El gran problema de llamarse Hillary Clinton

La campaña de vender a Hillary como "una persona normal" tiene un gran pero: no es una persona normal. Es la mujer más poderosa del mundo.

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La primera vez que vi a Hillary Clinton celebraba su victoria en el súper martes de las elecciones primarias de 2008. Aquel martes de febrero, una sonriente Hillary se presentó en el Manhattan Center de Nueva York frente a sus seguidores, junto a su marido Bill y su hija Chelsea.

Me pareció fría, calculadora, distante. La sonrisa ocultaba su preocupación por los titulares que al día siguiente confirmaban una feroz batalla entre la ex primera dama y Barack Obama, que acabaría ganando el entonces senador por Illinois.

Su gran fortaleza es ser Hillary Clinton. Su gran debilidad es ser Hillary Clinton".

La imagen se repetirá en 2016, de nuevo como candidata a las elecciones del Partido Demócrata para intentar conquistar, por fin, la presidencia de EEUU, esta vez sin Obama como adversario. Su equipo intentará más que nunca la difícil tarea de vender a Hillary como una persona “normal”. Ella, que es la mujer más famosa de su país (y del mundo). Ella, una figura tan popular y valorada que cuando dejó la secretaría de Estado en 2013 una encuesta de CNN le daba un 91% de apoyo entre los votantes demócratas y un 37% entre los republicanos.

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“Su gran fortaleza es ser Hillary Clinton. Su gran debilidad es ser Hillary Clinton” (Chris Cilizza, reportero político del Washington Post)
 
Ella, que llega a la carrera de 2016 con 69 años, los mismos que tenía Ronald Reagan cuando fue elegido presidente. Ella, una demócrata tan centrada que es íntima amiga de fortunas republicanas como la familia Walton (dueños de la gigantesca cadena de grandes almacenes Wal-Mart). Ella, tan poderosa que recibe donaciones millonarias en sus visitas a los dúplex de Park Avenue, dará la batalla con un logo que recuerda al de WikiLeaks o a la H de un hospital, y un video que asegura que la ex primera dama, ex senadora por Nueva York y ex secretaria de Estado es… “just like you!” ("¡igual a ti!"), una ciudadana cualquiera con algunos planes y desafíos para este año.

“Yo también estoy preparándome para hacer algo. Me lanzo a presidenta”, dice en el video colgado en su sitio web. Su equipo en Brooklyn ha pensado que sería buena idea iniciar oficialmente la campaña poniendo rumbo a Iowa (el primer estado que vota las primarias, el próximo enero) en una furgoneta a la que Hillary llama “Scooby” porque le recuerda a la camioneta The Mistery Machine de la serie de dibujos (su convoy se compone de tres vehículos, incluido el del Servicio Secreto que siempre la acompaña).

Así que, en lugar de tomar un avión ha optado por la carretera para, de paso, hablar con los ciudadanos que se encuentra por el camino. Y eso que no ha conducido en las últimas dos décadas, como ella misma reconoció el año pasado. La candidata calienta motores, se fotografía con familias en las gasolineras, pide un burrito con guacamole o un café en pequeños comercios locales antes de lanzarse a tiempo completo a mediados de mayo.

Entonces vendrán más tuits, fotos en Instagram, videos y declaraciones comiendo una hamburguesa como el americano medio. La estrategia pretende corregir los errores del 2008, cuando los votantes sentían que la millonaria Hillary estaba lejos de entender sus problemas. Si entonces su mensaje era “yo”, ahora es “nosotros”.

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