El fin de las catástrofes aéreas

A partir de este martes, las aerolíneas deberán comenzar a respetar a sus pasajeros con los nuevos decretos en las leyes de Aviación Civil y de Protección al Consumidor en México.

¿Se han preguntado alguna vez por qué la mayoría de los cómicos utilizan los aviones en sus stand-ups? Que si se perdieron las maletas en su vuelo, tuvieron que esperar doce horas en un aeropuerto minúsculo durmiendo en sillas incómodas, sufrieron turbulencias que parecían el fin del mundo, las aeromozas eran groseras o, la más típica, tenían a ese infame bebé al lado que llora todo el trayecto.

Si en los años setenta eran esas películas de catástrofes aéreas protagonizadas por Burt Reynolds como Airport, subir a una aeronave desde los 2000 es un lugar común cuyas historias forman parte de lo que parece primero de primaria de comicidad; algo de lo que el genial Louis C.K. se burla muy apropiadamente.

Este factor no puede ser debido a otra cosa que al auge de las compañías denominadas low-cost como la irlandesa Ryanair, la británica EasyJet o Viva Aerobus. Dichas empresas aprovecharon una desregulación ocurrida desde principios de los 90 para evitar dar el denominado “servicio completo”, bajar el coste operativo con boletos más baratos. Las aerolíneas tradicionales debieron adaptarse a esta nueva competencia, asemejándose cada vez más a ella. La polémica creada por el caso de abuso a un ciudadano chino en United Airlines ha provocado inevitablemente un cuestionamiento por parte de los usuarios de hasta qué punto puede una compañía vulnerar tus derechos en favor de ahorrarse millones.

A partir de esta semana, se han incluido nuevos decretos en las leyes de Aviación Civil y de Protección al Consumidor en México que logran que los clientes puedan exigir compensaciones en distintos casos en los que antes tenían todas las de perder. Un ejemplo es la nueva obligación de la aerolínea de avisar por medio telefónico, correo electrónico o mensaje de texto de cualquier cambio en el estado de un vuelo inevitable con 24 horas de antelación, evitando infernales esperas. En el caso de que un retraso sea mayor a cuatro horas se devolverá el 25% del precio pagado y si es menor, será el 7.5%.

Además, la cruel práctica de pagar por llevar equipaje pasará a formar parte del pasado al poderse ahora llevar dos maletas de mano de 10 kilogramos cada una y otra de 25 kilogramos documentada. Esta última medida ha provocado que la Profeco haya multado con 22.4 millones de pesos a Volaris, Interjet, Aeroméxico, VivaAerobus y la norteamericana JetBlue por cobrar la primera maleta en vuelos a EUA y Canadá.

A estas dos leyes se añade el derecho a cancelar un viaje sin costo, el hecho de que los bebés de menos de dos años viajen gratis, tratar a las mascotas de una forma humana en vez de aventarlas en sus jaulas a una oscura bodega, presentar el importe total del boleto desde el primer minuto que se compra sin letra minúscula o abonar por la perdida de equipaje, entre otras. Y sí, las aerolíneas deberán pagar monetariamente toda multa. Así que ya no valen tratos propios de la mafia de prometer vuelos o upgradings a business para evitarse problemas.

Medidas como estas fueron implantadas en otros lugares como la Unión Europea hace dos años e indican un retroceso a un tiempo donde volar era cómodo. Sin embargo, el pasajero debe acordarse de sus derechos y ejercerlos, si no las situaciones acabarán siendo parte de otro stand-up u otra historia a la hora de la cena sobre lo accidentado que fue su último vuelo en el que se perdieron las maletas, se esperó en un aeropuerto y, como cereza del pastel, un bebé no dejó nunca de llorar.