Querido Justin, eterna decepción

Justin Bieber regresó a México luego de 4 años y, después de su exitoso disco, sus presentaciones en el Foro Sol nos dejaron desconcertados.

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En 2015 el ídolo lanzó "Purpose", un laureado disco que lo reposicionó como estrella pop. Este lo llevó a ganarse la validación de otro tipo de público que no se reduce a adolescentes, se alejó de Instagram (regresó recientemente), colaboró con un amplio abanico de colegas y se sumergió en el "Purpose Tour", la exitosa gira que lo trajo de vuelta a México y nos ha dejado con grandes dudas…

¿Debemos seguir refiriéndonos a él como cantante?

La primera y la más importante: Durante las casi dos horas de su concierto no se tomó la molestia de cantar más que un par de estrofas (muchas veces sumamente desafinado), mostró una indiferencia total, y ni siquiera se preocupó por ofrecer un playback decente (en ocasiones ni se acercaba el micrófono  a su boca).
Creímos que se reivindicaría cuando ofreció un set acústico (de un par de canciones), pero no. Parece que le bastó con cantar dos estrofas de "Love yourself" para cubrir su cuota. Total, sus seguidoras-coristas hacían el trabajo por él.

No canta, no baila. ¿Qué hace?

Perdió el swag, perdió el ánimo que lo caracterizaba. No lo entendemos. Hace cuatro años, cuando ofreció un concierto gratuito en el zócalo, maravillaba (incluso a los que no eran fans) con sus pasos de baile. Hacía el moonwalk, brincaba, dominaba el escenario, dejaba boquiabierto a cualquiera. Esta vez fue distinto. Solo caminaba de un lado a otro sin ninguna verdadera emoción y se perdía entre su cuerpo de bailarines que lo superaban en todo.
Creemos que lo único que hace Justin Bieber es ser Justin Bieber. Y es contundente: ni siquiera da pie al tradicional "otra, otra". En el universo Bieber, cuando las cosas se acaban, se acaban.

¿Por qué no habla con nosotros?

Con su disco “Purpose”, Justin ganó seguidores entre los más escépticos del fenómeno del cantante pop y los asistentes a los conciertos en México comprobaron esta evolución: había una demografía que por supuesto incluía a adolescentes y sus padres (las madres iguales o más intensas), y parejitas (los novios con singular desagrado). Pero esta vez también estaban aquellos que claramente le dieron un voto de confianza al pop.
Sin importar cuál sea la categoría en la que caigan, Justin no tuvo la más mínima molestia en interactuar con ellos. Por supuesto hubo el tradicional saludo en el que mencionó al país y hubo un momento en que cubrió la cuota subiendo a cuatro niñas al escenario. Pero fuera de eso, Justin ni siquiera intentó conectar con su público. El acto más osado en este sentido, fue cuando se quedó estático en el escenario mientras el público se volcaba en gritos. Bieber permaneció tres minutos escuchando los gritos con una cara que nos decía: "Sí, admírenme aunque ni siquiera cante".

¿Qué hay de su ropa?

Ha perdido incluso el esmero por su atuendo. Antes, cuando era aquella primera estrella millennial surgida de YouTube, Justin se cambiaba casi para interpretar cada canción. Había estoperoles, texturas metálicas, sneakers que más tarde serían codiciados entre los coleccionistas, se percibía un sentido de la estética.
Hoy no hay nada de eso. Justin emergió de un cubo flotante luciendo pantalones khaki, una playera blanca, tennis y mantuvo ese look durante todo el show. Bueno, se ponía unas chamarra estilo bomber de vez en cuando.
Es claro que ya no es un niño, pero con ello perdió parte de la magia.

¿Es un artista?

El que verdaderamente brilló fue el equipo técnico de la gira. Los efectos visuales, la iluminación, las pantallas, la pirotecnia; todo en sincronía, en el momento adecuado. Esto fue un acierto, pero si consideramos que el mérito es para los técnicos, entonces los verdaderos artistas son ellos. Lo que nos lleva a preguntarnos nuevamente ¿qué hace Justin?

¿Le debe un “sorry” al público?

Sus más asiduos seguidores llegaron a pagar hasta 6 mil pesos por un boleto para prácticamente escuchar un disco que podrían haber oido en streaming o en sus casas. Sí, hubo un gran despliegue técnico, pero Justin no mostró emoción, por el contrario mostraba indiferencia, fastidio, pocas ganas... A las “beliebers” esto no les importó, pero por las actitudes de muchos de los asistentes al término del concierto, queda claro que el cantante ha dejado una deuda.