¿Podría Trump construir un muro a prueba de mexicanos?

A un paso de vencer la contienda republicana, el candidato demuestra que no está jugando.

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Cuando Donald Trump empezó a hablar de construir un muro entre Estados Unidos y México todavía no anunciaba su candidatura electoral. Para el mundo era el empresario de bienes raíces, el de los miles de millones de dólares, el presentador de reality shows, la cara de los concursos de Miss Universo y el hombre del peinado curioso. Su sueño de acabar con la inmigración azteca por medio de una cerca ya daba mucho de qué hablar, pero no parecía más que eso: una fantasía personal que enfurecía a los mexicanos y plantaba sonrisas entre sus seguidores estadounidenses.

Hoy, con Trump liderando la carrera por la nominación del Partido Republicano, el muro empieza a tomar forma en las mentes de los que siguen sus pasos. Medirá 3,000 kilómetros y alcanzará hasta 55 pies de altura, dice el candidato, y asegura que costará alrededor de 8,000 millones de dólares. Lo que le añade aún más picante al asunto es su plan de financiamiento, que es simple y concreto y consiste en que lo pague México.

Más allá de eso, Trump ha dado pocos detalles sobre el muro “capaz de devolverle al país norteamericano su grandeza”, algo insólito considerando que –de construirse– sería el proyecto de infraestructura más extenso de Estados Unidos desde que creó su sistema de autopistas y probablemente el más significativo desde el canal de Erie. En un escenario en el que la candidatura de Trump dejó de ser una ilusión caricaturesca, su amenaza contra los inmigrantes cobra cada vez más fuerza. Antes de que cunda el pánico, analizamos tres motivos por los que es improbable que el magnate republicano construya un muro a prueba de mexicanos.

1. Ya se ha intentado y no es eficiente.
Aunque Trump parece haberse autoproclamado el cerebro detrás del muro, la idea de cercar la delimitación con México no es nueva. Un tercio de la frontera del suroeste estadounidense cuenta con barreras de seguridad, una medida que, se calcula, le ha costado al gobierno federal alrededor de 7,000 millones de dólares. El gobierno norteamericano empezó a construir las vallas cerca de San Diego en 1990 y, con los ataques del 11 de Septiembre y la amenaza de inseguridad que representaron, el expresidente Bush las expandió lo más que pudo en 2006.

Las 653 millas de cercas que ya existen entre los dos países les siguen costando al Departamento de Seguridad Nacional millones de dólares al año en mantenimientos y reparaciones, según informes gubernamentales. Y mientras tanto, los ‘mojados’ siguen burlando las vallas y entrando al país a través de túneles.

Aun así, el verdadero problema con los indocumentados ya está del lado norteamericano del muro. Un estudio del Centro de Investigaciones Pew reveló el año pasado que están saliendo más mexicanos de Estados Unidos de los que están entrando. Ni el muro más alto del mundo desaparecerá el gran número de inmigrantes ilegales que ya residen en el territorio estadounidense y que tanto le perturban el sueño al magnate. Además, la mayoría de los que hoy entran al país sin autorización vienen de Centroamérica, no de México.

2. La geografía no está de su lado
Cuando el periodista de Univisión Jorge Ramos le preguntó en una entrevista el pasado agosto cómo pensaba construir un muro de 3,000 kilómetros, Trump no hesitó antes de contestar:
–Es muy fácil, soy un constructor. ¿Te puedo decir qué es más complicado? Construir edificios de 90 pisos, ¿okay?

Okay, pero los expertos piensan otra cosa. Para empezar, existe un tratado que data de 1970 y que rige sobre la infraestructura que rodea al río Grande y el río Colorado en la frontera con México. Entre otras cosas, prohíbe que se construyan edificaciones aledañas que alteren el flujo natural de los ríos, cuyas aguas pasan por Texas y parte de Arizona y definen la frontera EEUU-México. Si se intentara construir el muro, las zonas fluviales exigirían que sus paredes pasaran por el interior de EEUU, lo cual acabaría perturbando al propio país de Trump.

Otro ejemplo de lo tortuosa que sería esta tarea es la presencia de dunas de arena en el sur de California. El muro en esa zona tendría que ser flotante para no obstruir el movimiento natural de las dunas. Además, el que acabe financiando el muro tendría que comprar grandes terrenos de propiedad privada, sobre todo en Texas, en donde muchas tierras cercanas a la frontera les pertenecen a particulares. Las cercas que construyó Bush en 2006 generaron múltiples demandas de terratenientes que se negaban a vender su porción, y nada indica que esta vez será más sencillo.

3. Costaría mucho más y México no piensa pagarlo
Sin pelos en la lengua y los tantos que lo caracterizan sobre su cabeza, Trump dijo en entrevista con el canal de noticias MSNBC: “el muro costaría alrededor de 8,000 millones de dólares, una pequeña fracción de lo que perdemos con México”. A pesar de la obviedad con que lanzó el dato, muchos se atreven a cuestionar su veracidad.

Marc Rosenblum, director adjunto del programa de política migratoria estadounidense del Migration Policy Institute, es uno de ellos. En entrevista con CNBC, dijo que las cercas que ya existen entre ambos países eran las más fáciles de construir de toda la frontera, están cerca de las ciudades y son muy accesibles, mientras que muchas de las que faltan están en las montañas y en las profundidades del desierto, lo cual va a incrementar mucho el precio de su construcción.

Según el análisis del diario, terminar el muro costaría alrededor de 16 millones de dólares por milla
(faltan alrededor de 1,300), estimando un total de más o menos 20 mil millones de dólares. Esto sin incluir el mantenimiento de la valla, que podría alcanzar el costo de 750 millones de dólares por año, según un estudio del medio de comunicación Politico.

A esto se le suma la gran interrogante de quién pagaría por ese muro. “Fácil”, diría Trump nuevamente. “México”. A lo que Enrique Peña Nieto ya contestó: LOL. Más precisamente, el mandatario declaró que: “No hay un escenario en el cual México pagaría por ese muro”. El expresidente Fox fue aún más contundente y sus palabras fueron: “No voy a pagar ese j**** muro".

Que un muro detenga el sueño americano de los mexicanos hoy parece improbable y lejano. Pero el hombre que antes se fotografiaba con mujeres en tiaras y hoy está a un paso de conseguir la candidatura republicana nos ha hecho saber que no existen imposibles.

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