Dilma Rousseff, destituida, pero no muerta

Con la aprobación del ‘impeachment’ en el senado, la brasileña está fuera de funciones, pero luchará por volver a la presidencia.

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El día más difícil dentro del mandato de Dilma Rousseff se concretó como tal tras 21 horas de sesión plenaria en el senado. El resultado no sorprendió, se aprobó el proceso de destitución (el llamado “impeachment”) en el que la presidenta quedará fuera de funciones por un plazo máximo de 180 días en los que se realizará un juicio; mientras tanto, el vicepresidente Michel Temer, líder del Partido Democrático do Movimento Brasileiro (PMDB), asumirá la jefatura del Estado.

La sesión en el senado votó 55 a favor y 22 en contra, con ese panorama, Rousseff recibirá este jueves la notificación oficial para después salir de la sede presidencial, palacio de Planalto (Brasilia) para ir al Palacio de la Alborada, residencia oficial donde permanecerá como “presidenta espectral” en espera de la decisión del juicio que puede terminar antes de los 180 días, pero con dos resoluciones posibles: que ella vuelva al cargo (la menos probable) y ser condenada y abandonar definitivamente el poder, que quedaría en manos de Temer.

Con un discurso dado por Renan Calheiros, la sucesora de Lula Da Silva recibió la noticia de se destitución temporal: “Se le hace saber por medio de esta notificación que a partir de su recepción está instaurado el proceso de impeachment. [...], por lo que suspendida del cargo de presidenta (...) con derecho a residencia oficial, seguridad, servicio médico y transporte aéreo y terrestre”. Además de eso, ahora Dilma rousseff vivirá con la mitad de su salario recortado y las prestaciones reducidas al mínimo.

La oposición a Rousseff y al Partido del Trabajo pretende que el juicio no se extienda del plazo fijado. Durante esos seis meses, el senado (ahora convertido en tribunal) discutirá si ella cometió el delito de alterar las cuentas públicas para equilibrar los balances presupuestarios de un año para otro a base de pedir dinero a grandes bancos públicos.


Mientras tanto, afuera del senado, en distintos puntos del gigante sudamericano, parte de esos 54 millones de brasileños que votaron por ella protestan por la destitución de Dilma Rousseff, alegan que el vicepresidente busca la oportunidad de acercar a sus aliados y a la oposición del PT al dinero de las inversiones públicas. Lamentan que esa ruptura entre el poder legislativo y ejecutivo tenga sumido al país de la samba en una crisis política y social. Otra parte de Brasil apoya el impeachment y tiene fe en que el vicepresidente rescatará al país de la debacle económica.

Por ahora, Temer ya anunció los nombres de sus 22 ministros. No hay ninguna mujer en la primera línea del gobierno. Del otro lado, el PT luchará porque en el plazo de 180 días, el vicepresidente no quede definitvamente en el cargo. “No descansaremos ni un minuto hasta que la presidenta vuelva al mando del Estado, como es la voluntad soberana y constitucional del pueblo brasileño. No al golpe. Fuera Temer”, dijeron en un comunicado.

"Lo que está en juego no es mi mandato, es el respeto a las urnas, a la voluntad de los brasileños y a las conquistas de los últimos 13 años", dijo Rousseff en un mitin ante 3,000 personas en Brasilia. Agregó que ella pudo haber cometido errores, pero no delitos y de ahí que se encuentre en la posición en donde está ahora; aseguró que luchará por volver a la presidencia.

Por lo pronto, es un hecho que Rousseff tuvo la oportunidad de ver los preparativos de los próximos Juegos Olímpicos de Río 2016, recibió la llama de la antorcha que da un viaje por el mundo, pero ella no fungirá como anfitriona de esa inauguración tan esperada por los brasileños.