La paz que tiene dividida a Colombia

En un acuerdo histórico, Colombia y las FARC decidieron bajar las armas para siempre. Pero no todos celebran que se firme la paz.

Cuando era niña y vivía en Colombia me frustraba cuando no entendía las cosas, y eran muchas las que me hacían ruido. ¿No podía ir al cine el sábado porque los centros comerciales estaban amenazados?, ¿amenazados de qué?, ¿qué hizo Chipichape? ¿Por qué tuvimos que agacharnos en el bus ese día mientras sonaba un ruido que parecía pirotecnia?, ¿simulacros de evacuación en el colegio?, ¿de qué había que escapar? ¿Quiénes son los dos señores acuerpados que siguen siempre a mi compañero de juegos?, y ¿por qué la mitad de mi clase ya no volvió? La respuesta siempre era la guerrilla, que en mi cabeza era una fuerza oscura y misteriosa que causaba discordias y pánico. La misma guerrilla —las FARC— que está en negociaciones con el gobierno colombiano en La Habana con la idea de ponerle punto final a un conflicto armado que ya suma 52 años.

El pasado 24 de junio esas conversaciones de paz llevaron a una decisión trascendental para Colombia: el cese al fuego bilateral. "Hoy es un día histórico para nuestro país: después de más de 50 años entre muertes, atentados y dolor hemos puesto un punto final al conflicto armado con las FARC", dijo el presidente Juan Manuel Santos después de poner su pluma en el documento que lo acreditaba. Y aunque la paz todavía no se ha firmado, la niña confundida en mí se llenó de esperanza, así como otros millones de colombianos que apoyan la acción del gobierno. Pero no todo el país lo consideró una celebración. La decisión de sentarse en una mesa con un grupo armado que causó la muerte de 200,000 de sus compatriotas y 6.9 millones de desplazados internos tiene dividida a Colombia.

Los que no están de acuerdo tienden a simpatizar con el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien ha estado activo desde que se bajó del podio y manifiesta constantemente su desaprobación hacia la gestión de Santos, acusándolo de promover la impunidad, regalar al país y ser demasiado flexible con las FARC. Uno de cada cuatro encuestados en el país (27%) cree que las negociaciones de paz van por buen camino, mientras que dos de cada tres (66%) dijeron que no van en la dirección correcta, según los datos publicados en los diarios El Tiempo y El Espectador.

Antes de escoger de qué lado del ring pararse es necesario aclarar qué se ha acordado hasta ahora, además del cese al fuego, en un polémico e intenso proceso de paz.

1. Soluciones para el campo
En un conflicto que ha tenido sus episodios más sangrientos en las zonas rurales del país, la reforma agraria fue la primera que se firmó. Con la paz quedaría mucho terreno a la merced del gobierno y se decidió crear un fondo de tierras para entregárselas a los que no las tienen. Además, la idea es formalizar los títulos de propiedad y crear una jurisdicción agraria para protegerlos. El objetivo detrás de todo esto es saldar de una vez por todas la deuda que tiene el Estado con el campo colombiano y asegurarse de que nunca más vuelvan a sacar de sus casas a personas inocentes. También prometen planes para suplir las deficiencias en vivienda, educación e infraestructura en zonas rurales olvidadas.

2. Los guerrilleros podrán participar en la vida política
Este ha sido uno de los acuerdos más controversiales del proceso. La idea de que algún miembro de las FARC pueda estar al mando del país enloquece a muchos ciudadanos, quienes también temen por que en un futuro llegue al podio un gobierno similar al que lidera Nicolás Maduro en Venezuela. Este punto garantiza el surgimiento de nuevas fuerzas y la inclusión de las zonas afectadas por el conflicto en el escenario político colombiano, con un periodo de transición en el que estas poblaciones contarán con una representación especial en la Cámara de Representantes. Y no inhabilita a los guerrilleros de hacer parte de ese escenario.

3. No a las drogas

Uno de los problemas más complejos que le ha traído las FARC al país es su vínculo con el narcotráfico. En un tercer acuerdo la guerrilla se comprometió a romper con esa relación el día en que se firme la tan anhelada paz: el compromiso, "en un escenario de fin de conflicto, de poner fin cualquier relación que, en función de la rebelión, se hubiese presentado con ese fenómeno". También se acordaron planes para sustituir las plantaciones ilícitas, remediar los daños ambientales que ha generado esta práctica y apoyar con empleo, salud y atención a los campesinos que se dedican a este tipo de cultivos.
 

4. Las víctimas
Llegar a un acuerdo sobre cómo compensar a los afectados del conflicto les tomó a las partes un año y medio. Esa vez los negociadores no estuvieron en primera fila de la mesa, los remplazaron 10 víctimas invitadas al anuncio, simbolizando que son justamente ellos, las víctimas, los que deben estar en el corazón de las negociaciones.

Según este punto, se va a poner en práctica un sistema para tomar medidas restaurativas y reparadores, no solamente retributivas. Esto quiere decir que los guerrilleros no sólo pagarían algunos años de cárcel dentro de un régimen especial (dependiendo de su colaboración con el sistema integral), sino que también se contempla la aplicación de sanciones para reponer el daño. Muchos colombianos no están en paz con la idea de que no todos los guerrilleros acaben tras las rejas y es uno de los temas que más le recriminan a Santos.

Mientras las dos partes siguen definiendo varios puntos pendientes antes de firmar la paz, que el gobierno estima sea una realidad el próximo julio, se percibe un sabor agridulce en el país. Hay quienes temen por las consecuencias económicas y de violencia que puede traer una etapa posconflicto. Otros que no aceptan haber negociado con quienes consideran terroristas. Y otros como yo, que sabiendo que este paso será solo el primero para solucionar todos los problemas que enfrenta Colombia, eligen confiar en que esta alternativa es mejor a la guerra. Un voto de confianza que le debemos a los que, a diferencia de mí, no tuvieron la oportunidad de hacer preguntas, y a los futuros niños de Colombia, para que nunca tengan que sentirse confundidos con la violencia que los rodea.