Dilma Rousseff, una presidenta en llamas

De concretarse el voto de la mayoría en el senado de Brasil, la mandataria podría ser destituida de su cargo en unos días.

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La antorcha olímpica llegó a Brasil. En la ceremonia donde ese fuego se colocó en la sede de la justa de 2016, la anfitriona fue la presidenta Dilma Rousseff. Parecía un efecto óptico, pero como metáfora era demasiado claro: la mujer estaba en llamas, al igual que su país, que en la última semana ha sorteado una semana digna del término “infernal”.

El día 11 de mayo podría ser ese paso definitivo de Rousseff hacia hoguera, será la fecha en que el senado vote la aceptación del proceso de destitución de su cargo. Si mayoría lo aprueba, la presidenta se retirará provisionalmente por realizar maniobras fiscales y presupuestarias y, mientras tanto, el senado estudiará su suspensión definitiva. Esto representaría el fin de un periodo de 13 años en que el Partido de los Trabajadores (PT) ha estado en el poder desde que Luiz Inacio “Lula” Da Silva asumió el cargo el 1 de enero de 2003.

“No me acusan de un delito de corrupción porque no lo he cometido, no tengo cuentas bancarias en el extranjero, no tengo procesos contra mí por haberme aprovechado o haber sacado ventaja de cualquier aspecto del gobierno, se trata de una discusión sobre cuentas públicas, sobre administración presupuestaria, y este tipo de administración no es base para alejar a un presidente de la República de su condición de jefe del Ejecutivo”, se defendió Rousseff ante el micrófono de teleSUR.

Así, la presidenta se muestra firme a su inocencia y renuente a dejar el cargo al mismo tiempo que alega a los senadores que ella sí fue electa por el voto de los brasileños, mientras que ellos solo parcialmente, por lo que es antidemocrático que la cesen.

Además, Rousseff advirtió que de llevarse a cabo el golpe de Estado, las consecuencias para Brasil serían muy graves, porque la democracia fue un proceso de lucha muy intensa a través del cual se “logró la prosperidad” de su país. En su defensa, añade que a ella solo se le acusa de seis decretos presupuestarios, mientras que el expresidente Fernando Enrique Cardozo emitió 101 decretos en el año 2001.

No obstante, esa mayoría por la que ella alega haber sido elegida, ya se ve disminuida, tanto como esa imagen que tiene Brasil hacia ser ese gran anfitrión que se pensaba iba a ser hace un par de años.

¿Qué sucedería con Dilma?
Los sondeos y análisis hechos por la prensa brasileña coinciden en que ya hay votos más que suficientes para iniciar el juicio político a Rousseff, una medida que la apartaría de la presidencia por hasta seis meses, mientras se tramita el proceso y se llega a una sentencia definitiva.

Para que Rousseff abandone el Palacio de Planalto (sede de la presidencia) son necesarios 41 votos de un total de 81 senadores
y aguarde la sentencia final en la residencia oficial.

Si es suspendida, el vicepresidente Michel Temer, exaliado de Rousseff y hoy su mayor enemigo, asumiría el cargo de forma interina. Si Rousseff es finalmente destituida, será él quien finalizaría su mandato en 2018.

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