¿Y ahora cómo arreglamos el mundo?

Políticos, activistas y miembros de la realeza se encuentran en París discutiendo el cambio climático.

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El cambio climático, aún para los más comedidos y escépticos, es un hecho: vas de vacaciones a un lugar cálido y descubres que los mosquitos del lugar son más grandes que tú, alimentados por temperaturas de más de 40 grados y una humedad sorprendente para un sitio que no es un sauna, proveniente de la formación de tornados inesperados en zonas que antes eran meramente lluviosas. Sin ir más lejos, este año en México tuvimos la amenaza del huracán más fuerte de la historia y sólo nos salvó esa mágica cadena montañosa de nombre tan alusivo al caso: la Sierra Madre.


Desde hace ya varios años, los líderes del mundo se reúnen en cumbres climáticas para tratar el tema. Quizás uno los imagine saludándose e intercambiando frases casuales como “sí que hace calor esta mañana”, “qué feo amaneció hoy París”, pero el tema de sus conversaciones va más allá de eso. O al menos eso esperamos quienes tenemos los ojos puestos en los resultados de estas reuniones.


En esta ocasión, que es la vigésimo primera, la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (abreviado, gracias al cielo, como COP21) se produce en la capital francesa, donde 100 líderes mundiales, desde celebrities como Barack Obama, Vladimir Putin y François Hollande hasta nuestro local Enrique Peña Nieto, discutirán con expertos y científicos sobre cómo manejar el cambio climático que ya está en plena acción.


La reunión, que inicia hoy y concluirá el 11 de diciembre, tiene especial importancia en un momento crítico como lo es el actual: no sólo porque en 2015 el fenómeno climático conocido como “El Niño” ha causado estragos históricos, sino porque en años anteriores, sin ese pretexto de origen natural hubo también picos insospechado de calor (2014 fue el año más caliente del planeta) y el derretimiento de los glaciares comienza a ser cada vez más veloz y progresivo, sin contar con el dramático hecho de que los océanos del mundo se han convertido en cementerios de plástico (cada año, unos 100 mil animales marinos consumen plástico confundiéndolo con alimento). Para entender más sobre lo que ocurrirá, he aquí un recuento rápido de lo que podemos esperar de esta cumbre.

Dos grados menos
Parece asombroso que con la subida de un solo grado centígrado haya tantas catástrofes ambientales, pero quizás sea porque creemos que eso se traduce a pasar de un invierno de 12º a uno de 13º. Ese error de interpretación nos hace difícil entender cómo –desde la revolución industrial, a finales del siglo XIX, a la actualidad, la temperatura del planeta ascendió un grado debido al aumento del uso de gases de efecto invernadero– se han producido verdaderas anomalías climáticas en todo el mundo, con situaciones de sequías extremas, tormentas más frecuentes y poderosas y sus consecuentes efectos en la economía. El límite para la Tierra sería de un aumento de 2ºC, que causaría verdaderos estragos, y en estas Cumbres se trabaja, precisamente, para no alcanzarlo.

Los presidentes no van solo de adorno
La Cop21 tiene su alfombra roja: llegan los líderes mundiales y se toman una foto y luego dan un discurso y tan-tan. Pero en algún momento, durante o previo a la Cumbre, todos dan los lineamientos a sus ministros de medio ambiente y asesores sobre qué negociar, pero quienes están presentes y harán el trabajo sucio de atajar, buscar o negociar con los lobistas de las compañías agrícolas, industriales, petroleras y agroquímicas, y demás interesados en permanecer en el reparto de utilidades mundiales (y por consiguiente, preocupados de las medidas restrictivas que puedan salir), son los asesores. A ellos también les toca informarse sobre las buenas nuevas (o las predicciones oscuras) de los científicos y expertos que están trabajando e investigando el cambio climático, así como lidiar con los ambientalistas.

No existen los remedios milagro
Desde la primera Cop, que ocurrió en el año 92 en Río de Janeiro, los líderes mundiales vieron que gran parte del problema viene de los gases de efecto invernadero y fue por eso que crearon una convención que entró en vigor dos años más tarde y a la que se suscribieron 195 países. Sin embargo, la medida ha sido insuficiente debido al incumplimiento total o parcial de algunas partes, entre otros factores. Sin ir más lejos, al día de hoy ciudades como Beijing, en China, están luchando contra uno de los mayores picos de contaminación ambiental de su historia (83% de la población china vive expuesta a niveles insalubres de contaminantes).

