El millonario que podría convertir la Casa Blanca en un reality show

Donald Trump ha anunciado que se postula como candidato del partido republicano a presidir Estados Unidos.

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En Las Vegas es difícil que un edificio llame la atención. En medio del desierto, rodeado de casinos que imitan a los palacios de Venecia o la carpa de un circo, la torre Trump desafía el horizonte con su fulgor dorado. Porque la torre es dorada de arriba a abajo y con el nombre del famoso multimillonario coronando el edificio, logra que uno acabe volviendo la mirada una y otra vez a ella. Hortera hasta la extenuación, el oro es el color que mejor representa al propio Donald Trump, el hombre que ha conseguido que todos los nuevos ricos de este mundo se sientan orgullosos de sí mismos.

No es casualidad que cuando se presenta como candidato a las elecciones de Estados Unidos, lo primero que esgrima sea su propia fortuna personal, que él mismo estima en casi nueve mil millones de dólares como principal aval para el cargo. En el mundo de Trump, ganar dinero, mucho dinero, es sinónimo de virtud. Y esa virtud se aplica a todo, incluido gobernar el país más poderoso del mundo.

A sus 69 años, Donald Trump considera que no tiene rivales a su altura. Ya lo dijo ayer de madrugada en una entrevista con Bill O’Reilly, el presentador bocazas de la Fox con el que tiene más de un punto en común, Trump no respeta a los otros candidatos republicanos salvo a “un par”. ¿Y por qué? Pues porque no le parecen lo suficientemente duros: “México está mandando a gente y no precisamente la mejor. Está trayendo a criminales y violadores. Asumo que hay algunos buenos”. Un discurso populista y políticamente incorrecto con el que Trump pretende destacar entre los otros doce candidatos. Algunos tan famosos como Jeb Bush, que tampoco le gusta: “Lo último que necesitamos es a otro Bush en la Casa Blanca”. Es en lo único que está de acuerdo con los demócratas, porque por lo demás, los considera “anti-América”.

Trump, el hombre con el mérito de haber levantado el edificio más ostentoso y vulgar de Nueva York, el millonario que hace que la expresión “bling bling” pueda ser símbolo incluso de modestia, quiere “volver a hacer a América grande” y tiene claro cómo. Por ejemplo, bombardeando sin piedad al Estado Islámico y mandando acto seguido a una compañía estadounidense para que controle el petróleo porque “si les quitas el petróleo se lo quitas todo”. Muy bien pensado.

También se postula como “el mayor generador de empleos que Dios ha creado” devolviendo a los americanos los trabajos que les ha robado “China y Japón”. Por China, de todos modos, tiene un poco más respeto que por México. Para él, China es como Tom Brady (el jugador de fútbol americano más exitoso del país y marido de Gisele Bundchen) y Estados Unidos como un “equipo de instituto” al que le están “dando por el culo”. Porque Trump se suele expresar como el pueblo llano.

 

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