El fútbol y la presunción de heterosexualidad, año 2015

La polémica tras las imágenes de Cristiano Ronaldo demuestra que el fútbol no solo exige ser heterosexual, sino parecerlo.

“Justin Bieber besa a su guardaespaldas”. “La ambigua foto de Cristiano con un amigo en un barco”. Las insinuaciones y rumores que dicen que Justin Bieber y Cristiano Ronaldo serían secretamente homosexuales les han acompañado desde el inicio de sus carreras, algo que ellos han desmentido en numerosas ocasiones. Los dos son el epítome, uno a cada lado del Atlántico, de esa masculinidad exhibicionista/musculosa/egocéntrica tan odiada como amada. Esa estética de macho showie indistinguible de la que tradicionalmente se ha asociado a los homosexuales.

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Naturalmente, hablamos de estereotipos. Vestir más o menos ceñido o depilarse el entrecejo no conlleva una orientación sexual, pero es indudable que existe una estética asociada tradicionalmente con la forma de vestir gay, igual que existe una estética fresa o una estética okupa sin que todos los que la sigan lo sean o sin que todos lo que lo son la sigan. Pero en un mundo donde las apariencias tienen tanta importancia como el del espectáculo (y el fútbol, es, sin duda, uno de los mayores y de los que más dinero mueve), no deja de resultar llamativo que lo que hasta anteayer era de nicho, hoy sea la norma.


El mundo del fútbol es uno de los ejemplos más curiosos de cómo ha evolucionado la belleza masculina en las últimas décadas. Los futbolistas siguen representando la masculinidad a la vieja usanza, chorreante de testosterona, de tópicos, de fraternidad de vestuario adolescente y de un machismo que sonrojaría incluso a los votantes de derecha moderada. Uno de los insultos (porque así es empleado, como insulto) más habituales en los campos de fútbol es el de “maricón”. Se lo llamaban habitualmente a Michel desde ese momento en que tocó los testículos a Valderrama como treta para distraerle, pero en el tema que nos ocupa el ejemplo paradigmático es el de Guti.

Los campos rivales se desgañitaron al grito de “Guti, Guti, Guti, maricón” durante años, voceo nacido del rumor nunca confirmado de que el jugador había mantenido una relación con Bibiana Fernández (¡una mujer!). Es un ejemplo de transfobia que define a la perfección nuestro país, y aún hay quién defiende que la portada de Caitlyn Jenner no es necesaria. Los rumores también eran alimentados por el aspecto del futbolista. ¿Y qué aspecto era este? El de un joven que visitaba regularmente la peluquería, se ponía mechas y parecía tener un interés en la moda que iba más allá de que no le apretase la el elástico de los pants En su momento, era un excéntrico en la liga española al que se ridiculizaba constantemente por su look. Hoy, al lado de los dechados de creatividad capilares de los jugadores, sería de los discretos.

El encontronazo de Ibrahimovic y una reportera ilustra a la perfección el tratamiento de la heterodoxia sexual en muchos ámbitos sociales: pocos son los que se ofenden terriblemente al ser considerados gays, pero por si acaso, hay que dejar bien clara la heterosexualidad.

Por supuesto, siempre hubo clases. Los jugadores italianos ya iban hechos unos pinceles cuando en España ni se sabía qué era el gel, pero fue el huracán David Beckham y la llegada de la metrosexualidad la que marcó un antes y un después. De pronto cuidarse, preocuparse por la propia imagen, interesarse por la moda y sus misterios, se convirtió en una mezcla entre necesidad y placer, amén de en un lucrativo negocio cuando se esponsorizaban marcas de calzoncillos propias o ajenas.

Hoy, las cejas al hilo, las camisetas de asas, los peinados excéntricos, los pendientes de brillantes y todo lo que en los noventa estaba asociado a discotecas gays de Mikonos o Ibiza están perfectamente aceptados y son masivos en muchos vestuarios de las ligas europeas (en dura pugna con las barbas, que nos indican hasta qué punto lo hipster se ha vuelto mainstream). Pero esto no quiere decir que la aceptación de la homosexualidad haya aumentado ni en campos ni en vestuarios.

El mundo del fútbol sigue siendo uno de los más ranciamente machistas y conservadores. Se cuentan con los dedos de una mano los jugadores de las ligas principales que han salido del armario públicamente.

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