La eterna discusión sobre los hidrocarburos
Ya hemos mencionado aquí el carácter casi infantil de los países, pues mientras las naciones desarrolladas abogan por usar energías limpias (“ya estuvo bueno, vamos a jugar a algo diferente"), los que están en desarrollo se quejan (“no voy a dejar de quemar petróleo ahora que al fin tengo, si tú lo hiciste durante siglos y gracias a eso te fue bien"). Y es que el tema de las energías renovables tiene un costo: crear fuentes en todas las ciudades, reemplazar la maquinaria industrial y el transporte para utilizarlas, etc. son un lujo que nos todos pueden darse. En Europa y Estados Unidos, donde el uso de hidrocarburos durante dos siglos les dio tantos beneficios en cuanto al desarrollo económico, podrían costearlo, pero su prohibición en este momento es vista como una injusticia por los países en desarrollo, que consideran casi un boicot a sus intentos por ponerse a la altura de los otros.

Océanos plastificados y dinero
En el mundo se producen más de 245 millones de toneladas de plástico anualmente, de las cuales un porcentaje alarmante termina en vertederos y en las aguas dulces y mares. El efecto sobre la vida marina es atroz, pero ¿te has puesto a pensar cuánto petróleo –y otras sustancias contaminantes– se requieren para producirlas? Esto nos lleva a un hecho ineludible en esta edición del Cop y en las anteriores: el trasfondo de las negociaciones tiene un componente económico importante. La industria quiere seguir generando sus propias ganancias y los gobiernos se sostienen de impuestos y aportes que vienen también de manos privadas. Aquí el equilibrio es vital, pero si no hay un acuerdo y una voluntad sólida para buscar el mayor bien dentro de lo posible, todo quedará en buenas intenciones, como ha ocurrido hasta ahora.


No todo son marchas y gases lacrimógenos
En días pasados y durante la Cumbre se producirán las esperadas manifestaciones de grupos sociales y ecologistas que temen que los acuerdos sean insuficientes. Sin embargo, no es toda la participación civil que veremos: se estima que 40 mil personas asistirán en total al COP21 en Francia. La sociedad civil tendrá también su oportunidad de actuar, por medio de sus representantes (ya sea ONGs ambientales, grupos científicos y hasta políticos) y de atestiguar los procesos de discusión y negociación que estén abiertos. El mensaje final es que la responsabilidad es de todos, y cuanto más involucrada esté la sociedad, más se podrá tener una incidencia en los resultados. Por cierto, si esto te despierta algún interés, mantente informado al día en la web oficial del COP21: www.cop21.gouv.fr

Cooperación y desarrollo
El objetivo primordial de este encuentro será buscar el consenso y apoyo global para que se mantenga el ritmo de crecimiento económico y la producción mundial (al final, nadie pretende aquí acabar con el capitalismo) con el menor impacto ambiental posible; es decir, que los esfuerzos por cambiar de fuentes de energía altamente contaminantes a otras renovables sin que esto haga mella (demasiado profunda) en el crecimiento de los países en desarrollo se produzca por medio de acuerdos que limiten la producción, que estimulen las ayudas financieras para alcanzar la tecnología, etc. Todo esto, por supuesto, con vista de lograr el objetivo mayor: que nuestro pobre planeta no alcance el aumento de temperatura de los tan temidos 2ºC. Al final de cuentas no hay que olvidar que, más allá de las buenas intenciones y el genuino temor de las autoridades por el bien de nuestro mundo, el cambio climático está teniendo también impacto devastador en cosechas, transporte y demás debido a las fluctuaciones extremas de temperaturas.


Un final inesperado
Es difícil prever qué acuerdos se lograrán, tomando en cuenta que estamos apenas al inicio de la Cumbre, no obstante hay un clima de optimismo general entre los líderes mundiales. Como comentó al New Yorker hace meses la responsable de la Convención del Cambio Climatico de la ONU, Christiana Figueres: “Creo que todo este tema del clima ofrece un espacio de aprendizaje interesante para la humanidad […]. Ahora vemos que las naciones están interrelacionadas, inextricablemente, y que lo que uno hace tiene un impacto sobre los otros”. Quizás el desastre ambiental tiene ese bonito lado de despertar la empatía y abrirnos los ojos sobre los efectos de una búsqueda desmesurada de enriquecimiento. Sin embargo, fuera de este lado altruista y poético, no es de esperarse ningún plan maestro para salvar al planeta como si estuviera reunida la Liga de la Justicia en lugar de un grupo de gobernantes.