una posible campaña si se lograra la nominación, Affleck rápidamente respondió, “No es algo que tenga que hacerse. Si la película es buena, es buena, y la gente lo sabrá y se enterarán. No es realmente obligatorio estar en todo ese circo.”

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Es difícil no sentir cierta admiración por un actor que metódicamente cuestiona el exceso de atención a su gremio y para quien lo único importante es actuar y no hablar tanto de ello.

“Quizás soy bastante conocido por hacer mucho menos de lo que a la gente le gustaría que yo hiciera”, confiesa en clara alusión a entrevistas como esta misma, donde no se caracteriza por ser particularmente fácil de entrevistar. Unos minutos antes, en otra suite, Kenneth Lonergan, director y guionista de Manchester by the sea, hablaba sobre esa particularidad de su protagonista.

“A veces Casey puede parecer un tipo tímido, huraño o distante, pero creo que es porque es el tipo de actor que solo quiere actuar y ya. Me parece que incluso es auténticamente incómodo para él ser el centro de atención”, aseguró el hoy ganador del Oscar a Mejor Guión Original también por Manchester by the sea.

En Manchester by the sea, Affleck interpreta a Lee Chandler, un silencioso y huraño encargado de mantenimiento quien contra sus deseos debe regresar a su pueblo en la costa de Massachusetts para hacerse cargo, tras la muerte de su hermano, de su sobrino adolescente.

Conforme el film avanza se nos van revelando las profundas cicatrices emocionales y la tragedia que lo han apartado de su familia y básicamente de casi cualquier relación con el mundo, y Affleck sobresale en esa, a la vez sutil y contundente, forma en la que logra transmitir una amplia variedad de intensos momentos a través de precisos y pequeños detalles como sus reacciones, en lapidarios diálogos o en abrumadores silencios.

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Cuando se le pregunta cuál fue su primer reacción al leer el guion de Lonergan, responde, “Es chistoso, fue una de esas lecturas donde dejas de analizar. A veces lees algo y hay una parte de ti que permanece en un lugar analítico, tu perspectiva de actor. ¿Voy a hacer esta película? ¿Es este un buen personaje para mí? ¿No lo es? ¿Puedo traer algo a esto? En este caso casi inmediatamente lo estaba asimilando como si fuera una pieza de no-ficción; y además, no solo como un guión, sobre el cual construyes una idea visual, sino como un algo completo. Todo estaba ya ahí en las páginas.”

Para Affleck fue claro que, “Este es definitivamente el tipo de película que quiero hacer. Lo fue cuando leía el guion, y lo fue cuando trabajamos en la cinta, eso es seguro. Cuando estás trabajando con personas que te hacen sentir mejor y te inspiran y te recuerdan por qué te gusta hacer películas, y que son realmente divertidas y agradables, y que también son amigos, es una especie de situación perfecta. Tengo que recordarme que el resultado realmente no importa, porque también he hecho lo mismo en películas que no resultaron tan bien, pero siguen siendo experiencias fantásticas que valoro”.

5 meses después de la entrevista sabemos que Affleck ya tiene su Oscar. Y que lo único que parecía podía quitarle esa estatuilla de las manos en las últimas semanas era la posibilidad de una Academia de Hollywood con ganas de mandar discursos políticos de la mano de la nominación y campaña de Denzel Washington por Fences.
Sin embargo, la nominación y consideración de favorito, no vino sin una cuota de polémica. Ya que Hollywood decidió dejarle pasar algo que a otros les ha costado cualquier sueño de un Oscar.

Hace un año, el estreno e inicial recepción de la película Birth of a Nation, de Nate Parker, en el Festival de Cine de Sundance, catapultó al film y a su director como uno de los más serios y tempranos contendientes al Oscar de este 2017 por su retrato de racismo, historia y violencia en plena fiebre del #OscarsSoWhite.

Meses más tarde, la salida a la luz de una demanda por la presunta violación de una compañera de universidad que acabó suicidándose (una década más tarde), hundió cualquier aspiración de la cinta y su realizador. Parker fue absuelto de la acusación de violación (en 1999), la supuesta víctima dejó la universidad, enfrentó varios episodios de depresión y terminó suicidándose en 2012.

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A partir de la recuperación de esta información y su circulación en medios, todo el ruido que acompañaba a Birth of a Nation y a Nate Parker como candidatos fuertes para entrega del Oscar, desapareció. Por completo.

En julio de 2010, tras renunciar después de un par de meses de trabajo en el falso documental I’m still here (dirigido por Casey Affleck y protagonizado por Joaquin Phoenix), la productora Amanda White y la directora de fotografía Magdalena Gorka, interpusieron demandas por acoso sexual contra el hoy ganador del Oscar a Mejor Actor.

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Descripciones de insultos, insinuaciones sexuales y manoseos aparecen dentro de las demandas que finalmente fueron retiradas cuando Affleck alcanzó un acuerdo económico con White y Gorka fuera de los tribunales.

Pero esta polémica logró olvidarse, desvanecerse o encontrar poco eco en medios y mucho menos entre los votantes de la Academia de Hollywood, mientras hoy muchos cuestionan si no es una muestra clara de la doble moral de Hollywood en cuestiones de conductas sexuales y en el trato diferente entre un artista de color y uno blanco.