La historia de un jefe de Estado teniendo sexo con un animal no es nueva

El escándalo del primer ministro británico, David Cameron, recuerda a un episodio de 'Black Mirror'.

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A estas alturas, si no has estado viviendo en el interior de una roca o una cámara de titanio, sabrás ya que en Reino Unido están conmocionados por la próxima publicación de una biografía no autorizada del primer ministro David Cameron en la que se cuenta que una vez mantuvo sexo con un cerdo.

Se dice, siempre según el Daily Mail, que como parte de una novatada metió "una parte privada de su anatomía" en la boca de un cerdo muerto. La actividad habría formado parte de la sociedad secreta Piers Gaveston, conocida por sus ritos extraños.

De Piers Gaveston se sabe que es un club exclusivamente masculino fundado en 1977 en la Universidad de Oxford, que solo admite a 12 estudiantes y que su nombre hace honor a un supuesto amante de Eduardo II de Inglaterra. Los medios de comunicación ya han hablado de esta organización anteriormente, como cuando se asoció el comportamiento errático de Tom Parker Bowles, hijo de Camilla Parker Bowles, a la pertenencia a este club sobre el que siempre ha sobrevolado el rumor de ser un paraíso de sexo, drogas, alcohol y fiestas extrañas.

Lo del cerdo, en cualquier caso, no es tan extraño. De hecho es tan poco extraño que ya hemos oído una historia que incluye a un jefe de estado, a un animal de granja y una relación sexual no una, sino dos veces. Ambas forman parte, eso sí, del mundo de la ficción. Pero su alcance cultural y su lectura sobre la forma en la que nos relacionamos con los medios y con el poder se mantienen intactos.

La primera la conocerá cualquier lector que esté mínimamente atento a la actualidad televisiva. En el primer episodio de la miniserie inglesa Black Mirror la ficticia princesa Susannah es secuestrada por un desequilibrado que exige, como única condición para su liberación, que el primer ministro británico mantenga relaciones sexuales con un cerdo en televisión, en directo y ante toda la nación.

[Atención, este párrafo contiene un spoiler sobre el desenlace de la historia] La presión popular logra que acepte el chantaje y se preste a mantener sexo con el cerdo en directo. Un evento que capta de forma tan brutal la atención de todo el país que nadie se da cuenta de que, antes de que comenzase la emisión, la princesa Susannah ya había sido liberada.

El episodio, originalmente emitido el 4 de diciembre de 2011, ha vuelto a ser objeto de conversación y análisis hasta tal punto que su creador, Charlie Brooker, ha acudido a su Twitter para aclarar que "no, no había oído nunca nada sobre Cameron y un cerdo cuando se me ocurrió esa historia, así que esto me extraña muchísimo".

La fantasía del poder y el animal de granja es demasiado tentadora: mezcla la extrema corrección que se le exige a un jefe de estado con uno de los últimos grandes tabúes de la sociedad civilizada, la zoofilia. Y parece que ha sido habitual desde hace dos décadas. Hay que irse hasta 1989 para encontrarse con otro ejemplo que se convertiría en una especie de leyenda secreta en los despachos de Hollywood.

Joe Eszterhas, que se haría millonario y famoso en 1992 como guionista de Instinto Básico, escribió en 1989 Sacred Cows, un guión sobre un presidente demócrata de Estados Unidos, Samuel Parr, que es sorprendido una noche de borrachera por un fotógrafo manteniendo relaciones sexuales con una vaca.

Su rival republicano en las cercanas elecciones a la presidencia se hace con la imagen y le chantajea para que se retire de la competición. Pero Samuel decide decirles la verdad a los americanos: que una noche, borracho, se acostó con una vaca. Y la confesión resulta ser un bálsamo para su carrera política: miles de granjeros, americanos de a pie y amantes de la verdad y la incorrección lo votan en masa, agradecidos ante un presidente que no solo dice la verdad sino que admite ante la opinión pública un acto horrible que deja claro su densidad humana, que deja claro que es como todos nosotros.

Según el propio Eszterhas contó en sus segundas memorias, The devil goes to Hollywood, Steven Spielberg declaró que era una de las historias más divertidas con las que se había cruzado nunca y se comprometió, a comienzos de los noventa, a convertirlo en su próximo proyecto. Pero se arrepintió al poco tiempo pensando en su imagen pública y se lo envió a Stanley Kubrick, que escribió una nota a Spielberg: "Este podría ser el guion más divertido que he leído nunca, pero no querría acercarme ni a mil millas de él".

 

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